MARIO D. BRAÑA
Como ha ocurrido en los últimos seis años, el día después de la eliminación europea del Madrid fue duro. Pero, si cabe, esta vez más. Porque el 22 de mayo de 2010 es una fecha marcada a fuego en el calendario blanco y, especialmente, en el de su presidente, Florentino Pérez. Sus propagandistas, numerosos, se habían cansado de anunciar el advenimiento de la segunda etapa con una misión fundamental: llevar al equipo a la décima Copa de Europa en su estadio, el Santiago Bernabéu. La aureola mesiánica de Pérez y más de 250 millones de euros parecían garantías suficientes. Pero en el fútbol, de momento, no gana sólo el dinero. Ganan los equipos.
En los 180 minutos de la eliminatoria, el Olympique de Lyon fue más equipo que el Madrid. Le faltaban dos jugadores clave en las últimas temporadas, Juninho y Benzema, pero su fucionamiento colectivo, en líneas generales, fue modélico. Pudo no ser suficiente si los rematadores del Madrid, especialmente Higuaín, hubieran hecho lo que les tocaba. Pero Higuaín falló tres mano a mano con Lloris, uno en Lyon y dos en la primera parte del partido del miércoles.
Al Madrid pudo bastarle con la primera media hora para saldar una deuda camino de ser histórica. Mientras le duró el resuello a Guti, el equipo de Pellegrini fue muy superior a su rival. Tanto, que nadie echó de menos a Xabi Alonso, sancionado. En cuanto se apagó el 14, el Olympique de Lyon se adueñó del centro del campo y fue minando el precario equilibrio del rival, un equipo poco hecho. El futuro del Madrid quedó en manos de sus lujosas individualidades, tantas veces decisivas. Once suelen ganar a uno, aunque se llame Cristiano Ronaldo.
Guti denunció ese individualismo a pie de campo, con el cadáver europeo del Madrid todavía caliente. La gente empezó a señalar, pero lo más probable es que Guti quisiera resaltar la importancia de jugar en equipo. Y, claro, cuando se llega a ese punto es inevitable hablar del entrenador. De Pellegrini.
Como todos los entrenadores de Florentino Pérez, el chileno tiene la sensación de ser un mal necesario, un simple alineador de los futbolistas que le suministran el presidente y Jorge Valdano. A Pellegrini no le consultaron para cerrar los fichajes y, además, la cúpula del club ignoró su petición para mantener en la plantilla a Robben y, sobre todo, a Sneijder. El miércoles brillaron sus razones: sancionado Xabi Alonso y fundido Guti a la media hora, el Madrid se partió por el eje. Granero, y Van der Vaart después, no pudieron tomar el relevo. A Lass hace tiempo que ya nadie le espera.
Por poner, desde el miércoles se pone en duda hasta la preparación física del Madrid. Guti aparte, los protagonistas del chasco europeo fueron casi los mismos que arrollaron en el segundo tiempo, cuatro días antes, al Sevilla, uno de los equipos más fuertes físicamente de la Liga. Pero el Sevilla, con 0-2 a favor, lo fio todo a su defensa; y el Olympique, con 1-0 en contra, decidió pelear la eliminatoria a partir del centro del campo. El técnico francés llenó la media y no encontró réplica de un Madrid que fue sólo defensa y ataque.
En la Liga, al Madrid le suele alcanzar con el intercambio de golpes. Cuando la categoría del rival aumenta, ya hay más dudas. También por ahí fue el análisis de Guti: "La verdad es que en los partidos grandes no hemos dado la talla". Y eso que, en teoría, el Lyon fue el rival más accesible en los octavos de final de los últimos seis años. La mala racha europea empezó con un clásico como el Juventus en 2004-05 y siguió con clubes tan prestigiosos como Arsenal, Bayern, Roma y Liverpool.
Al Madrid también le pudo perder el exceso de confianza. A los cinco minutos tenía igualada la eliminatoria con un Bernabéu enfervorecido y un rival asustado. Pero el Olympique se levantó. El autor del gol del empate, Pjanic, explicó por qué: "Nos motivaron sus soberbias declaraciones en la prensa antes del partido sobre los goles que nos iban a meter". Lisandro y Delgado se lo recordaron a Sergio Ramos en los vestuarios. Y estuvo a punto de haber más que palabras.