En Madonna di Campiglio, en la convivencia en la nieve de Ferrari, Fernando Alonso se registró bajando a 96 kilómetros por hora con su propio GPS. Ese mismo día encargó unos esquís más largos y estrechos "para correr más". ¿Inconsciencia? ¿Temeridad? Simplemente, algo propio de tipos distintos. Tanto, que se ganan (muy bien) la vida a más de 300. Fisichella, piloto reserva, esquiaba siempre con el asturiano. "¿No estáis un poco locos?", le dijo un periodista al italiano. La respuesta fue simple. "No. Nosotros necesitamos la velocidad. Somos así". De ahí le puede venir a Fernando Alonso su última aventura: conseguir la licencia de piloto de avioneta. De momento estudia a fondo el manual para obtener el permiso. Desde luego, no hay fecha para su primer vuelo pero es muy posible que cuando llegue el momento sea en La Morgal (Llanera), muy cerca de Oviedo, donde se ultima la construcción del circuito de karting y el museo de automovilismo que llevará el nombre del piloto bicampeón mundial.