Polideportivo

Enganchados al mar de Hércules

Los coruñeses César Lamas y Mariano Codesido, el vigués Aitor de Luis y el buenense Jesús Pérez son los únicos que han completado las ocho ediciones de A Coruña 10.000

02.10.2015 | 01:24
Mariano Codesido, Aitor de Luis, César Lamas y Jesús Pérez, el pasado sábado en la comida de la travesía tras su octava participación.

"Despois de nadar todos estes anos polos mares de Hércules dinme conta de que o mar é poesía e liberdade, e as rochas falan de antigas historias milenarias e dos misterios que se atopan no fondo das furnas". Es parte de las reflexiones que Jesús Pérez hizo durante las cuatro horas y media -fue penúltimo- que estuvo en el agua en A Coruña 10.000 y que trasladó al poema que leyó durante la comida posterior de confraternización. Sus poesías forman parte de la tradición de la prueba. Pero también él. Porque este buenense forma parte, junto al vigués Aitor de Luis y los coruñeses César Lamas y Mariano Codesido, de los cuatro magníficos que han completado las ocho ediciones de la travesía. Y mientras el cuerpo aguante, todas las que vengan por delante. Porque por su recorrido y por su dureza, el mar de Hércules engancha. Suman 80.000 kilómetros. El objetivo ahora son los cien mil.

"Para mí es una cita obligatoria. Es la mejor travesía. Y se está ganando a pulso su fama, porque no necesitan ni hacer publicidad. No hay nada parecido", cuenta Aitor de Luis. Y eso que el vigués, de 41 años y que este sábado tardó 3 horas y 12 minutos en finalizar la prueba, organiza su propio maratón acuático, el Desafío de Rande. "La de A Coruña es especial. El recorrido es increíble, pero a mí me engancha por su dureza", continúa. De hecho, en una visita a la ciudad llevó a sus hijos a la Torre de Hércules. En lo alto del faro milenario les enseñó de dónde a dónde nadaba: "Es cuando te das cuenta de la brutalidad de lo que hacemos".

El vigués también destaca el "buen rollo". "En la primera edición conocí a Mariano. Somos amigos y eso que solo nos vemos de año en año en la travesía", explica. "Este año fuimos juntos y Aitor me ayudó en los peores momentos", aporta el coruñés, de 46 años y que hizo una marca un poco superior a la de su compañero: 3 horas y 13 minutos. "Me animé a hacer la travesía por primera vez porque nunca se había hecho nada parecido en Galicia y llamaba mucho la atención, sobre todo lo de nadar por la Torre de Hércules. Y ya me enganché. Está muy bien organizada y hay muy bien ambiente", recuerda. La quinta de las ediciones puso en peligro su permanencia en el exclusivo cuarteto de supervivientes. "Lo pasé muy mal, vomité varias veces, pero por orgullo propio terminé".

Para el también coruñés César Lamas, de 40 años, la primera fue la más dura porque no sabía a lo que se enfrentaba y no estaba todo lo en forma que le gustaría. "Fue una incertidumbre de ritmos. Recuerdo llegar al dique y pensar: 'A ver cómo hago yo ahora para llegar con dignidad'. Se hace muy duro", explica. Es amateur, pero terminar una prueba de este tipo requiere un entrenamiento. Nada varias veces a la semana en la piscina y a partir de agosto hace tiradas largas en el mar. "Cada año intento superarme y hacerlo un poco mejor. Es mi motivación". Su mejor marca es de 2 horas y 40 minutos. En 2015 superó por un minuto las tres horas.

Del recorrido coinciden en que la primera parte pasa rápido. Punta Herminia es la zona que se suele atragantar. Y después viene la trampa. El muro llega a la entrada del Dique de Abrigo. Hay que estar preparados psicológicamente porque parece que la meta está a la vuelta de la esquina y todavía quedan tres kilómetros. El aliento del público en el puerto les ayuda a afrontar la recta final, con la motivación de, al terminar, tomar el chocolate y comentar con los amigos las anécdotas de la carrera.

Porque el mar une y también el esfuerzo. La prueba es de una dureza extrema. Aunque oficialmente son 10.000 metros. Los participantes hablan de que sus GPS les marcan de 11.500 para arriba. Pero además, cada año es una aventura nueva. Hasta pocos minutos antes de la prueba nunca se sabe si se va a poder hacer el recorrido principal o hay que recurrir a los alternativos, como ocurrió en dos ocasiones. Las corrientes le ponen la guinda, lo mismo que la temperatura de finales de septiembre, el problema de la orientación y la soledad del nadador en el agua. Por eso el compañerismo es tan importante. Y por eso volverán cada año. El último fin de semana del mes de septiembre está marcado en rojo en sus calendarios.

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