XOSÉ MANUEL MALLO
Xosé Manuel Mallo.Enviado especial a Sevilla
La diferencia entre el Deportivo y el Sevilla es mucho más de lo que lo que refleja la clasificación. Uno es líder y otro anda perdido por la zona medio baja de la tabla. Uno trata el balón con gusto; el otro lo golpea sin sentido. Uno juega con la quinta puesta; el otro parece que lo hace con la marcha atrás. Uno marca goles; el otro no lo hace y además encaja demasiados. Ayer, en Nervión sólo era cuestión de comprobar cuánto tiempo iba a tardar el cuadro local en batir a Aouate. Menos de media hora. Y porque los palos lucían ayer la camiseta azul de los deportivistas. Pueden escupir la pelota, pero no pueden moverse para cerrar el marco y evitar que el cuero se cuele en la portería coruñesa.
Es el Deportivo un equipo entregado y sin convicción. Está en la UCI. La cuestión no es que lleve nueve partidos consecutivos sin ganar, en los que sumó tres puntos; el problema radica en la incapacidad que existe para levantar la cabeza y mostrar por lo menos oposición. En un partido juegan once contra once, pero el Sevilla daba la impresión de que multiplicaba a los deportivistas por cinco. Llegaban antes a todos los balones; estaban presentes en todas partes; encerraron a su adversario en su propia parcela en la que, salvo contadas excepciones, se disputaron los noventa minutos haciendo que los pupilos de Joaquín Caparrós se moviesen al antojo de los locales.
El Dépor esperó atrás. Balón largo en busca de Arizmendi y otra vez a esperar porque el madrileño apenas pudo controlar alguno de los petardazos que recibió. Así durante noventa minutos. Eso que ayer el entrenador utrerano recurrió, en gran parte por necesidad, a futbolistas de mayor veteranía y con más peso sobre el terreno de juego. Ni con eso. Duscher se veía impotente para aguantar el vendaval en el centro de la medular; Sergio buscaba el balón, pero sólo tenía la opción del servicio largo y no siempre acertaba; Juan Rodríguez estaba más pendiente de defender que de ayudar a Arzimendi y Andrade, que debutó en la Liga, impuso su carácter en el centro de la zaga. Le falta. Fueron nueve meses sin jugar. Mucho tiempo. Su presencia fue lo más destacado en el equipo blanquiazul. Todo queda dicho sobre un encuentro que fue un monólogo el Sevilla.
Un espectáculo sobre el terreno de juego de Nervión, al que acompañó el que se produjo en la grada y en los instantes previos al inicio del encuentro. Caparrós también fue protagonista. El entrenador deportivista fue recibido igual que el año pasado. Ovación, gritos de ánimo y despedida de héroe. Sólo que en esta oportunidad no se llevó los puntos. Incluso hubo palabras hacia Lendoiro para que no lo eche. Hasta aquí llegan ciertos comentarios. El otro protagonista fue el Recreativo, cuyos goles en el Santiago Bernabéu fueron celebrados como propios. Un homenaje a los fallecidos el día anterior a 34 kilómetros de este campo por quienes se guardó un minuto de silencio antes de que el balón empezase a rodar. Más tiempo para la reflexión se necesita en el Deportivo. Acaba el año con una nueva goleada, sin mostrar nada sobre el terreno de juego, sólo amagos de defenderse y con escasa esperanza de reacción para salir del pozo en el que esta metido. El parón de la Liga llega como un tiempo muerto en otro deporte. El Dépor mostró en Nervión que está muy tocado, pero está vivo. La reacción debe llegar el próximo año. En 2007. El que se murió futbolísticamente casi se lo lleva con él.