MARÍA VARELA | A CORUÑA
Gonzalo Rabuñal Ríos (A Coruña, 1-8-1984) negocia estos días para renovar su contrato con el Xacobeo Galicia. El equipo de Álvaro Pino es la primera opción para el ciclista arteixán, que tras tres temporadas en profesionales con la formación gallega ha alcanzado la madurez deportiva, con dos grandes en sus piernas y el podio de la general por equipos de la última Vuelta a España.
-¿Cómo va la negociación?
-No puedo decir que haya habido mucha negociación. Estamos ya casi a noviembre y no se ha hecho ninguna confirmación oficial, ni de bajas ni de altas, y todos los equipos ya han anunciado sus movimientos.
-¿Es el Xacobeo Galicia su primera opción?
-Por supuesto. Quiero quedarme y no pido mucho. Lo que quiero es que se tenga en cuenta mi trabajo, no sólo del último año, sino el de los tres que llevo con el equipo.
-¿Pero tiene otras ofertas?
-Sí, claro, algunas hay.
-¿Está dispuesto a emigrar?
-Sin problema. Este año estuve 85 días en competición. Si a ello le sumas los días de concentración, los que vas antes de la carrera, los que vuelves después... son más de tres meses fuera de casa.
-¿Ayuda que se hayan posicionado a favor de su renovación Álvaro Pino y Ezequiel Mosquera?
-Es un honor. Ezequiel es una persona bastante tímida y aún tiene más mérito que públicamente me haya apoyado, aunque ya sabía que contaba con el suyo y con el del resto de mis compañeros. Ahora es el equipo el que tiene que mover ficha.
-¿El tema de Óscar Pereiro les está perjudicando?
-Óscar Pereiro es un ciclista que acaba contrato el 31 de diciembre, igual que yo. Cuando se solucione lo mío, podré hablar de él. Independientemente, me encantaría tener de compañeros a los mejores corredores gallegos.
-Parece que están buscando refuerzos gallegos.
-Eso es muy bueno. Si este año el equipo ha tenido el tirón tan grande que ha tenido es, además de porque nos dejamos ver mucho en las carreras, porque es el año que más corredores gallegos había.
-¿Hay cantera?
-Hay que esperar un par de añitos. Ahora, con el nuevo tirón del ciclismo, se han llenado de nuevo las escuelas, pero de momento esos niños son pequeños. De hecho, se barajan nombres de gente más bien mayor, salvo Aser Estévez, que sí que tiene un gran futuro y nadie sabe bien hasta dónde puede llegar.
-¿Y Gonzalo Rabuñal, hasta dónde puede llegar?
-Este año le perdí el respeto a la categoría. Ya he comprobado que puedo estar delante, ir escapado, hacer un esfuerzo extremo una etapa y estar recuperado al día siguiente. Sin embargo, me ha quedado la espina clavada de conseguir una victoria, pero espero seguir igual de batallador en el futuro. Llegará el día de mi escapada.
-Hizo dos grandes, ¿qué fue más duro, la Vuelta o el Giro?
-Mucho más el Giro, por el calor, porque fue muy rápido, porque los italianos se lo toman muy en serio. No es como en la Vuelta, que algunos equipos franceses e italianos acabaron con cuatro corredores. Eso se tenía que tener muy en cuenta a la hora de las invitaciones.
-¿Le perjudicará al Xacobeo la implicación en casos de dopaje del doctor Beltrán, fichado por una semana para la Vuelta?
-No tiene sentido. Ese médico no empezó la Vuelta con nosotros, ya llevábamos una semana y ya habían salido las cosas bien. No fue que llegara él y nos diera la píldora mágica. Yo tengo la conciencia muy tranquila y sé que mis compañeros también. En tres años con el pasaporte biológico no hemos tenido ni un solo problema.
-Da la sensación de que este año les ha pasado de todo.
-Bueno, entre caídas, lesiones, lo del médico, una baca de un coche volando en Turquía por el viento... no tuvimos excesiva suerte.
-En la Vuelta se repitió este calvario, pero mereció la pena.
-Al final siempre te quedas con los buenos detalles. Entre los corredores gallegos hubo una gran complicidad. Es mi tercer año, nos conocíamos más y nos llevábamos mejor. Cada uno conocía a la perfección su papel y éstas fueron las claves del triunfo. Además de compañerismo, había amiguismo. Cuando las cosas salen bien, disfrutas más. Me quedaré siempre con los momentos de guasa en las concentraciones.