Fútbol es fútbol

11 contra 11

11.12.2015 | 01:19

Creo que fue en el partido Nueva Zelanda-Tonga, en el Mundial de Rugby celebrado este año en Inglaterra, cuando escuché a los estupendos comentaristas de Canal + Deportes reflexionar acerca de la idea de respeto en un partido de rugby. Los comentaristas defendían que el respeto entre deportistas exige jugar cada minuto del partido con absoluta concentración e intensidad, con independencia del resultado. Así, Nueva Zelanda le estaba propinando una buena paliza a Tonga, pero los All Blacks seguían jugando sin mirar el marcador porque el respeto, al menos en el rugby, significa eso: jugar como mejor se sabe y puede. Si Nueva Zelanda se hubiera relajado en los últimos minutos, los jugadores de Tonga lo habrían interpretado no como una muestra de piedad deportiva, sino como una intolerable falta de respeto. En fin, el rugby es un deporte con unos códigos muy particulares que los no iniciados respetamos, claro, pero no terminamos de entender muy bien. En el caso del fútbol, y a pesar de que muchos entienden por respeto lo mismo que defendían los comentaristas del partido Nueva Zelanda-Tonga, algunos opinamos que si un equipo busca con todas las ganas el sexto gol cuando gana 5-0 no estamos ante una falta de respeto al rival, pero sí ante un gesto feo. Si el sexto gol cae como fruta madura, vale; pero si el sexto gol llega tras un asedio sin piedad a la portería rival, rechina. Y todo esto viene a cuento de la decisión de Luis Enrique, entrenador del Barça, de jugar con un jugador menos los últimos minutos del partido de Copa ante el Villanovense para no arriesgar a sus jugadores a una lesión tras la retirada del terreno de juego de Mathieu.

¿Faltó el respeto el Barça al Villanovense cuando Munir, Sandro y compañía buscaron marcar el sexto gol a pesar de que un 5-0 ya dejaba clara la eliminatoria? Creo que no, y no sólo porque Munir y Sandro necesitaban reencontrarse con el gol, sino porque el sexto gol del Barça cayó como cae la fruta madura, y no como tras un asedio sin piedad. ¿Faltó el respeto Luis Enrique al Villanovense cuando renunció a sustituir a Mathieu para que los jugadores del banquillo no corrieran riesgos, a pesar de que de esa manera el Barça jugaría varios minutos con un futbolista menos? Creo que sí. También creo que Luis Enrique no pretendió ofender ni al entrenador, ni a los jugadores, ni a la afición del Villanovense, pero la cuestión no es ésa. La cuestión es si el respeto al rival incluye asumir riesgos propios. Es posible que algunos no seamos capaces de seguir el vuelo de las ideas de Luis Enrique, como le sucedió a Temístocles cuando intentó resolver problemas en Atenas cuya profundidad real sólo pudieron entender los atenienses de las generaciones posteriores, pero la cortedad de miras no siempre es un defecto. Luis Enrique pensaba en los compromisos del Barça que vienen, mientras que algunos aficionados sólo pensábamos en la cara que se les quedó a los jugadores y técnicos del Villanovense cuando vieron que el Barça prefería jugar con 10 a hacer un cambio. Temístocles habría dado la razón a Luis Enrique, pero no todos podemos ser Temístocles.

No se trata de portarse con los demás como quieras que los demás se comporten contigo, de manera que hay que jugar siempre con 11 jugadores si quieres que los demás equipos no te humillen jugando con 10, sino de actuar conforme a máximas deportivas que se puedan querer que se conviertan en leyes universales. Y parece que la decisión de Luis Enrique no es universalizable. Si un acto futbolístico pone mis intereses y circunstancias especiales por encima de los intereses y circunstancias de los demás cuando los intereses de los demás no pueden dañar los míos, ese acto no puede ser universalizable. Los intereses y circunstancias del Barça y del Villanovense en los últimos minutos de un partido absolutamente decidido no tenían nada que ver con el resultado: Luis Enrique puso sus intereses (que ningún jugador "importante" se lesionara) y circunstancias especiales (la eliminatoria ya estaba decidida) por encima de los intereses (jugar ante un equipo grande con dignidad) y circunstancias especiales (no es fácil que un equipo de Segunda B juegue un partido en el Camp Nou) del Villanovense. El fútbol es un deporte de 11 contra 11. Desde ahora, y para siempre, esa frase tiene un significado ético.

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