La pelota no se mancha

Wilk, el pedaleador

21.10.2014 | 13:45
Wilk, el pedaleador
Wilk, el pedaleador

No es raro ver a Wilk corriendo por el paseo, de caminata por Monte Alto o llegando a Riazor en una de sus bicis. Paciente, planchado, metódico y con una sonrisa en la cara, se dispone a colocar o encartar su compañera de dos ruedas. De ahí, al tajo. Y vuelta a empezar. Cezary, de exquisita educación centroeuropea, es hijo de gimnasta y ciclista. Le apasiona el mundo de la ruta y esa mentalidad sufridora, estoica y de ponerle buena cara a las adversidades es la que ha guiado su estancia en A Coruña. Y hasta parece marcarle el camino sobre el césped. Él, permeable a lo que le rodea, sabe que no le queda otra que pedalear y pedalear, tener más kilómetros que nadie en las piernas y anticiparse en la lectura de la carrera. Y todo sin pinganillo. Alma de gregario en un equipo de buen pie.

Una grada que se derretía con Djalma y Valerón también bate palmas ante el sudor, la inteligencia táctica y el saber estar. En el Dépor más solidario y armado de este año, verlo flotar sobre el césped en su estreno como titular en Primera División es una excusa para preguntarse por qué lleva un año y algo a la sombra. Su condena, el banquillo. Ni Fernando ni Víctor. Los dos riazores jugaban en su contra pero él se empeña en ganar galones sin alzar la voz y con una mentalidad alejada del perfil futbolístico. A rodar.

Álex e Insua son los polos del concepto de cantera bien entendida. Ni hay que tapar ni condenar a uno de tus mejores activos, a pesar de sus puntos débiles, ni el peso del brazalete y el alma de la Sagrada deben guiar las decisiones de un técnico. Víctor, por fin sabio, ajustó la idea a sus decisiones. Y que dure. El Dépor vivió su metamorfosis como un todo, más junto, intenso, vertical y veloz. Un ecosistema acorde a sus cualidades. Y solo entonces llegó el florecimiento de los nombres propios. Ahí está la clave del cambio, no en un protagonista, ni en varios. Equipo. Cualquiera de estos nuevos héroes hubiera naufragado en Sevilla. No había ni tablas salvavidas. Ahora le toca vivir las duras a la vieja guardia. Víctor Fernández fue valiente y le salió bien la apuesta. Un cara o cruz a contracorriente de vestuario. Es loable su determinación, pero debe mimar a los veteranos, los necesitará a todos los niveles. Nadie sobra en Abegondo. Nuevos tiempos con otras caras y un renovado estilo: armar, robar, moverse y correr. Merece tiempo y confianza para demostrar si puede asentarse o todo fue flor de un día.

Lucas rompió. Vivió ese instante, el más intenso, el que le contará a sus nietos y en el que enjugó muchas penas, soledades y esfuerzos del pasado. Pero no será el que más va a disfrutar. Ya llegará. Tenía tanta rabia y ansiedad dentro que solo podía expulsarlas. Casi vomitarlas. Fue un gol con el corazón encima de la mesa. Si el destino corresponde a sus esfuerzos y cualidades, ahora vendrá lo bueno. Y a otro ritmo, el que sienta bien, el que hace buena digestión. Le esperan grandes tardes, que paladeará y Riazor, mientras le dure el juguete prestado, lo hará con él. Se ha ganado saborearlas, pero con normalidad, precisamente por lo que suspira también este Dépor.

Esa pausa es justo la que no se podía permitir el domingo Ivan Cavaleiro. Sus cualidades le deberían llevar a una banda y para eso vino, pero este proyecto lo necesita por ahora en ataque. Pronto Hélder Postiga reclamará su puesto y en un análisis global quizás Toché también supere al exbenfiquista. ¿Pero y si sus prestaciones son las que más benefician a este grupo sobre el césped? Su movilidad y esa capacidad para asociarse con Lucas y Fariña y dejar a los centrales del Valencia sin referencia lo elevaron. A veces la clave no es alinear al mejor delantero, es apostar por el que mejor le sienta al equipo.

Medunjanin y Donato

Si no fuera por Balaídos, se podría decir que Medunjanin (quien corrió mejor que nunca el domingo) tira penaltis a más de veinte metros. Necesita espacio para apuntar, crear y fusilar. Milimétrico. Cada vez que sitúa el balón y tiene una barrera y un portero por delante, hay pocos que no se pongan a temblar. Un gol en Sevilla, una cruceta ante el Valencia. Y no tiene pinta de que se vaya a quedar sin munición. Con la salvedad de la irrupción aislada de Juca, no se había visto tal puntería y maestría desde que Donato se retiró. "Esas faltas son medio gol", llegó a decir el brasileño hace más de una década cuando ya tenía el título de Liga en el bolsillo. El bosnio va camino de mejorarlo o, al menos, de sucederle.

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