GINÉS MUÑOZ | BARCELONA
La orquesta azulgrana suena cada vez más afinada. El Barcelona más vistoso de la temporada se deshizo con contundencia del Atlético Madrid, gracias a uno de esos arranques de partido fulgurantes que dejó sin argumentos al conjunto madrileño que, una vez más, hizo gala de una candidez desproporcionada en su visita al Camp Nou.
Cuarenta y dos goles se habían marcado en los últimos diez partidos entre catalanes y madrileños. O lo que es lo mismo, una media de 4,2 tantos por encuentro en las últimas cinco temporadas.
Éste estuvo en la línea. Otro partido entretenido, con muchos goles, ocasiones y un arranque de los locales casi tan demoledor como el del 6-1 de la pasada campaña.
A la fiesta contribuyó de nuevo la valentía de un Atlético que salió con todo. Abel alineó de entrada a Jurado, Simão, Maxi, Agüero y Forlán. No se guardó ninguna bala en la recámara. Decidió proponer un combate cuerpo a cuerpo y, en el primer intercambio de golpes, el Barca volvió a enviarlo a la lona.
Al cuarto de hora, los de Guardiola ya habían fabricado media docena de ocasiones y había transformado dos de ellas. Ibrahimovic abrió la lata con un toque sutil sobre la salida de Roberto tras recibir una asistencia de Busquets.
Messi hizo el segundo, tras controlar con el pecho un pase picado de Xavi y sentar al meta del Atlético con un finta de esas que sólo se atreven a dibujar los cracks (2-0).
Roberto, con apenas un partido de experiencia en Primera, empezaba a vivir, como en su día Coupet o Cuéllar, su particular pesadilla sobre el césped del Camp Nou.
Los constantes errores de sus compañeros de zaga no le ayudaron precisamente a lucir con mayor dignidad. Tampoco el planteamiento de Abel, que dispuso una defensa adelantada tácticamente tan mal interpretada que dejaba vendido a su guardameta una y otra vez.
Abel puso más músculo dando entrada a Cléber Santana y a Sinama Pongolle e hizo el partido un poco más áspero. Pero al Barcelona ya no le interesaba ir a la guerra. Con el partido ya sentenciado, quitó el pie del acelerador, se dedicó a tocar y tocar y se olvidó de Roberto.