Z. REGUEIRO / M. VARELA | A CORUÑA
Con el descenso del Deportivo, el deporte en A Coruña pierde a uno de sus principales baluartes y ya sólo quedan tres equipos que disputen su máxima competición nacional, aunque paradójicamente los tres son un referente. Es el caso del Liceo, campeón de Europa, del CRAT de rugby femenino, segundo en la liga, y del modesto Club Pelota Coruña, que acaba de ganar el Campeonato de España. Después de ellos hay un enorme vacío. Ni siquiera hay casi clubes en la antesala de la división de honor. Los únicos son el Viaxes Amarelle y el propio Dépor, así como el Cerceda y el Órdenes de hockey sobre patines. En baloncesto, el conjunto herculino milita en la tercera categoría, igual que en balonmano, fútbol sala, voleibol o hockey hierba. Los datos resultan todavía más dolorosos si se comparan con el estado del deporte en otras ciudades de una población similar a la coruñesa como Valladolid o Vigo, con ocho equipos en la elite cada una.
A la capital de Castilla y León, sólo le falla el fútbol para tener representación en las cuatro ligas de mayor importancia (fútbol, baloncesto, balonmano y rugby). Como consuelo tiene al Blancos de Rueda en ACB, al Cuatro Rayas en Asobal, dos conjuntos punteros de rugby (Quesos Entrepinares y Cetransa El Salvador), otro de tenis de mesa femenino (Collosa), presencia en la Superliga femenina con el Rayo Simancas, conjunto de pelota (Íscar) y al campeón de Europa de hockey línea, el Dismeva.
Un caso parecido es el de Vigo, que ha vivido esta temporada los ascensos del Octavio en balonmano, del Iveco en rugby y de El Olivo en fútbol femenino. Además cuenta con uno de los equipos con más solera del baloncesto femenino (Celta Indepo), con el Vigo Stick en hockey sobre patines femenino, el Uorsa Vigo de voleibol, el Anfiv de baloncesto en silla de ruedas y el Halcones de béisbol.
¿Por qué estas diferencias con A Coruña? Tres razones fundamentales: el escaso apoyo financiero, falta de infraestructuras y trabajo desencaminado con la base.
. Crisis económica. Los equipos coruñeses lo tienen claro:" no hay un duro". Los clubes tienen elevados costes derivados de fichas de jugadores, alquiler de instalaciones, pago de arbitrajes, kilometraje por desplazamientos, material y demás gastos de la actividad deportiva. Únicamente con los ingresos de socios es insostenible mantener categorías donde, en muchos casos, las federaciones nacionales imponen complicadas condiciones y costosos avales. La empresa privada y las propias instituciones, en el pasado mecenas del deporte, han ido progresivamente cerrando el grifo de subvenciones lo que ha supuesto un importante revés para los clubes, que pierden una importantísima fuente de ingresos.
"Cuando al que no tiene nada le quitas ese poco que tiene, lo matas", dice Eduardo Lamas, presidente del Hockey Club Liceo. "Es tan fácil como mirar el presupuesto de cada ciudad en deportes. En Vigo es muchísimo más elevado y por eso tiene otra realidad deportiva. Ahora hay un gobierno municipal nuevo y hay que darle confianza. Sabemos que la situación no es buena y somos realistas, pero sin su ayuda, nos morimos", añade y aporta salidas: "Para mí, un equipo deportivo es un embajador de cada ciudad y por eso hay que invertir en él. Y a nivel de empresas, en A Coruña tampoco hay un tejido empresarial que nos ayude, por eso tendrían que buscar una solución definitiva, pero ya a nivel autonómico, que anime al sector privado a invertir en el deporte".
Más o menos en los mismos términos se explican sus homólogos del resto de clubes herculinos. "Hace falta mucho dinero. Al final, estamos en una economía de subsistencia, de guerrilla", dice Pablo Aguirregabiria, entrenador del OAR de balonmano, a lo que el presidente del CRAT, Alfredo López, aporta que "para poder pasar a profesionales hace falta fichar a jugadores de nivel" y con las ayudas que tienen "no es suficiente". "La aportación pública y privada es minimísima, pero también porque la sociedad de A Coruña no sabe valorar a sus equipos", dice, por su parte, Susana Lousame, del Maristas.
. Infraestructuras. A nivel general, casi todos los equipos están contentos con las instalaciones deportivas de la ciudad, salvo con dos objeciones: un pabellón medio, sin que sea de tanta capacidad como el Coliseum o el Palacio de los Deportes ni tan pequeño como el resto, y la ausencia de un campo para practicar el hockey hierba. "Nuestro caso es clarísimo, no podemos estar más arriba porque no tenemos campo. Así es imposible. Estamos en A Torre con lo que hay, ni siquiera tenemos porterías. El proyecto ya está aprobado desde 2005 y se iba a licitar en julio, pero ahora el nuevo gobierno tiene que mirar si se puede hacer. En otras ciudades incluso tienen más campos que equipos. La situación es desesperada. O se hace el campo, o desaparecemos", denuncia Javier Franco, presidente del Athletic Coruña. Otras cuentes pendientes son las pistas de atletismo (desde que se quitaron las del estadio de Riazor el deporte rey se ha quedado bajo mínimos) o resolver el conflicto existente para que los nadadores más destacados de la ciudad puedan entrenar en la piscina de 50 metros.
. Trabajo con la base. "Interesa mucho fomentar el deporte base, pero se podía articular de una manera diferente", explica Alfredo López, del CRAT. Jorge Barrero, entrenador del Zalaeta de voleibol, e implicado en el mundo del deporte desde hace ya 15 años, opina igual: "A nivel de base no estamos mal, incluso mejor que otras ciudades. Pero si no hay un equipo puntero, en el que los chicos se vean reflejados, es muy difícil mantener esa política de apoyar a la base. Falta continuidad". Susana Lousame, alma máter del Maristas, hace un llamamiento a la unidad: "Es cuestión de sumar. Si nos juntásemos todos nos iría mucho mejor. En categorías inferiores tenemos el acuerdo BCA y está funcionando muy bien".