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Gerard Piqué como síntoma

El central adelanta el anuncio de su adiós a la 'roja' agotado por las polémicas

11.10.2016 | 01:00
Gerard Piqué, en el partido contra Albania.

Piqué había tomado la decisión de abandonar la selección hace tiempo. El horizonte del Mundial de Rusia en 2018 le parecía el momento ideal. Con 31 años, una colección de títulos en la hoja de servicios y tres mundiales a las espaldas, parecía un momento ideal de dar el relevo y gestionar con más tranquilidad sus últimas temporadas en el Camp Nou. Pero una polémica absurda, otra más, le llevó a acelerar un anuncio que tendría que haber sido más solemne y no producto de una reacción tan visceral como comprensible. La "gota que colmó el vaso" -como él mismo lo definió- fue el ruido generado por la camiseta con la que jugó ante Albania. Diferentes medios, con la complicidad de las redes sociales, difundieron la idea de que Piqué se había cortado las mangas de la camiseta de la selección para no lucir las bandas roja y gualda que llevaba la prenda como ribete. La situación llegó a ser tan delirante que Piqué se vio en la obligación de aparecer en la zona mixta con una camiseta de manga larga de Ramos para explicar que esa casaca no lleva las bandas con la bandera española. Y en medio de su indignación, aceleró el anuncio de su salida. Una suerte de liberación, un "tranquilos, que ya me voy". Piqué se marcha harto de que cada uno de sus gestos sea sometido al escrutinio de quienes parecen guardar las esencias del equipo nacional y convierten cada uno de sus gestos en un insulto a la soberanía nacional y a la historia. Para el azulgrana cada partido con la roja es un examen de su compromiso, una jura de bandera interminable y en ocasiones una incómoda experiencia que durante años le ha llevado a ser pitado de forma permanente en los campos españoles. Piqué ha sido víctima de su sobreexposición y de haber coincidido en un tiempo de irracional enfrentamiento entre Madrid y Barcelona. A nivel deportivo y político. Piqué daba el perfil perfecto para alimentar ambas contiendas. Porque es un tipo que no se calla, que tiene opinión sobre asuntos a los que otros futbolistas responden con balbuceos y porque no puede negársele cierta facilidad para meter la pata. Su defensa de la celebración de un referéndum en Cataluña, su presencia en la celebración de la Diada o sus piques con el Madrid le han convertido en el objetivo ideal del sector más cerril del españolismo y del madridismo que nunca van a perdonarle su forma de ser.

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