A. B. GIORGINI / R. RODRÍGUEZ | A CORUÑA
Ninguna selección española absoluta de primer nivel cuenta con cinco coruñeses en sus filas. La de fútbol playa sí. Atrás quedan los años en los que A Coruña era la embajadora exclusiva de este deporte en España con ocho jugadores de la ciudad en un equipo de once, como en el Campeonato del Mundo de 2006. Ramiro Amarelle, el eterno capitán y un referente a escala mundial, Nico Alvarado, mejor jugador de los últimos dos Europeos, y Roberto Valeiro, Guante de Oro en 2008, se mantienen firmes desde hace más de diez años al frente de la furia roja; mientras que los benjamines Miguel Beiro (futbolista del Carnota nacido en 1988) y Kuman (juvenil del Racing de Ferrol, de 1991) luchan cada temporada por conservar su puesto en el mejor combinado de Europa. Y una vez más, el deseo de conquistar el primer Mundial para España los ha vuelto a unir, en esta ocasión en Dubai, la ostentosa capital de los Emiratos Árabes, donde hoy arranca la cita mundial con las mejores selecciones de 2009.
El objetivo de estos embajadores coruñeses es "llegar por lo menos a donde se llegó el año pasado", cuando España finalizó cuarta, su mejor resultado en la competición desde que la FIFA asumió la organización, en 2005. Pero para alzarse con el cetro mundial o repetir la proeza de ser subcampeones, como ya hicieron en 2003 y 2004, los españoles tendrán que medirse a unos rivales mucho más rodados que ellos a estas alturas.
La falta de rodaje de los últimos meses no será el único inconveniente de España en el arranque del torneo. El número 10 nacional, el capitán Ramiro Amarelle, se perderá el debut (hoy, 15.00 horas, ante Japón) a causa de una gripe. El jugador coruñés, que en la actualidad entrena a un equipo alevín del Deportivo, no pudo viajar con el resto de sus compañeros el pasado jueves y está pendiente de una revisión médica que le permita desplazarse hoy mismo a Dubai para incorporarse cuanto antes.
"La mayoría de los equipos llevan dos semanas en Dubai preparando el Mundial, menos Islas Salomón, Costa de Marfil y nosotros", explica Amarelle, que año tras año se resigna a ver cómo todas las selecciones del mundo, desde la más poderosa, Brasil, a una de las más humildes, El Salvador, invierten tiempo y dinero en un deporte que continúa estancado en España, donde sólo perdura la dedicación individual de los jugadores.
De poco han servido los siete títulos continentales del combinado que dirige Joaquín Alonso, ni los numerosos trofeos individuales que coleccionan sus miembros. En los últimos dos meses el equipo sólo ha podido reunirse doce días para entrenar. Tres de ellos en Murcia, para un partido de exhibición. "Es la realidad y lo asumimos. Nosotros tenemos nuestra preparación individual, pero lo bueno es saber que los demás no son así. Vamos a competir en inferioridad de condiciones", asegura el capitán.
La profesionalidad del resto de selecciones clasificadas para el Mundial de Dubai hace sonrojar a la furia roja, por lo que Nico, testigo junto a Amarelle en el Milan de lo arraigado que está el fútbol playa en Italia y en otros países, advierte de la desventaja con la que parte su equipo: "Aquí, con inversión cero ha habido buenos resultados, pero los rivales no son cojos y crecen cada vez más". Uruguay lleva entrenando seis meses, cinco días por semana y con todos los jugadores. La vecina Portugal se entrena todo el año, con un mes de descanso, y el equipo se concentra los fines de semana. Brasil, con un buen nivel durante toda la temporada, lleva un mes preparando la cita mundial. Y Rusia ha despuntado en los últimos dos años gracias a la inversión de las instituciones, que hoy por hoy la convierte en uno de los adversarios más serios del torneo.
Pero las selecciones rivales de España en la fase de grupos no se quedan atrás: la preparación de Japón es igual a la de una selección de fútbol, con su campeonato y sus respectivas concentraciones; El Salvador fue recibida con todos los honores tras eliminar a México, subcampeón del mundo hace dos años; y Costa de Marfil se caracteriza por ser un equipo muy físico y por tener muchas horas de entrenamiento encima. Mientras, los hombres de Joaquín Alonso tienen que volver a tirar de oficio. "Nosotros llegamos con un poquito más de experiencia que ellos. Si somos capaces de imponerla ganaremos, pero sólo así", declara Ramiro Amarelle, mientras Roberto Valeiro, también segundo entrenador y preparador de porteros en el Bergantiños, puntualiza: "Siempre ganamos por una jugada muy trabajada tácticamente o por aciertos individuales".
A las puertas de su undécimo Mundial, en el caso de Nico y Roberto, y el duodécimo de Amarelle -si está recuperado de su proceso gripal-, estos colosos de la arena aseguran sentirse algo "cansados y desanimados". "Desanimados porque pasan los años y uno ve que no se han cumplido las expectativas de cuando éramos jóvenes y pensábamos que podríamos ser profesionales de este deporte. Sabíamos que tendríamos que trabajar más que el resto. Lo hicimos y llegaron los resultados, pero no hubo ningún cambio y eso cansa", confiesa el guardameta, el mayor de la expedición.
Aunque Nico asegura que todos esos pensamientos se quedan en casa cuando uno viaja a un Mundial: "En el momento de competir todo cambia. Quieres darlo todo en el campo y, al fin y al cabo, a todos nos encanta jugar para ganar, por eso estamos aquí".