La pelota no se mancha

Víctor y la pieza Lucas

14.10.2015 | 21:12
Víctor Sánchez del Amo conduce el balón ante Lucas Pérez durante un entrenamiento.

El Dépor se ha llevado un buen revolcón. Y no será el último. Ya no es el más guapo de la fiesta. Tampoco es lo que precisa, le llega con ser un equipo resultón. Nadie renuncia a soñar pero el deportivismo busca un crecimiento sostenible, que dé seguridad, después de años con el corazón en un puño y viendo desastres sobre el césped de Riazor. Son sus necesidades. Y ojalá en unos meses este paso atrás se vea como el punto en el que verdaderamente se impulsó. El Dépor, un equipo por hacer, en fase de ajustes.

Errores defensivos, ausencia de un juego realmente fluido, falta de tensión en el arranque... La lista del domingo no es corta, a pesar de la demostración de carácter y confianza que supuso llegar hasta el 2-2. Lo curioso es que el equipo se agotó y terminó de desenchufarse cuando el Sporting estaba a punto de romperse. Su cómoda resistencia tiene origen en el Dépor, en sus puntos negros. Luis Alberto llevaba la lengua por el suelo y a Borges le cuesta con defensas más cerradas. Esos son condicionantes ya conocidos y que pueden formar parte de las contingencias habituales en los últimos minutos. El problema es que los cambios, aunque tuvieran alguna luz, no mejoraron el panorama, más bien agudizaron las debilidades que ya se vislumbraban en esa segunda parte. Alejar a Lucas del eje del ataque hizo saltar los cables de un circuito que ya tenía nodos deficitarios. En este Dépor todo comienza y acaba en el coruñés, en cómo sacarle rendimiento a todo su caudal de creación y remate, en cómo generar juego a partir de él. Y la tarea no es fácil para Víctor.

Fuera de casa y como equipo outsider, su presencia solo arriba se ha mostrado como más que suficiente. Su instinto goleador, su infatigable presión, cómo se asocia, los espacios de los que dispone? Le sobran credenciales y la situación encaja con él y con el contexto del Dépor. Ya con el escenario del domingo la situación genera más dudas. Los coruñeses debían ganar y mandar, hasta tuvieron que ponerse a remontar. Y con equipos armados atrás en Riazor van a acabar necesitando un delantero centro y no como solución de urgencia para media hora. Jonathan Rodríguez, Riera, el que sea. Y deben alinearlo sin alejar a Lucas del centro de la ofensiva, recolocando el resto de piezas y sin olvidar el imprescindible equilibrio, algo perdido inexplicablemente este domingo. Al final parte del galimatías redunda también en algo que ya se veía venir tras la configuración de la plantilla en el mes de agosto. El Dépor tiene muchas y válidas opciones para jugar por dentro e intenta encajar todas esas piezas en un difícil puzle, en un equilibrismo al que aún debe darle una vuelta y perfeccionar. Pero cuando hay que ensanchar el campo, adaptar a un futbolista a esa posición, poner buenos centros desde las bandas? Ahí anda más justo y se atasca. Hay camino recorrido, pero también deberes. Y no son pocos.

La sorpresa

Los equipos emergentes siempre guardan alguna sorpresa entre sus apuestas. Ese futbolista que llegaba como alternativa, que acaba reclamando el protagonismo que se le negaba en el guión original y que finalmente se convierte en definitivo. Hace un año fue Fabricio, aunque a los blanquiazules les faltaba alguien que desequilibrase arriba. Ese lugar pudo ser para el esforzado Cavaleiro, un futbolista que, a pesar de su estratosférico traspaso al Mónaco, se quedó a medidas en Riazor.

En este Dépor ese papel parece, de momento, reservado para Luis Alberto, la verdadera revelación. A Pedro Mosquera y a Fayçal ya se les intuía, Lucas, Sidnei y Borges son casi de la casa, pero el gaditano llegó con un perfil bajo. Nada de eso. Su fútbol y, sobre todo, su pegada le han hecho vivir una semana de reivindicación, la que esperaba desde hace tiempo en Primera. Siempre tuvo un punto de emigrante, de estar de paso. Desde esos kilómetros para ir a entrenarse a Sevilla hasta sus estancias en Barcelona, Liverpool o Málaga. Es joven y se le acumulan las maletas y las experiencias. Su llegada al Dépor le ha pillado quizás en el momento justo, explotando sus cualidades, adaptándose a las exigencias defensivas, algo en lo que debe mejorar. Progresa y golea. Que le siente bien, que el Dépor lo disfrute. ¿Quién sabe si será su sitio para echar por fin raíces?

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