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Crónica de un adiós esperado

La afición del Liceo llora a Jordi Bargalló después de que el capitán confirmara su marcha tras doce temporadas pese a que su ilusión era retirarse como verdiblanco

13.02.2016 | 01:11
Jordi Bargalló celebra un gol en un partido contra el Barcelona disputado en el Palacio de los Deportes de Riazor.

"Queridos liceístas, os comunico con mucha tristeza que esta va a ser mi última temporada en el Liceo". Con estas palabras confirmaba Jordi Bargalló lo que en las últimas semanas era un secreto a voces, que sus horas en A Coruña tienen fecha de caducidad. Lo esperado de la noticia no evitó el dolor entre la afición liceísta. No se va uno cualquiera. Lo hace el capitán. Un jugador que lo ha dado todo -y lo seguirá dando hasta final de temporada- por la camiseta del equipo coruñés. La insignia del club durante doce años. El ejemplo para las nuevas generaciones. Porque el valor de Jordi Bargalló va mucho más allá que el del mejor, o uno de los mejores, jugadores del mundo de hockey sobre patines. El desencuentro con el club por su renovación le impedirá cumplir su sueño de retirarse con la camiseta verdiblanca. Un corazón roto que seguirá latiendo para intentar ganar los tres títulos que todavía están en juego y en los que el Liceo, una vez más, será favorito en gran parte gracias a su juego.

La decisión estaba tomada desde hace cinco semanas. Decirla en voz alta y comunicarla significaba terminar de creerse que su futuro estará lejos de A Coruña. La mañana de ayer fue dura para él y su familia. Pero con el comunicado decidieron acabar con las especulaciones. "Las negociaciones con el club no llegaron a buen fin", comentó con elegancia Bargalló. No se metió a explicar si fue él el que decidió cambiar de aires o si le abrieron de par en par las puertas de salida. Lo que nunca se había cansado de decir el capitán era que su deseo era seguir en una ciudad que ya considera la suya. Ya había rechazado ofertas con anterioridad. La primera opción siempre pasaba por el Liceo. Nunca ocultó su amor, sus ganas de quedarse en la estructura del club, bien en categorías inferiores, su preferencia, o para ser el relevo de Carlos Gil en el banquillo.

El club asegura que no podía hacer frente a la oferta que le llegó desde Portugal, donde la economía pudiente de algunos equipos está provocando la emigración de muchas estrellas. A Pedro Gil, por ejemplo, lo sitúan en el Sporting junto al entrenador Guillem Pérez y Sergi Miras. Para el Oliveirense, además de Bargalló, también suena el coruñés Pablo Cancela. Las redes sociales no tardaron en responder. Los mensajes de apoyo y de despedida se sucedieron uno tras otro, pero también el apoyo de la afición liceísta, que llora la marcha de su ídolo pero que le desea lo mejor allá donde vaya. Si es a Portugal, no será muy lejos. Aunque también llegaron ofertas de Italia, el Oliveirense luso parece el ganador de la puja por el goleador de Sant Sadurní d'Anoia.

"Os pido disculpas si creéis que no es el momento de anunciarlo pero no quiero alimentar la polémica ahora que estamos vivos en las tres competiciones. Ahora solo os pido que unamos nuestras fuerzas para seguir luchando por ganar. Aprovechemos al máximo para disfrutar hasta final de temporada junta directiva, equipo y afición. Siempre verde y blanco", finalizaba el comunicado. Ahora a Jordi Bargalló le quedan cuatro meses para seguir engordando su palmarés deportivo. Una despedida por la puerta grande dentro y fuera de la pista. No por la de atrás, como otras estrellas verdiblancas. Martinazzo, Facundo Salinas, Willy Duarte, Ramón Canalda, José Luis Huelves. Kiko Alabart... una larga nómina de mitos de los que Bargalló era digno heredero y a quien se unirá para siempre en la historia del Liceo.

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