Bombardeo en Riazor

El Dépor no pudo culminar una remontada que mereció. Se volvió a mostrar con un punto de fragilidad ante un Betis envalentonado por su efectividad. Sigue encasquillado en los empates. El Karma le debe una, pronto se la cobrará

14.02.2016 | 00:51

El Karma aún le debe una al Dépor. Algo de una vida anterior debe estar pagando en este 2016 porque no sobran las razones para explicar por qué las victorias siguen siendo un territorio vedado. Al equipo se le puede acusar de frágil, de ansioso o de exponerse en exceso. Claro que sí, pero no de esconderse, de ir a medio gas. Entregó hasta la última gota de sudor e intención. Ganar era una necesidad. No pudo intentarlo más, no supo buscarlo más ni mejor. Fue un bombardero sin premio de los que frustran a Riazor, de los que no ofrecen un respiro entre tanto sobresalto, también de los que admiten pocos peros. El Dépor se dio la vuelta como un calcetín y ni así. Pronto se la cobrará.

El Betis arrancó el duelo demostrándole que se había plantado en Riazor sin complejos. Sí, jugaba fuera y tenía más urgencias, pero de entrada nada de agazaparse ni de rehuir la pelota. El equipo coruñés era el que en los primeros minutos se plegaba y los andaluces buscaban crecer desde el toque. Era una situación buscada por ambos. El plan de Víctor era, como casi siempre, atosigar la salida de balón local. No le estaba resultando nada fácil. El Dépor olía la sangre, no la encontraba. Y, para su sorpresa y ante la incipiente frustración que empezaba a sentir, le rescató la estrategia.

Conexión coruñesa para poner al equipo de su ciudad por delante. Asiste Lucas, marca Álex. 1-0. Por fin le funcionaba el laboratorio a Víctor que había llegado a A Coruña precedido de una gran fama en esta faceta del juego como adjunto de Míchel. El tanto liberó al Dépor. Jugaba incluso acelerado. Era comprensible después de casi dos meses sin ganar. La situación parecía ideal para remachar y pasar al fútbol control. El Betis no le dejó, él mismo tampoco.

Una combinación a un toque en el centro ante un atosigante presión coruñesa habilitó a Vargas por la izquierda. El peruano llegó y tuvo la clarividencia de templar un centro que era un caramelo para la cabeza de Musonda. 1-1. El equipo andaluz ni se había manchado. Pleno de efectividad. Un tiro, un gol. Los coruñeses, en cambio, seguían peleándose con su mala suerte y mostrando una endeblez que da que pensar. Ya ante el Rayo fue frágil muy pronto, ahora se volvía a dejar a los pocos minutos. Así es todo más difícil.

La igualada no hizo que el Dépor se apartase ni un segundo de su guión. Defensa adelantada, presión, mucha soltura en ataque con Zipi y Zape, la velocidad de Fayçal, el último pase de Cani y las incorporaciones de la retaguardia, ya fuesen a balón parado o como cuadrasen. Luis Alberto tuvo una, el aragonés otra, Lucas, un par de ellas. La figura de Adán cobró importancia en el duelo como sustento previo a otro zarpazo sevillano.

El Dépor atacaba sin cadena y a la vez se exponía. Y en una contra, Rubén Castró llegó con ventaja y a Mosquera no le quedó más remedio que derribarlo al borde de la frontal. La posición era una invitación a un especialista como Vargas. Le pegó fuerte, abajo y con el camino despejado. 1-2. Demasiado castigo, aunque el Dépor no debe explicarlo todo por la mala suerte. El tanto tampoco le derrumbó. Siguió atacando. Con la misma pericia en el penúltimo pase e idéntica torpeza en el remate. Tocaba descanso, la remontada estaba muy presente.

El huracán blanquiazul quería volver a arrasar con todo tras la charla con Víctor. Ya lo hizo ante el Rayo y tampoco fue esa su primera vez en Riazor esta temporada. Su arranque iba en ese camino. Pero, al momento, el Betis tiró del freno de mano. No quería el intercambio. Su problema fue que pronto vio la ola encima y no le quedó más remedio que mojarse. 2-2. La jugada arrancó y finalizó en los pies de Fayçal. De ahí a la red. Cani y Fernando Navarro hicieron la diferencia. Partido nuevo, el mismo Dépor desbocado.

Esos minutos mostraron un duelo sin cadena. El conjunto de Víctor estaba ansioso y a veces solo miraba al frente. Menos mal que estaba Sidnei para corregir. Imperial. Atacaba, arrinconaba al Betis, pero también dejaba muchos espacios a su espalda. Parecía un milagro que siguiese el 2-2. Pudo ser el brasileño, o Fayçal, o Luis Alberto o Lucas en un disparo que salvó Vargas bajo palos. Ninguno. No había manera. El Dépor seguía en la lucha, el Betis en el partido.

Poco a poco al equipo coruñés se le fue acabando más el oxígeno que el ánimo. Todo corazón, mucho fútbol, poca puntería y premio. Adán seguía llenando el saco de los méritos y el Betis hasta pudo ganar con un disparo de Rubén Castro. Llegó más fresco al final y casi lo aprovecha. Hubiera sido demasiado castigo para un Dépor que bastante sufre con este encasquillamiento. Mientras no llega la victoria, se aferra a su fútbol, a su fe y a sus empates. Un punto es un punto, que diría Boskov. A veces no queda otro consuelo.

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