EUGENIO COBAS | A CORUÑA
Los leones de Caparrós visitan Riazor dispuestos a aprovechar el momento de debilidad que atraviesa el Deportivo para devorarlo, igual que hicieron el pasado fin de semana con el Madrid. Sería otro duro golpe, el tercero en los últimos ocho días, algo que quieren evitar a toda costa los futbolistas blanquiazules. Los pocos que le quedan a Miguel Ángel Lotina, porque entre lesiones y sanciones el técnico sigue sin poder contar con varios de sus mejores hombres. Lassad, Mista y Riki, que finalmente se quedó fuera de lista para evitar riesgos, no se vestirán de corto. También se pierden el encuentro por lesión Angulo, Sergio y Guardado, mientras que Juan Rodríguez está sancionado por acumulación de cartulinas. La enfermería sigue superpoblada, pero no es momento de disculpas sino de remedios.
El equipo coruñés está magullado, física y psicológicamente. Necesita jarabe de victoria para cicatrizar las heridas abiertas tras los desastres del pasado domingo en Mallorca (2-0) y del miércoles ante Sevilla (0-3). Hace menos de una semana llegaba al Ono Estadi igualmente mermado por las bajas, pero entonces era un equipo al alza. En la Liga venía de auparse a la cuarta plaza, que da derecho a disputar la Champions, y en la Copa acababa de apear al Valencia realizando una demostración de pundonor y fe. Todo era optimismo y parecía que no había techo. Eso era hace unos días. Ahora la situación ha cambiado de repente. El Dépor tiene un pie y medio fuera de la Copa y podría caer de los puestos europeos si hoy pierde ante el Athletic y el Sevilla gana al Almería.
Eso, en el peor de los casos. En el mejor, podría recuperar esa soñada cuarta plaza, aunque independientemente de la clasificación, necesita un triunfo de forma urgente. Más que por los tres puntos, por lo que supone a nivel anímico y de confianza. La derrota en Mallorca fue un accidente en parte predecible, pero con lo que nadie contaba era con encajar una goleada en Riazor ante el Sevilla en una competición, la Copa, en la que tanto los futbolistas como la afición habían depositado grandes ilusiones. Ahora el equipo navega en un mar de dudas y la única manera de disiparlas es ganando, con o sin buen juego. El Deportivo apela más que nunca al resultadismo, la máxima que rige la filosofía futbolística de Joaquín Caparrós. El utrerano, como Lotina, está sabiendo exprimir al máximo el potencial del que dispone. El Athletic ya no flirtea con el descenso. Ahora aspira a Europa, igual que el Dépor.