EUGENIO COBAS | A CORUÑA
Siete temporadas en Primera y dos ascensos, uno con el Sevilla (2001) y otro con el Murcia (2007), adornan el currículo del ex deportivista Paco Gallardo, internacional con la selección española en todas las categorías salvo en la absoluta y actualmente en el paro a sus 29 años, para muchos la edad óptima en el rendimiento de un futbolista. Las lesiones truncaron su progresión y ahora se encuentra con que no tiene equipo. Para no perder la forma se entrena con el San Roque de Lepe, de Segunda B, a la espera de que alguien se acuerde de él: "La gente se cree que tengo treinta y pico años, pero tengo 29. Aún soy joven. Tengo un cartel como para engancharme a cualquier equipo, pero eso no lo decido yo".
Su última escala en el fútbol profesional fue Murcia, donde jugó tres años, hasta el pasado mes de junio, con un paréntesis obligado de seis meses: "El que me condenó fue Javier Clemente. El año pasado llegó a Murcia y nos apartó a diez jugadores. A última hora llegué a un acuerdo y quedé libre. Eso fue lo que me mató". Se quedó sin equipo y durante media campaña se ejercitó con el Sevilla Atlético para no perder la forma, como ahora con el San Roque. Luego echaron a Clemente y el Murcia lo volvió a contratar. "Allí soy bastante querido", explica Gallardo, quien en enero volvió a La Condomina avalado por el actual técnico pimentonero, José Miguel Campos. En junio acabó contrato y desde entonces está en el paro.
El sevillano conoce bien al próximo rival del Deportivo. "Tiene una gran plantilla, pero le faltan un par de delanteros que marquen la diferencia". Destaca dos nombres propios, el mediapunta Mario Rosas -"puede desequilibrar, tanto en Segunda como en Primera"- y Luque, "peligroso a balón parado". En cambio, resta protagonismo al joven Aquino: "Es normal que se le dé mucho valor, porque es murciano, pero aún no ha demostrado nada a nivel profesional como para que se le alabe tanto". Gallardo cree que el Dépor "se encontrará muy cómodo" en un campo como La Nueva Condomina: "Tiene unas dimensiones parecidas a las de Riazor y eso le facilitará las cosas. Además, el Murcia no es el típico equipo luchador y aguerrido. Tiene jugadores de calidad, a los que les gusta jugar al fútbol, y eso también le puede venir bien al Dépor".
Hace más de tres años que salió de Riazor, adonde llegó en enero de 2006 de la mano de Joaquín Caparrós, su valedor también en el Sevilla. Recuerda "con tristeza" esa media campaña en A Coruña, sobre todo porque una lesión en el cuádriceps le mantuvo parado durante un mes y medio: "Nada más llegar me salió un partido muy bueno contra el Zaragoza y al siguiente me lesioné contra la Real Sociedad. Estuve parado mes y medio y así se me fue la temporada".
Un budista en A Coruña
Aterrizó en Alvedro con las maletas cargadas de ilusión. Entre sus enseres, un Buda gigante que presidió su habitación en el hotel de Matogrande donde se alojó durante su estancia en A Coruña: "Aquello fue algo puntual. Ahora lo del budismo lo tengo aparcado". Donde no ha perdido la fe ni la esperanza es en los campos de fútbol. Está viviendo "una situación complicada", pero "hay cosas peores en la vida". "Yo no le encuentro explicación -confiesa-. No soy problemático, me gusta el fútbol y me gusta entrenar. Por eso me fui al Dépor perdiendo dinero (cedido por el Sevilla). La gente me dice que no sabe cómo puedo estar sin equipo". Recuerda "con mucho cariño" su etapa como blanquiazul, "sobre todo por Barritos, su delegado, y por la gente de allí".