Este Deportivo es el equipo de las ayudas constantes, de la solidaridad, del trabajo sin tregua. Son sus credenciales, y ayer volvió a demostrarlas en La Rosaleda, donde en un ejercicio de coraje arrancó un punto pese a jugar durante casi una hora con un futbolista menos por la injusta expulsión de Pablo Álvarez. El Málaga echó mano de todo su arsenal ofensivo pero fue incapaz de romper el blindaje coruñés a lo largo de noventa minutos pasionales en los que el cuadro de Lotina dio otro pasito adelante en su objetivo de competir en Europa la próxima campaña.
Llegaba el Dépor a Málaga con un problema de identidad, consencuencia de las bajas -muchas y muy importantes- con las que tuvo que afrontar la dura cuesta de enero. Hace unos meses tenía claro a qué jugaba, ahora duda. No propone para llevar la iniciativa, ni tampoco espera con descaro a su rival como hacía en el primer tercio de campeonato. Es como si fuera un equipo en reconstrucción, sobre todo en el lateral izquierdo. Lotina probó ayer a Laure en esa posición tras experimentar con Manuel Pablo y Seoane. El ensayo tampoco resultó exitoso. Nadie en esta plantilla es capaz de suplir a Filipe, ni siquiera de recordar un poco al brasileño. No hay color. Da igual que juegue Laure, Manuel Pablo o Seoane. El equipo echa de menos a su jugador franquicia, especialmente en la faceta ofensiva.
En La Rosaleda Laure hizo lo que pudo, pero sólo pisó campo contrario en contadas ocasiones. Estuvo mucho más preocupado de defender. Ahí sí cumplió, igual que Manuel Pablo en el otro flanco de la defensa. El isleño salió con la consigna de secar a Duda y a eso se dedicó. De salida el Dépor no tuvo más remedio que recular, igual que en la jornada anterior ante el Madrid. Cedió el balón al Málaga y se limitó a aguantar el temporal como buenamente pudo. Caicedo fue el primero que disparó, pero Aranzubia, bien colocado, respondió con acierto. Poco después fue Mtiliga el que se animó a sumarse al ataque. El hombre de la máscara ganó la línea de fondo y buscó la cabeza de Fernando, cuyo remate se marchó fuera por poco. El Dépor respondió con una de las pocas apariciones de Adrián. Caracoleó y asistió a su paisano Pablo Álvarez, quien supo revolverse pero no llegó a conectar su disparo con nitidez. Acto seguido, Bodipo aprovechó un servicio de Juan Rodríguez desde la banda para rematar de cabeza, también demasiado cruzado. Fueron sólo dos avisos aislados del equipo coruñés, aunque pudo marcar en el minuto 24 gracias a un error de Iván González, que casi anota en propia meta.
El dominio siguió siendo local y el Dépor tuvo muchos problemas para estirarse. Bodipo bajaba a oxigenar a sus compañeros todo lo que podía, pero faltaba conexión de tres cuartos de campo hacia adelante. El Málaga sí daba sensación de peligro, sobre todo en jugada, pero también a balón parado. Duda, en el 35, obligó a Aranzubia a estirarse a la salida de una falta. Fue la antesala de una acción tan polémica como determinante. Pablo Álvarez, que ya tenía una tarjeta amarilla, cayó derribado dentro del área. Mateu Lahoz, el mismo que el pasado jueves se inventó un penalti en el Calderón por una falta metro y medio fuera del área, no sólo no apreció pena máxima esta vez, sino que mostró la segunda amarilla a Pablo Álvarez al entender que fingió su caída. De nada sirvieron las protestas de Lotina desde el banquillo. El Dépor se quedaba con diez. Más problemas para el equipo blanquiazul, que aguantó como pudo hasta el descanso con la intención de recobrar el aliento y afrontar la reanudación con la esperanza de aguantar el 0-0.
Y fue lo que hizo, armarse atrás y mantenerse ordenado para neutralizar cada una de las acometidas andaluzas. La primera en el segundo acto la protagonizó Caicedo, quien se adentró en el área y volvió a probar a Aranzubia con un disparo raso que supo atajar el riojano. El Málaga apretaba y poco después fue Duda el que golpeó con violencia el balón, esta vez al poste. El Dépor recurrió a lo que tantas veces le dio resultado, las acciones a balón parado, para meter el miedo en el cuerpo a la afición andaluza tras un córner bien lanzado por Juca. Lopo aprovechó el servicio del brasileño para conectar un cabezazo que estuvo a punto de convertirse en el 0-1. Pero el Málaga quería más y su técnico, López Muñiz, se la jugó inyectando desde el banquillo más pólvora ofensiva dando entrada a Obinna, primero, y Baha, después.
Cargaba su ataque Muñiz, pero con el paso de los minutos su equipo empezó a contagiarse de la ansiedad que había en la grada. El Málaga tenía una oportunidad de oro para abrir brecha con respecto al pozo del descenso, donde habitó durante buena parte del campeonato. Venía de ganar en el Vicente Calderón y otro triunfo consecutivo sería un paso de gigante hacia el objetivo de la permanencia. Lo sabía Muñiz, lo sabían sus jugadores, y también lo sabía la grada. El público llevó en volandas a los suyos hasta el final, pero el partido enfiló su último cuarto de hora con el 0-0 inamovible, toda una losa para el equipo que estaba en superioridad.
El Dépor, a lo suyo, seguía siendo un ejemplo de solidaridad. Es su gran virtud, el trabajo, y ayer volvió a demostrarlo en una segunda parte en la que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para aguantar el resultado. Hasta pudo llevarse los tres puntos si Riki no llega a cruzar demasiado su remate final desde dentro del área. El madrileño entró con ganas al campo, dispuesto a distraer al Málaga con sus escarceos, y lo consiguió. No hubo tiempo para mucho más, sólo para una caída de Caicedo dentro del área. Mateu Lahoz paró el juego, pero sólo para mostrar una tarjeta amarilla al delantero ecuatoriano. Esa acción, más una tángana al final del encuentro, fueron las últimas pinceladas de tensión para un partido del que el Dépor sale reforzado gracias al efectivo blindaje al que recurrió en La Rosaleda.
Realizó varias paradas de mérito, aunque se complicó con los pies en un par de ocasiones.
Demostró que el lateral derecho es su puesto natural. Cumplió su objetivo de secar a Duda.
Casi siempre bien colocado. Se afianza cada vez más en su puesto con el paso de los partidos.
Sufre como improvisado lateral izquierdo. Otro experimento sin éxito para suplir a Filipe.
Todavía le falta ritmo competitivo, pero tiene oficio, carácter y un gran golpeo de balón.
Se multiplicó cuando el equipo se quedó en inferioridad numérica. Casi siempre tiene buen criterio.
Otro que trabajó a destajo con uno menos. Ayudó todo lo que pudo atrás, pero sumó menos arriba.
No estaba desentonando hasta que Mateu Lahoz lo expulsó de forma injusta.
Tampoco brilla en la izquierda. La Rosaleda lo despidió con una ovación por su pasado malaguista.
Supo jugar de espaldas y de cara. Oxigenó a sus compañeros. Demostró que puede sumar.
Entró para aportar dinamismo en la izquierda. También ayudó atrás. Se dejó ver.
Muy participativo. Creó peligro durante el poco tiempo que tuvo. Casi marca con la derecha.
Nunca falla. Pese a jugar mermado por las secuelas de una gastroenteritis, volvió a liderar la zaga. En su línea de regularidad.