RUBÉN DARÍO RODRÍGUEZ
El Sevilla es un dragón que abrasa al Deportivo en la Copa. Por tercera vez consecutiva quemó al equipo coruñés en Riazor en una eliminatoria y con el mismo resultado, 0-3. Así despachó el conjunto andaluz a un Dépor incapaz de plantarle resistencia, falto de ideas y por momentos desorientado ante un rival superior. La remontada en el Sánchez Pizjuán la próxima semana se antoja imposible.
Falto de munición y amparado en una propuesta defensiva más conservadora, el Dépor se blindó ante el Sevilla de un modo parecido a como se encerró frente al Barcelona en la Liga, con músculo en el mediocampo, sin extremos, con carrileros sin apenas progresión más allá de la línea del mediocampo y con tres zagueros bien alineados. Apretaban los locales pero la posesión era visitante. Y el Sevilla mueve el cuero con tranquilidad, en la media se arma como un tronco, por las bandas tiene jugadores con gusto por sacar el látigo y con el marcador a favor no se permite el lujo de no presionar.
Los pases que trataban de alargar Lopo o Zé Castro, casi siempre por el centro, se cortaban en la red hispalense de la medular y los robos de balón de Antonio Tomás y Juan Domínguez no encontraban continuidad en la delantera. Cuando acertó el Dépor a divisar el área, tan tarde como en el minuto 25 y en otra salida por el centro del canterano naronés que Iturralde y su asistente anularon con un discutible fuera de juego, atizó el Sevilla, que había advertido antes con dos disparos desviados de Renato y Navas.
El extremo internacional dibujó un pase magistral que cogió adelantada a la defensa blanquiazul y rezagado a Manu. Negredo apuró ante las dudas del portero y saltó antes para marcar de cabeza por encima de los guantes del asturiano.
Hasta ese momento sólo un autopase de Antonio Tomás había hecho batir las palmas de la grada, que ayudó a espabilar a su equipo hasta la llegada del descanso. Adelantó metros el Dépor, empujó más al Sevilla para quitarle el dominio al que se estaba acostumbrando y enfocó mejor el área. A otra advertencia de Negredo, que cruzó de más ante otra salida de Manu, replicó Juan Rodríguez con un cabezazo al palo a centro de Filipe. La continuación de la jugada no la supieron aprovechar ni Bodipo ni Laure, pero el Deportivo, al contrario que hace una semana contra el Valencia, interpretó mejor la situación de desventaja, levantó la cabeza y el ánimo y hasta Piscu se sumó a la reacción general con un remate alto al saque de un córner.
Quedaba medio partido. ¿Otra resurrección como la de octavos de final? Venga. Seguro que se alentó en el vestuario. Laure y Filipe ganaron metros, pero por delante nadie mordía. Y el Sevilla no es el Valencia, no dio el choque por terminado. Pudo hacerlo si Capel hubiera apuntado mejor solo ante Manu. No lo hizo y el Dépor aceptó la invitación a la réplica con un rápido ataque mal rematado por Iván Pérez.
Lotina conservó a los tres zagueros pese a que Negredo empezó a sentirse más aislado. Sólo más tarde quitó a Piscu, cuando el Sevilla ya había causado suficiente daño. Valerón salió a escena y David Añón, otro debutante de la cantera, ocupó la derecha. Por el centro Domínguez recibió la ayuda de otro Juan, Rodríguez, con Antonio Tomás ya fundido en el banquillo. Pero el cambio de piezas no trastocó el panorama del tablero. En absoluto. El equipo seguía atascado, sin hallar cómo zancadillear la solidez física y táctica del contrario. Por tanto, el Sevilla se animó.
Y machacó. Perotti rompió dos veces la cintura a Laure y puso el balón en la cabeza de Renato, testigo de excepción de la estática contemplación de los centrales deportivistas. Dos minutos después, en el 69, Negredo quebró la oposición que le surgió por la derecha, ingresó en el área y regaló el tercero a placer a Jesús Navas. El Deportivo estaba ya desnudo, entregado.
Iturralde se comió el tiempo de prolongación, no hacía falta. Del Nido lucía orgulloso su sombrero de la suerte junto a Lendoiro, al que la bufanda azul y blanca con que se protege de la gripe no le sirvió anoche de amuleto. La cita de este sábado contra el Athletic debería borrar ya de la memoria el pobre partido con el que ayer el Dépor se alejó otro año de la Copa.