Natación

El método Pereiro llega a Barcelona

El coruñés aspira a todo en el Nacional tras autoentrenarse en solitario en una modesta piscina de Connecticut con solo tres sesiones de agua y dos de gimnasio a la semana

22.11.2017 | 12:04
Óscar Pereiro, con sus dos medallas de oro y una de plata en el Campeonato del Mundo máster de agosto.

Óscar Pereiro (A Coruña, 1991) es el protagonista de un experimento que es el sueño de cualquier nadador. Con la base de su experiencia, primero en Galicia, donde estuvo en el CN Arzúa y en Centro Gallego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra, y después en la Universidad de Bridgeport (EEUU), se autoentrena en solitario en una pequeña piscina de solo cuatro calles y un metro de profundidad, que ni siquiera tiene banderas, de la ciudad donde vive con su mujer e hijo, Unionville, en el estado de Connecticut, en donde también trabaja como ingeniero informático en una empresa de impresión láser. Lo hace a su manera, acuñando un método que se ajusta a sus circunstancias personales. Pocos días. Menos metros. Más explosividad. Solo tres sesiones a la semana de piscina y dos de gimnasio buscando aumentar potencia y perfeccionar la técnica, lo fundamental para un velocista. "Mireia Belmonte hace más en una semana que yo en todo un ciclo de cuatro meses", bromea.

Ya le ha funcionado. Después de retirarse en 2014, entrenó durante cinco semanas para el Campeonato Gallego de 2016 y se quedó a una centésima del coruñés Sergio Campos, que venía de conseguir medalla en el Nacional la semana anterior. Y el pasado verano se proclamó doble campeón del mundo máster. Ahora se presenta en el Campeonato de España absoluto, que se disputará en Barcelona desde mañana hasta el domingo, con opciones a todo en 50 espalda, la prueba que más satisfacciones le ha reportado, 50 mariposa y 50 libres. Su máximo rival será otro viejo rockero del agua, Aschwin Wildeboer. "Él también ha vuelto a nadar. En nuestra anterior etapa, cuando él tenía el récord del mundo, nunca conseguí ganarle. A ver si puedo hacerlo ahora", anuncia el arzuano.

Porque Pereiro no es un desconocido en las piscinas. Sus marcas le abrieron las puertas de Estados Unidos y desde allí luchó durante varias temporadas por hacerse un hueco en el equipo nacional e ir a las competiciones más importantes a nivel internacional. Se quedó siempre a las puertas. A veces, a escasas centésimas. Otras, como en el Mundial de Barcelona 2013, pese a lograr la mínima, ya que fue tercero y solo se clasificaban los dos primeros. "Pero ese año por lo menos me llevaron a la Universiada y a los Juegos del Mediterráneo", recuerda. Su retirada fue prematura, con solo 23 años y la vida le cambió en ese tiempo. Encontró un empleo, se casó y tuvo un hijo. Las prioridades dieron un vuelco. "Ahora es familia, trabajo y piscina", asegura.

La natación, dice, es ya un hobby. Y, como tal, quiere disfrutar de ella y, si se puede, ganar. Con unas condiciones físicas privilegiadas y una excelente base por su trabajo previo, desarrolla entrenamientos según el autoconocimiento, es decir, lo que cree que le puede venir bien y que siempre le hubiese gustado hacer y no pudo por el escepticismo de otros. Sin ni siquiera un entrenador que le pueda tomar los tiempos. Así que no sabe si en realidad está yendo rápido o no. "Fui a una competición y los tiempos fueron bastante buenos. Y el año pasado, en el Mundial máster, hice mi mejor tiempo de siempre en 50 mariposa", apunta.

No solo ha cambiado el método, también su filosofía -"no hay que estar quejándose todo el día, echando la culpa a los demás sino cambiar tú y hacer algo para mejorar"- y sus horarios. "Me levanto a las cuatro de la mañana y sobre las cinco ya estoy en la piscina. Entreno, vuelvo a casa, le preparo el desayuno a mi familia y me voy a trabajar hasta las cuatro de la tarde. Después, no vuelvo a la piscina. La natación es un hobby y el que me tengo que sacrificar soy yo. No quiero que ellos -su mujer e hijo- paguen las consecuencias y quitarles tiempo", comenta. También son una motivación extra para este coruñés de solo 25 años. "Me encantaría que mi hijo me viera ganar y pudiera presumir de tener un padre con muchas medallas", reconoce con orgullo. Sabe que en Barcelona habrá muchas miradas puestas en él. Si su método funciona, abrirá muchas vías: "Quiero demostrar que se puede hacer igual de bien o mejor y que no hace falta entrenar en una piscina olímpica o en un centro de alto rendimiento".

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