FRANCISCO ÁVILA | BARCELONA
Pep Guardiola, entrenador del Barcelona, evitó sentirse preocupado tras la derrota del martes ante el Rubin Kazan. Pero la sorpresa protagonizada por el equipo ruso no hizo sino acentuar las señales negativas que el Barça había emitido en los últimos partidos. La escasez de plantilla y el cansancio originado por la acumulación de partidos de una gran parte de sus jugadores han agitado el estado de felicidad en el que vivía el entorno culé.
El equipo no juega con la frescura de hace unos partidos y algunos jugadores puntales no se encuentran en su mejor momento, como Xavi o Messi, quien siente el jet lag, más futbolístico que físico, cuando regresa de su selección. A ello hay que añadir que Iniesta ha salido de una lesión y le falta continuidad; que Ibrahimovic anda renqueante, Henry está lesionado, Alves se dañó ayer -tres semanas de baja por una rotura del recto anterior derecho-, Márquez se ha recuperado hace poco y Chygrynskyi no puede jugar en la Champions.
Se suceden los partidos y hay escasez de efectivos. El club fichó a cinco jugadores y se desprendió de otros cinco, pero la realidad es otra: de los que llegaron, sólo tres (Ibrahimovic, Maxwell, Chygrynskyi) permanecen en la plantilla; los otros dos, los brasileños Henrique y Keirrison han sido cedidos. Por eso el Barça no ha cubierto las bajas de Cáceres, Gudjohnsen, Eto'o, Sylvinho y Hleb, a pesar de la petición expresa de Guardiola de, al menos, mantener el número de jugadores.