Gijón se resiste

El Dépor y el deportivismo llevan unos años persiguiendo un triunfo en El Molinón que alivie tanto sinsabor. Esta vez tampoco fue posible. La pareja Lucas-Luis Alberto igualó el duelo, pero no fue capaz de consumar la remontada

07.02.2016 | 01:10

El Dépor y el deportivismo llevan unos cuantos años persiguiendo un triunfo en El Molinón. No se puede considerar una plaza vedada. Pero sí que es cierto que se ha atragantado en los últimos años. Derrotas cruciales, traspiés injustos. A veces un árbitro, otras las calamidades del propio Dépor o la poca elegancia de quien no se jugaba nada. Siempre con decepciones para una afición que, a pesar de todo, no ha dejado de coger la carretera año tras año anhelando esa victoria del desquite. Hoy podía haber sido. El Sporting no estuvo arrollador. El equipo coruñés se rehizo tras el golpe del gol de Jony. Y Lucas y Luis Alberto, ese dúo dinámico, parecían tener la fina suficiente para remachar la faena y poner punto y aparte en tanto sinsabor. No pudo ser. Otro empate. Paso a paso. El Dépor camina, lleva tiempo sin correr.

El duelo arrancó con ritmo y mucha disputa, pero sin excesivo fútbol ni ocasiones. El Sporting volcaba sus ataques por la banda de Jony y el Dépor centraba sus acometidas en Lucas y Luis Alberto. Los dos equipos iban de cara. El problema es que, entre tanto balón dividido, no había mucho espacio para el brillo en las áreas y en la creación. Un robo de Ndi a un ingenuo Mosquera pudo ser la primera. No fue así. El susto llegó de nuevo por la zona de influencia de Jony. Otro robo y su centro atrás no fue aprovechado por Rachid. También pardillo. Sidnei tuvo su opción a la salida de un saque de esquina. El equipo coruñés mezclaba su fútbol. Ambos querían robar lo más arriba posible. Era un 0-0 de manual hasta que sobrevino el error humano.

Un córner largo llegó botando a Jony, que no se lo pensó dos veces y empaló la pelota. El esférico parecía no entrañar peligro pero se topó con la pierna de Juanfran y cuando se quiso dar cuenta, Lux ya se vio vencido. 1-0. Excesivo premio para un Sporting que se encontraba con un panorama idílico. Tenía al Dépor para remacharlo. Los siguientes minutos fueron suyos. El equipo blanquiazul no veía demasiado lejos el 2-0 que hubiera sido lo más parecido a la muerte deportiva en este duelo. Aguantó el envite y empezó a jugar al fútbol.

Mientras el Dépor tocaba, simplemente buscaba el agujero en el entramado gijonés. No tenía prisa, iba de una banda a otra. Hasta que su desatascador de siempre, Lucas, se inventó otra de sus habituales maravillas. Se llevó un balón sin mucho futuro cerca de la línea de fondo, la remontó y la picó atras para que Luis Alberto le pegase con toda la alma. De arriba a abajo. Imparable. El golpeo llevaba toda la rabia de esos deportivistas que se han cansado de hacer kilómetros a Gijón y que solo habían visto desgracias e injusticias. Era un alivio. El Dépor no había sido peor, sí había estado en una situación de peligro. Casi hace el 2-1 antes del descanso. Nada movería la igualada hasta pasar por vestuarios.

El Dépor calcó el guión de una semana antes, salvo por un detalle: el gol. El equipo coruñés se reactivó tras la charla con Víctor. Salió como un ciclón. El Sporting tampoco se escondió. Durante algunos minutos aguantó el intercambio. Incluso se impuso tras el primer arreón coruñés. Duró poco la superioridad y realmente tenía parte de espejismo. El conjunto blanquiazul se mostraba más peligroso en las contras y con espacios que su rival dominando. Los gijoneses fueron conscientes del agujero que se estaba abriendo y, además, empezaron a notarse cansado. Fueron los mejores minutos visitantes. Al Dépor le faltó una gran ocasión, pero Lucas, Fayçal y, sobre todo, Luis Alberto hacían diabluras. Estaba comodísimos. El gaditano inventaba jugadas, disparaba a puerta. Cuéllar no fue batido. Le habían perdonado la vida.

La entrada de Halilovic le dio un segundo aire al Sporting. El Dépor no habia sido capaz de golpear y ahora le tocaba cerrar de nuevo su guardia. El equipo gijonés se agarró al croata, al empuje de su grada y al oportunismo de Sanabria para buscar el segundo y casi lo consigue. Era todo voluntad. Víctor recurrió a Luisinho para tapar la sangría y mover al equipo. El Dépor volvió a tener sus opciones. Otra gran combinación entre Lucas y Luis Alberto hizo lucirse de nuevo al meta local. Seguía el gafe.

También es cierto que pudo ser peor porque Sanabria, roto por el cansancio, tuvo un último aliento para elevarse por encima de Sidnei y Arribas, que coqueteó todo el partido con la segunda amarilla, y le faltó nada para hacer la diferencia. El 2-1. Los últimos minutos mostraron a un Dépor más entero, al que se le veía cómodo defendiendo con la pelota y no renunciaba a un regalo asturiano. No le sobró ambición. Tiró de calculadora. Esa que muestra que lleva 31 puntos, 13 empates y que no gana desde mediados de diciembre. El Dépor está más cerca de salvarse, necesita ganar como sea. Pocos sitios mejores que El Molinón. Otra vez será. Ya tarda.

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