SANTIAGO APARICIO | NUEVA YORK
Rafa Nadal se abonó al sufrimiento y ante un rival que nunca fue capaz de inquietarle en los duelos precedentes, el alemán Nicolas Kiefer, tuvo que ejecutar un gasto extra para alcanzar la tercera ronda del último Grand Slam del curso (6-0, 3-6, 6-3 y 6-4).
A Nadal, aún irregular, le bastaron cuatro mangas, agotadas en tres horas, para atravesar la segunda ronda y empezar a pensar en el choque de dieciseisavos, frente a su compatriota Nicolás Almagro. Tiene un panorama abierto y claro hasta cuartos, donde amenaza el francés Jo Wilfried Tsonga.
Nadal tuvo un comienzo fulgurante pero fue ficticio. La tercera raqueta del circuito estaba cómodo. Pero más por las limitaciones de su rival que por las virtudes propias. De carrerilla se apuntó el parcial. Pero la apariencia de trámite desapareció en el segundo.
Nunca en los cuatro duelos precedentes Nicolas Kiefer había logrado ganar un set al español. Los triunfos del balear siempre fueron contundentes. Sin inquietudes.
Sin darse cuenta el germano se metió en el partido. Tras romper el servicio de Kiefer cedió el suyo en dos ocasiones seguidas. Fue el resultado de jugar con fuego. De plasmar las carencias con las que Nadal ponía en marcha el punto. Escasos primeros saques, malos porcentajes.
El germano, por el contrario, encontró en el servicio una solución. Una motivación extra con la que alentar su estado de ánimo, reducido dado el infortunio que forma parte de su carrera.
Kiefer no desperdició su ocasión y por primera vez ganó un set al español. Fue un volver a empezar para Nadal, que tuvo que hurgar en el impulso adquirido por un rival extra motivado, que estuvo alejado de la competición en el inicio de curso por culpa de una lesión de tobillo. Esto le hizo perderse nueve torneos y hundirse en el ranking.
El español no tuvo acierto pero se mantuvo sólido. Se agarró el partido a pesar del empuje de su rival, que en el tramo decisivo del tercer parcial empezó a dar síntomas de flaqueza. Rompió Nadal en el octavo y selló la manga y allanó su camino. Kiefer perdió la fe y dio aspecto de retirada ya en el cuarto set.
Nadal, semifinalista el pasado año, alcanzó la tercera ronda con aspectos de su juego que aclarar en el futuro, ante Nicolás Almagro, su próximo adversario. Otro rival ante el que no conoce la derrota.
El manacorí, tras el partido, sacó una lectura positiva del choque ante el alemán porque "tuvo una adversidad" y salió adelante, por lo que se mostró satisfecho.
"No es cuestión de ponerse notas. Hay que estar contento de que hubo una adversidad y se ha superado. También tensión y he salido adelante. Tengo que ser más agresivo en el resto y para el próximo partido lo tengo claro. No he jugado tan bien como el otro día pero yo me siento jugando bien. Antes de ir a la pista he hecho un entrenamiento casi perfecto y estoy feliz de como me va todo", dijo Nadal.
"Estoy bastante contento. He empezado bien con confianza y decisión", concluyó el mallorquín.