E. COBAS A CORUÑA
Filipe Luis estará entre cuatro y seis meses de baja, lo que supone que se pierde lo que resta de campaña y también el Mundial de Suráfrica, para el que tenía opciones de participar con la selección brasileña. El lateral se lesionó de gravedad durante el encuentro del sábado contra el Athletic y fue trasladado de urgencia al hospital Santa Teresa, donde fue intervenido de inmediato. En la operación, que duró aproximadamente dos horas -desde las 00.00 hasta las 02.00 de la madrugada-, el doctor Rafael Arriaza y su equipo le colocaron una placa con tornillos para reparar la rotura de peroné con luxación de tobillo y para que los ligamentos que unen esos dos huesos puedan cicatrizar. El futbolista, que según los médicos se encuentra "muy bien de ánimos", recibirá el alta hospitalaria mañana o pasado. De momento, se desconoce si viajará a su país para estar arropado con su familia en la fase inicial de su recuperación.
Arriaza compareció ayer en el estadio de Riazor junto a los doctores Ramón Barral y Carlos Lariño para detallar la mecánica de la lesión y la cirugía practicada, así como el plan de recuperación. "Va a estar inmovilizado durante tres o cuatro semanas. Luego empezaremos a mover progresivamente. No podrá apoyar en aproximadamente dos meses. Luego empezará a apoyar y después retiraremos esos dos tornillos para permitir que el tobillo recupere toda su movilidad. Por plazo, esto significa que hay que pensar en la temporada que viene. No podemos pretender otra cosa", informó Arriaza, quien sitúa en "entre cuatro y seis meses el plazo habitual" de recuperación: "La próxima temporada significa intentar que empiece la pretemporada con el equipo".
"Cuando se produce una fractura y una luxación del tobillo, normalmente intentamos operar en las primeras horas -explicó Arriaza- porque si no el tobillo se hincha mucho y si no operas en las primeras horas tienes que esperar diez o doce días a que la inflamación baje, porque está tan hinchado que no te da para cerrar la piel. En este caso hay un componente añadido, que al ser la luxación irreductible de manera ortopédica, no podíamos colocar el hueso en su sitio por ese bloqueo, por esa encarcelación de los fragmentos, y teníamos que operar inmediatamente porque si no el pie estaba sin riego y eso sí que podría ser un problema irreversible". El doctor Carlos Lariño, que acompañó al futbolista en la ambulancia que lo trasladó desde el estadio hasta el hospital, relató cómo fue ese trayecto: "Fuimos en silencio todo el rato. Él no quería preguntar ni saber nada. Fue todo el rato callado. Quería que llegáramos y resolviéramos".
Arriaza destacó la entereza del joven: "Si veis su cara cuando se produce la lesión, es como un torero cuando le dan la cornada. Es estoico aguantando". El doctor Ramón Barral, que atendió al defensa en primera instancia, también se refirió a la serenidad del futbolista. "No hay ninguna imagen de ésas que a veces se ven en estas lesiones, con el rostro manifestando mucho dolor".
En cualquier caso, Arriaza se mostró convencido de que "la procesión va por dentro", por mucho que Filipe se muestre entero en todo momento: "Él es el que anima a la gente, el que le dice a todo el mundo que no pasa nada. Está muy bien de ánimos. Me imagino que, como siempre, la procesión irá por dentro, pero es un chaval fuerte y afortunadamente tiene muchos apoyos sólidos en su entorno, en su familia, etcétera, y eso es clave".
Pese a que la operación se completó con éxito, en este tipo de lesiones nunca existe la plena garantía de que el futbolista vuelva a ser el mismo de antes, aunque los médicos prefieren ser optimistas. "Una lesión traumática de este calibre es algo que siempre puede dejar una secuela o una limitación o incluso hay jugadores a los que puede retirar del fútbol, pero afortunadamente hay muchísimos más a los que no les ha pasado esto. Hay que ser optimistas siempre", añadió.