AGENCIAS MADRID
Chicago, la ciudad más grande del estado de Illinois y sede de los partidos de los Bulls de la NBA, es la apuesta de Estados Unidos por acoger dos décadas después -la última fue en Atlanta en 1996- los Juegos Olímpicos de verano, a la espera de que la posible presencia de su presidente, Barack Obama, le dé el impulso definitivo el viernes en Copenhague.
Oficialmente, la esposa de Obama, Michelle, será la que encabece la delegación de Chicago en la capital danesa, después de que el propio presidente norteamericano anunciase al presidente del COI, Jacques Rogge, que debería permanecer en Estados Unidos para hacer campaña por una reforma al sistema sanitario del país.
No obstante, la Casa Blanca confirmó que un equipo había estado en Copenhague durante varios días para preparar una posible visita del presidente, y el secretario de Prensa, Robert Gibbs, dijo que la visita "no está actualmente en su calendario", aunque respondió de forma clara cuando se le preguntó si era posible que fuese a la votación del COI: "Absolutamente".
El gigante americano sí apuesta ahora por los Juegos Olímpicos después de que Nueva York jugara un papel testimonial en la elección de 2012, donde superó la criba inicial, pero quedó en el cuarto lugar de las cinco candidatas -detrás de Londres, París, Madrid y por delante tan sólo de Moscú- en la votación en Singapur.
Prueba de ello fue que el Comité Olímpico estadounidense, el USOC, recibió hasta cinco solicitudes -San Francisco, Filadelfia y Houston quedaron descartadas anteriormente- en la fase de elección nacional y se decantó por Chicago en detrimento de Los Angeles en la votación final.
Elegida como sede de los Juegos Olímpicos en 1904, Chicago, una de las ciudades más ricas del mundo en la actualidad, cedió el derecho de organizar la cita olímpica a San Luis para hacerla coincidir con la celebración de la Exposición Universal de aquel año.
Alrededor del Lago Michigan
Si alberga los Juegos de 2016, el Lago Michigan sería el epicentro de las sedes, que estarían repartidas en cuatro zonas en el interior o la periferia del centro de la ciudad, lo que permitiría al 91 por ciento de los deportistas estar en sus respectivos lugares de competición en un máximo, según recoge en su informe, de 15 minutos.
Los cuatro complejos, norte, central, sur y oeste, se hallan en un radio de 15 kilómetros y a pocos minutos en coche unos de otros y el central albergaría 19 deportes y disciplinas olímpicas. El aeropuerto O'Hare, a más de 30 kilómetros de la Villa Olímpica y con un tráfico de 76,5 millones de pasajeros cada año, trasladaría a la familia de los Juegos.
Con esta candidatura, Estados Unidos trata de desprenderse definitivamente del escándalo de corrupción que sacudió a la concesión de los Juegos de invierno en Salt Lake City en 2002.
En su contra juega, según el informe de la Comisión de Evaluación, que no ofreció garantías económicas para cubrir un eventual déficit del COJO (Comité Organizador de los Juegos Olímpicos), el gran porcentaje de instalaciones temporales y el escaso apoyo popular (67,3 por ciento), plasmado en el grupo de oposición No Games Chicago, recibido por el COI en Lausana.
A favor, además de su papel de primera superpotencia político-económica mundial y de no estar afectada por la regla de la rotación continental de los Juegos -que sí resta opciones a las candidaturas de Madrid, por Londres 2012, y Tokio, por Pekín 2008-, existe el hecho de que los derechos de televisión de los Juegos de 2014 y 2016 se firmen en función del resultado de la votación de Copenhague.
Y la venta de dichos derechos es la principal fuente de financiación para el COI, que se embolsará unos 4.000 millones de dólares por los Juegos de invierno de Vancouver de 2010 y los de verano de Londres de 2012, de los que unos 2.200 proceden de la cadena norteamericana NBC.