Del ´maracanazo´ al ´alcorconazo´

 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto
Los jugadores del Alcorcón se abrazan por el 4-0 ante el Madrid. / a. martín
Los jugadores del Alcorcón se abrazan por el 4-0 ante el Madrid. / a. martín 
 MULTIMEDIA

LUIS M. ALONSO Por lo general no siempre llueve a gusto de todos y los momentos que unos quisieran olvidar son los que otros recordarán toda la vida. Eso es lo que sucedió en la noche negra blanca de Santo Domingo, en la que el todopoderoso Real Madrid, el club más laureado de Europa y reconocido del planeta, recibió una lección de humildad y fútbol de parte del modesto Alcorcón, un equipo de Segunda B con un presupuesto 400 veces inferior. No fue una simple victoria de David frente Goliath -la historia del fútbol las tiene por centenares-; las actitudes sobre el campo contribuyeron a engrandecer la gesta de unos y, al mismo tiempo, al ridículo de 14 jugadores consentidos por la fama que se arrastraron como almas en pena por el césped.

Ha habido resultados sorprendentes en eliminatorias de Copa -en Inglaterra se cuentan por docenas pero también en otros lugares- en las que equipos de lujo caían ante adversarios modestos de categorías inferiores. Todo lo que le ocurre al Madrid, sin embargo, se magnifica y más en estos momentos en que el club ha hecho el mayor desembolso de su historia para reactivar la galaxia blanca despertando grandes expectativas.

En el Mundial de 1966, Pak, un dentista de Pyongyang que practicaba el fútbol en sus ratos libres arrastró por los suelos el prestigio de Italia, que perdió por 1-0 frente a Corea del Norte y fue eliminada antes de cuartos de final. La derrota se compara con la que Inglaterra sufrió de Estados Unidos por el mismo resultado en 1950. Argentina cayó ante Camerún en el partido inaugural de Italia 90 y aquello tardó en olvidarse a orillas del Plata.

Pero nada resultó tan doloroso y humillante como la derrota que sufrió Brasil ante Uruguay en Maracaná, cuando el anfitrión del Mundial de 1950 cayó ante 200.000 personas frente a una selección mucho más modesta que se presentaba como víctima propiciatoria. Los brasileños habían ganado los tres partidos anteriores por más de cinco goles y estaban en uno de los mejores momentos de juego de su historia. Los futbolistas de la canarinha eran tratados como reyes por la afición, al acabar los encuentros las limusinas puestas a disposición de cada uno los recogían a las puertas del estadio. Uno por uno habían recibido un reloj de oro grabado con la inscripción: "Brasil, campeón del mundo". Se habían vendido y regalado 500.000 camisetas con la misma leyenda y todo estaba preparado para la fiesta en Río de Janeiro, hasta el propio Jules Rimet, presidente de la FIFA, tenía listo un discurso en portugués que nunca leyó.

En Uruguay, los periódicos animaban a los jugadores a no perder por más de cuatro a cero para poder evitar la vergüenza. Pero, faltando 11 minutos, Alcides Ghiggia disparó entre Barboza y el poste, y el balón se coló en la portería brasileña. Era el gol de la victoria de los uruguayos (1-2). El sambódromo se convirtió en un velatorio. "Sólo tres personas en la historia han conseguido hacer callar Maracaná con un solo gesto: el Papa, Frank Sinatra y yo", diría después Ghiggia, un jugador tan rápido sobre el césped como lenguaraz y presumido. Todo lo contrario que Obdulio Varela, el futbolista que lideraba aquella selección uruguaya, que consciente de la trascendencia del resultado se dedicó después del partido a consolar a los aficionados cariocas por los garitos de Copacabana en una de las fechas trágicas de Brasil.

El maracanazo, como se recuerda a aquella final de luctuoso recuerdo para los brasileños, y el alcorconazo son, como es obvio, cosas distintas. Pero se sitúan en el mismo plano del asombro y la humillación. Cuando se disputó la final del 50 en Maracaná, los uruguayos habían ganado ya una Copa del Mundo y los brasileños todavía ninguna, ello no impedía la veneración charrúa por los jugadores de la deslumbrante canarinha de los Bauer, Friaca, Zizinho y Jair, héroes nacionales mimados por la afición. "Muchachos, si los respetamos los brasileños nos van a caminar por encima, así que vamos a salir a ganar el partido", les dijo Varela a sus compañeros antes de saltar al campo.

El pasado martes, Santo Domingo no rugía como Maracaná, ni el penoso Real Madrid del otro día era Brasil, pero los jugadores del Alcorcón parecía que hubieran escuchado al capitán charrúa. Esa es la grandeza del fútbol.

COMPARTIR
 
   CONÓZCANOS:   CONTACTO  |  LA OPINIÓN A CORUÑA  |  LOCALIZACIÓN       PUBLICIDAD:   TARIFAS WEB  |  TARIFAS PAPEL  |  CONTRATAR   
laopinióncoruña.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopinióncoruña.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
Adaptado a la Ley de Protección de Datos por
 


  Aviso legal
  
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas