XOSÉ MANUEL MALLO | A CORUÑA
Hace una semana el Deportivo celebraba la consecución de un punto en Sevilla. Festejaba el empate y el espectacular juego que había desarrollado sobre el Sánchez Pizjuán, donde firmó uno de los mejores partidos de la temporada. Ayer hizo todo lo contrario, jugó uno de los peores de todo el curso, que acabó con derrota por dos goles, y menos mal, aunque el rival se llevó más de lo que mereció. Seguro que tampoco puede dar mucho más. Una derrota que aparta al cuadro coruñés de los puestos europeos, en los que estuvo veintidós semanas consecutivas. Fue una derrota forjada en la ausencia de centro del campo, en la falta de un patrón que mandase en esa zona y en la falta de creación. En todo el partido, los deportivistas no tiraron ni una sola vez a portería. En la primera parte todavía se acercaron en alguna ocasión; en la segunda, Justo Villar, portero pucelano, sólo tuvo que intervenir en el minuto 90 para atajar un centro de Pablo Álvarez. Es la conclusión de un partido muy pobre, en el que los coruñeses se ahogaron en sus propias miserias, entiéndase como tal las circunstancias en forma de bajas continuadas. Hasta ahora fue sobreviviendo, pero ayer sucedió lo que hace tiempo podía pasar. El esfuerzo se paga; las ausencias en un equipo con escasos recursos, todavía más.
Eso que al principio la cosa pintaba bien. Los coruñeses salían con nitidez a la contra. Llegaban así más fácil que tratando de hilvanar jugada. El mediocampo estaba poblado de pucelanos y apenas encontraban hueco para hacer circular la pelota. Zé Castro puede cumplir en el pivote, pero la falta de hábito se nota en determinados momentos, sobre todo en la ocupación de espacios y cuando hay que hacer circular rápido el balón. De eso se encargaron, del medio hacia arriba, Juan Domínguez, Lassad y Adrián, protagonistas de las más brillantes acciones sobre la portería de un inactivo Justo Villar.
Llegaban al área los hombres de Lotina, pero ahí se ahogaban todos sus intentos. En los primeros cuarenta y cinco minutos sólo dos ocasiones tuvieron para anotar. La primera fue de Juan Rodríguez, que recibió en la zona de remate un servicio de Domínguez, pero el malagueño no engatilló y se fue al suelo intentando no se sabe qué; la segunda fue un cabezazo de Colotto al lanzamiento de córner de Zé Castro, pero la pelota tropezó en Lopo cuando parecía que iba dentro de la portería.
Escaso bagaje ofensivo el de los blanquiazules, algo habitual, y buen trabajo defensivo que contuvo casi todo, aunque la zaga cedió un par de oportunidades a los vallisoletanos. En la primera Borja perdonó lanzando por encima de la portería; en la segunda Nauzet fusiló tras un primer paradón de Aranzubia. Había que remar de nuevo contra corriente. Como en anteriores partidos. Faltaban remeros.
Con todo, el equipo se mantiene a las puertas de la zona noble de la clasificación pese a las adversidades, y ayer quiso luchar para mantener la posición de privilegio o intentar subir un peldaño más. Pero luchó sin apenas armas y las pocas de que dispuso las utilizó muy mal. La prueba es que los futbolistas locales jugaron a merced de un adversario que se debate en la zona baja de la tabla. El Valladolid hizo poco, pero suficiente para que los blanquiazules se pasasen el partido corriendo detrás del balón, sin sitio y sin ideas las pocas veces que intentaron acercarse a la portería. El tridente Juan Domínguez, Lassad y Adrián funcionó en la primera parte. En la segunda faltó el franco-tunecino y algo más pareció faltar.
El cuadro coruñés adoleció de mando en el centro del campo, sin control apenas hay balón y sin balón no hay oportunidades de gol. Así de sencillo. Para paliar todos los males que aquejaban a su equipo, Lotina le pegó una lavado de cara al once. Prescindió de Valerón y Zé Castro. Colocó a Juan Rodríguez y Juan Domínguez en la medular, con Bodipo y Mista, los recién entrados, en la punta. De poco sirvió. Los pucelanos siguieron mandando y hasta fueron capaces de poner la puntilla al encuentro.