EUGENIO COBAS | A CORUÑA
El Deportivo recibe esta noche al Sporting de Gijón dispuesto a superar un doble examen. El primero será sobre el césped, donde tratará de recuperar la solidez que le aupó a los puestos de Champions gracias a cuatro victorias consecutivas en las que Aranzubia no recibió ni un solo gol. Ése será el test más importante, el de los tres puntos, pero además habrá otro, el de las aficiones. Ocho mil asturianos arroparán a su equipo con la ilusión de darse otro festín similar al de la pasada temporada (0-3). La mareona impone pero los seguidores blanquiazules tienen ante sí una gran oportunidad para demostrar su fidelidad y tirar del equipo, necesitado de apoyos tras el suspenso del pasado domingo en Zorrilla.
Ni siquiera el pírrico triunfo ante el Murcia en la Copa ha devuelto toda la confianza al conjunto coruñés, que no pasa precisamente por su mejor momento creativo. Sobrevive gracias a su eficacia en las acciones a balón parado -entre córners y faltas ha marcado siete de sus doce goles esta temporada- y precisa, por tanto, disipar las dudas con juego combinativo. Ésa es la apuesta de Lotina, aunque en la práctica el fútbol de toque y la profundidad brillan por su ausencia. Lassad y Adrián, los dos delanteros más talentosos de la plantilla, no acaban de entonarse y el técnico podría recuperar a Juan Rodríguez como improvisado mediapunta, con Riki como principal referencia ofensiva. Atrás tiene la duda de Lopo, mermado por una bronquitis que le ha impedido trabajar con normalidad durante toda la semana.
El Sporting, por su parte, llega a Riazor envalentonado tras empatar hace ocho días ante el Madrid y relativamente tranquilo por su desahogada situación en la tabla. Sólo tiene tres puntos menos que el Dépor, lo que evidencia la buena temporada que está haciendo el equipo de Manolo Preciado. Además de mantener el bloque del pasado ejercicio, ha fichado bien. Entre los refuerzos destaca el ex atlético De las Cuevas, una vieja aspiración del Deportivo que ahora lidera el ataque sportinguista. Junto a él, Diego Castro y Barral componen una línea ofensiva veloz y de mucha movilidad, especialmente peligrosa a la contra. Lotina lo sabe y por eso ha insistido durante toda la semana en mantener el orden y no descomponerse como ocurrió en Zorrilla. Primero, rigor táctico; y después, verticalidad. La lección debería estar bien aprendida. Con esa base el Dépor se examina dispuesto a sumar tres nuevos puntos con los que afianzarse en los puestos europeos.