Hockey sobre patines

Un perfeccionista para el Alcobendas

Martín Rodríguez cambia la portería del Cerceda por la del equipo madrileño: "Tomar la decisión de marcharme es lo más complicado que he hecho en la vida"

17.06.2016 | 12:46
El portero Martín Rodríguez posa en María Pita.

Con 21 años, Martín Rodríguez (A Coruña, 1994) se atreve a dar el salto y se marcha a triunfar a Alcobendas. Nunca ha tenido prisa porque el tiempo es esencial para el que es portero de OK Liga, estudia Derecho y prepara unas oposiciones para Policía Nacional. "Me gusta ir poco a poco. Yo he escogido mi camino. Podría haberlo hecho de otro modo, pero salió así", reflexiona sobre lo que ha sido hasta el momento su carrera, con sus dos temporadas en el Cerceda en la máxima categoría del hockey sobre patines nacional como principal aval. Su perfeccionismo le ha ayudado a mejorar; su carácter, a lidiar con la incertidumbre de no saber si iba a jugar hasta el día anterior del partido; y los consejos de José Luis Huelves y su compañero Willy Domínguez pusieron el resto. Un cóctel triunfador que se enfrenta ahora al reto de explotar lejos de casa.

"Tomar la decisión de marcharme es lo más complicado que he hecho en mi vida. Tardé muchísimo. No sabía qué hacer. Nunca me habían llamado de fuera. Las condiciones eran buenas y se mostraban muy interesados en mí, pero tenía mis dudas", confiesa. Le ayudaron a dar el paso sus padres y su novia, también la presión de Gonzalo Pérez. El asturiano y el coruñés compartieron vestuario en el Cerceda. El fichaje del hermano del liceísta Toni Pérez por el Alcobendas tras conocerse su ascenso a la OK Liga fue una de las claves. "Entre todos me acabaron convenciendo. Me voy muy contento y muy tranquilo, creo que me va a ir bien", sentencia.

Lo más difícil, "decir adiós al grupo del Cerceda": "Somos una familia y me llevo amigos para toda la vida. Siempre miramos unos por otros. Es lo que peor llevo, no volver a entrar en ese vestuario. Y lo que más miedo me daba de marcharme, de encontrarme en un vestuario y no sentirme tan arropado como en el del Cerceda". Nunca hubo malas caras, comenta, ni aunque le metieran once goles. Para recriminarse, se llega él mismo. "Soy el que más me exijo. Ya pueden venir los compañeros a decirme que muy bien, que como yo piense que no, es que no. Me pasó contra el Shum. Ganar nos puso las cosas de cara para la permanencia pero yo no pude disfrutar porque creía que no me había salido bien", desvela. "No me lamento de los goles en específico. Me llevo un general del partido y como no me guste... me tienen que aguantar mis padres toda la semana. Soy muy cabezota", añade.

El año que viene, tanto el Alcobendas como el Cerceda lucharán por el mismo objetivo, la permanencia en la OK Liga. "Será muy raro y muy difícil jugar en el González Laxe, porque aunque esté fuera va a seguir siendo una casa pasa mí. Ahora mismo ya firmo que nos salvemos los dos y con las mejores posiciones posibles", dice. Y eso que su llegada al equipo rojiblanco fue casi de casualidad. Después de ganar medallas en categorías inferiores, se fue al Compañía de María para jugar la Liga Gallega. Pero el destino le tenía reservado otro papel. "Se marchó Neto y Copa me llamó. En pretemporada, Willy se lesionó por tres meses. Y de repente me veo en mi primer partido de OK Liga y contra el Vic...", recuerda. Con sus actuaciones se ganó la confianza del entrenador, que no tomó partido por ninguno de los dos guardametas. Cada semana se tenían que ganar el puesto e iban alternando: "Te acabas acostumbrando a la situación porque Copa te dice las cosas claras y además Willy es un tío con el que merece la pena compartir la portería. La competencia siempre ayuda".

De hecho, señala a Willy Domínguez como una de las personas que más le ha enseñado. "Aprendí mucho de él. Ya me había entrenado cuando yo era infantil. Como compañero, me ayudaba a templar los nervios antes de los partidos y también me daba consejos sobre por dónde tiraban los jugadores del equipo contrario los penaltis y las faltas directas. ¡Siempre acertaba!", elogia al catalán. Pero el maestro más especial siempre será José Luis Huelves: "De él aprendí el sacrificio. Se juega como se entrena y si entrenas duro vas a jugar mucho mejor. Con él di un cambio en mis años de júnior".

El objetivo ahora es ganarse el puesto en el Alcobendas. "Voy sin ninguna idea hecha de si voy de primer o segundo portero. Pero también con la intención de hacerme con la portería. No quiero un año en blanco", reconoce. La titularidad y buenas actuaciones regulares podrían permitirle cumplir uno de sus sueños: vestir la camiseta de la selección española: "Es una espina que tengo clavada desde las categorías inferiores. Fui a los controles de la selección y al final siempre eligieron a otros por delante de mí".

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