RUBÉN D. RODRÍGUEZ | A CORUÑA
Al aficionado le resultará feo el triunfo del Fabril sobre el Cerceda (1-0), la victoria del segundo de la Liga frente al líder, al que se le acerca a un punto a ocho jornadas del cierre del torneo regular. Pensará incluso que es poco propio de un filial renunciar con tanto descaro al manejo del balón y recurrir al cerrojazo y al despeje en largo a veinte minutos del pitido final. Admite el Fabril, a través de su técnico, que esta vez, con motivo de la visita de un rival cargado de veteranía y dinamita en su carné de identidad, cambió de estrategia y de disfraz, prefirió encontrar resquicios entre sus adversarios con envíos contados que propiciasen contraataques y protegerse bien guardado ante su portero. No jugó un vistoso partido el Fabril, pero sí inteligente y, visto lo visto, provechoso. Tampoco el Cerceda fue un rival tan superior como para salir eufórico y más distanciado de Abegondo. Puede lamentar además el conjunto de Suso Moure que se tropezó dos veces con un espléndido Marcos Valín, que con dos despejes espectaculares, uno en cada periodo, defendió el triunfo del Fabril.
Con la línea de cuatro defensas a la altura del círculo central, el Cerceda atrapó a los puntas fabrilistas en varios fueras de juego, muy discutido uno de Chirri con cuarenta metros despejados ante el portero Cristofer. Por eso el filial no halló sitio para crear peligro salvo en dos fogonazos, uno en combinación de Luis Ángel con Joshua que interrumpió el guardameta y otro que terminó en gol. Añón enfiló con velocidad de diablo la portería por la banda izquierda y batió a Cristofer de disparo cruzado.
El Cerceda había amenazado más, sobre todo por medio de Franqueira y de Óscar, que tanto en la primera como en la segunda parte desviaron siempre la puntería o se encontraron con la camiseta fluorescente de Valín. Xaco tampoco remató bien a pase de Bautista cuando Chirri pedía el cambio en la banda por un pinchazo muscular.
Con más empuje tras el descanso, el Cerceda embotelló al Fabril, mientras el entrenador de los cachorros blanquiazules perdía la voz desde el banquillo pidiendo orden. Imprecisos en el despeje y con dudas con el balón en su poder, los fabrilistas conservaron la ventaja, con el gigante Karl para proteger más la defensa y Valín, prodigioso, en una estirada a disparo de Óscar.