La canción de esclavos de la que se apropió el rugby por casualidad

Un grupo de niños provocó que los aficionados ingleses adoptasen hace más de dos décadas como himno oficioso un cántico procedente de la música espiritual negra

12.10.2015 | 00:31
Chris Oti consigue uno de los ensayos en el encuentro de 1988 ante Irlanda.

Inglaterra vive una de las mayores tragedias de su deporte tras la eliminación de la selección de rugby del Mundial que organizaban. Por primera vez en la historia el anfitrión se queda fuera de los cuartos de final, algo difícil de digerir en ese país. En el partido del sábado, por primera vez en mucho tiempo, sus aficionados aparcaron el Swing Low, Sweet Chariot, el himno oficioso de su rugby y que suele asomar cuando las cosas sonríen al XV de la Rosa. Una canción que llegó a este deporte por una simple casualidad.

Hace más de dos décadas que el rugby inglés adoptó como himno oficioso una envolvente canción procedente de la música espiritual americana y a la que los aficionados recurren siempre que las cosas le funcionan al XV de la Rosa. Aunque con el tiempo se ha ido corrompiendo esta máxima, el Swing Low, Sweet Chariot es símbolo de triunfo y felicidad. El sábado no sonó en Twickenham. El templo del rugby inglés aparcó la melodía que les ha acompañado en las grandes tardes. Por primera vez en la historia del Mundial, el anfitrión se queda fuera de los cuartos de final. Una bofetada para la tradición y el orgullo inglés, el único país del norte que ha sido capaz de llevarse a casa el trofeo, reservado tradicionalmente para los gigantes del sur. Justificado motivo por el que el himno se reservó para mejor ocasión.

Para encontrar el origen de la canción hay que remontarse a la primera mitad del siglo XIX. Uncle Williams y su mujer Minerva eran dos de los esclavos que trabajaban en la propiedad de un terrateniente del estado de Mississippi llamado Brett Willis, quien por las tardes enviaba a la pareja a limpiar en la escuela de la comunidad. Allí llevaron las canciones que Williams componía en sus horas en la plantación y que cantaba a todas horas. No tardaron en popularizarse entre los niños lo que permitió que se extendiesen con cierta facilidad por todo el estado. Una de estas canciones espirituales era el Swing Low, Sweet Chariot.

"Balanceándose despacio, dulce carro/Viene para llevarme a casa/ Miré hacia el Jordán y ¿qué es lo que vi?/ Viene para llevarme a casa/Un grupo de ángeles viene tras de mí/Viene para llevarme a casa/Si llegas antes que yo/Viene para llevarme a casa/Di a todos mis amigos que estoy llegando/Viene para llevarme a casa".

La canción compuesta por Williams cobró mayor relevancia en un tiempo en el que funcionaba en el sur de Estados Unidos una organización (la Undergroung Railroad) dirigida por cuáqueros que se dedicaban a liberar esclavos y conducirlos hacia el norte. Para su cometido acostumbraban a valerse de carros en los que llevarlos de un refugio a otro y utilizaban caminos poco transitados. Mucha gente vio en la letra de esta canción un claro guiño a esta práctica, lo que disparó su infinita popularidad. Una vez abolida la esclavitud la composición de Uncle Williams se mantuvo como una de las favoritas de la comunidad negra y de sus sesiones de cánticos espirituales. The Fisk Jubilee Singers fueron los primeros en grabar el tema en un disco a comienzos del siglo XX y a partir de ahí se sucedieron un montón de versiones diferentes y nombres legendarios de la música la incorporaron a sus repertorios. BBKing, Etta James, Louis Armstron, Johnny Cash, Elvis Presley, Eric Clapton?la dimensión del Swing Low, Sweet Chariot ya era gigantesca.

Falta por resolver cómo es posible que una canción espiritual nacida en las plantaciones del sur de Estados Unidos, cantada por esclavos, acabe por convertirse en el símbolo para los aficionados al rugby ingleses. Para entenderlo hay que remontarse a la primavera de 1988. Inglaterra vivía por entonces una de las peores crisis de su historia y no ganaba el Cinco Naciones desde hacía ocho años. Esa temporada tenían al fin la ocasión de lograrlo. Para ello debían imponerse en la última jornada en Twickenham a Irlanda. La tarde, que se esperaba festiva, no tardó en llenarse de nubarrones por la contundencia con la que el XV del Trébol dominó el primer tiempo y frenó las acometidas de los ingleses. Al descanso se fueron 0-3 aunque la sensación en el estadio es que la diferencia entre ambos equipos había sido mucho mayor. El pesimismo se instaló en el templo del rugby inglés que pareció perder el ánimo. Es como si pesase en exceso la travesía del desierto en la que llevaban ocho años inmersos.

Ajenos al desánimo general y entre bromas y cánticos asistían al partido desde una de las gradas laterales un numeroso grupo de estudiantes del internado que los benedictinos tenían en la abadía de Douaie. Poco después del arranque del segundo tiempo los chicos comenzaron a entonar el Swing Long, Sweet Chariot como minutos antes habían hecho con otras canciones. Al poco tiempo Chris Oti, un ala de origen nigeriano que esa tarde hacía su estreno como internacional con el XV de la Rosa, consiguió el primer ensayo para el equipo inglés. Aquello fue el comienzo de la resurrección. Poco después llegaría el segundo posado de Oti y los alumnos de Douaie volvieron a cantar el mismo tema. Esta vez se unieron más aficionados que estaban sentados cerca de ellos en la grada. Inglaterra se desató a partir de ese momento y se sucedieron los ensayos. La canción sonaba cada vez más fuerte hasta que tras el 35-3 con el que acabó el partido todo el estadio de Twickenham entonaba la canción que siglo y medio atrás había compuesto un esclavo negro y que no resulta descabellado pensar que para los alumnos del rígido internado benedictino tuviese una importante carga simbólica.

La cuestión es que lo que comenzó siendo un intento de un grupo de niños y adolescentes de aislarse del pesimismo que les rodeaba acabó por llevar el góspel al rugby inglés. Desde aquel día el Swing Long, Sweet Chariot asoma cada día que el sol parece salir para los de la Rosa y una melodiosa canción arropa a los jugadores y les recuerda que siempre hay alguien detrás de ellos dispuesto a llevarles de nuevo a casa.

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