ÁLVARO FAES ENVIADO ESPECIAL A MARANELLO (ITALIA)
Maranello, diez de la mañana. Nieve a los pies de los Apeninos. Frío. La autodenominada ciudad del motor amanece con el manto de nieve que la acompaña los últimos días. Las carreteras y aceras aparecen limpias, pero no existen zonas verdes. En realidad son blancas desde la nevada de jornadas atrás. El presidente de Ferrari, Luca di Montezemolo, avanza con paso firme, sonriente, por la nueva planta de ensamblaje de los grandes deportivos rojos. Un operario remata con mimo los detalles en el interior de lo que es un sueño inalcanzable para casi todos los mortales. Allí parece que los regalan, se ven a cada esquina. No muy lejos del obrero, apenas un centenar de metros, varios paneles de separación y un control de seguridad más allá, dos centenares de personas esperan al gran jefe. Se apagan las luces y un emotivo vídeo llena la pantalla gigante. El espíritu del Cavallino en noventa segundos, ni una sola imagen de Michael Schumacher. En primera fila, Fernando Alonso y Felipe Massa, a la espera de conocer su coche de la próxima temporada. Lo han visto pieza a pieza, lo han estudiado al milímetro, pero ayer era el día señalado para enseñarlo al mundo. El F10, al descubierto.
Habla Stefano Domenicali, el director del equipo. Impecable traje azul marino, corbata salmón y el Cavallino, negro sobre amarillo, orgulloso en la solapa. "Queremos transmitir un mensaje de humildad pero este año debe marcar un antes y un después en el futuro de la escudería". Mensaje directo al corazón de la fábrica, también a los pilotos. "Y por supuesto, tengo que dar la bienvenida a Fernando Alonso a nuestra familia", pura esencia del espíritu italiano.
A las 10.43 Domenicali deja el discurso. Es el momento señalado. En la sala, dos Ferrari de calle, un California azul cielo y un 458 Italia rojo, flanquean al nuevo monoplaza. Es sólo una silueta bajo una gran sábana encarnada. Fernando Alonso y Felipe Massa, los titulares del volante, suben al escenario. Aplausos. Les sigue el reserva Giancarlo Fisichella, y los otros dos pilotos de la Scuderia, Luca Badoer y el español Marc Gené. El lema de que "somos un equipo" es el más repetido. Ayer, y hace un par de semanas, durante la convivencia invernal en Madonna di Campiglio. Así que como un equipo, sin que nadie sobresalga por encima del resto, retiran al tiempo la lona roja. Y aparece el F10, que así se llama el coche.
Es el primer monoplaza de 2010 que aparece en escena -Mercedes se presentó con el Brawn del año pasado pero con la nueva decoración- y se ve un conjunto más largo de lo habitual hasta ahora. La eliminación de los repostajes en carrera obliga a que el depósito doble su capacidad y, por lo tanto, su tamaño. El F10 aumenta también su distancia entre ejes para favorecer el reparto de pesos cuando el tanque esté lleno al inicio de las carreras (unos 200 kilos de gasolina).
El difusor, la pieza que le dio el campeonato de 2009 a Jenson Button de la mano del ingeniero-mago Ross Brawn, es la piedra angular del Ferrari. A partir de ahí se construyó el resto del monoplaza, algo que no pudieron hacer la temporada anterior, obligados a rectificarlo con el Mundial ya lanzado. Ayer apenas se vio -trucos para evitar que los rivales copien-, pero sí trascendió que ha aumentado considerablemente su tamaño.
De frente, el nuevo monoplaza de Fernando Alonso recuerda al Red Bull que terminó la temporada como la mejor máquina del Campeonato del Mundo. El alerón delantero gana altura respecto al suelo y aparece con tres planos.
El sistema de frenado y las suspensiones han sufrido también una profunda revisión para poder rendir plenamente cuando el coche sea más torpe y pesado, cargado de combustible hasta las trancas al inicio de cada Gran Premio.
Alonso y Massa seguían el acto atentos desde la primera hilera de butacas. Junto a ellos, la plana mayor de la escudería, las autoridades locales, civiles y también militares, lustrosos los uniformes; el jefe en Europa de Phillip Morris, Maurizio Arrivabene, por ser el principal patrocinador del equipo, y el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, recién ingresada la entidad en Ferrari, a 40 millones de euros anuales.
Habló Fernando Alonso, breve. Expresó emoción, agradeció el trabajo de los técnicos y lanzó un mensaje para los aficionados. "Seremos un equipo fuerte. Mi compañero y yo lucharemos para que todos los seguidores de Ferrari estén orgullosos de nosotros".