Cornellà, un páramo

El Dépor no faltó a su cita con la desgracia en el campo del Espanyol, donde no ha ganado ni marcado nunca. Echó de menos a Lucas, se sobresaltó por Sidnei. Tuvo la pelota, no supo qué hacer con ella. Ya no empata, pero sí pierde

20.02.2016 | 21:38

El Dépor necesitaba una reafirmación, una victoria que le sacase de ese cruce de caminos en el que se encuentra desde hace semanas. No la consiguió, ni siquiera empató. No hay consuelo. En Barcelona estuvo en cuerpo, no en alma. Tocó, lo intentó, tuvo voluntad, pero no se sobrepuso ni a su destino marcado ni a las adversidades. Media ocasión clara, no era el día, no era el lugar.

Cornellà es un páramo para el Dépor. Cinco partidos, un empate, cero goles. No se entienden. Escenario de lesiones inoportunas, naufragios recurrentes... Siempre de vacío. Esta vez no iba a ser menos. De entrada el equipo coruñés parecía sentrse más liberado. El Espanyol apretaba, pero lo hacía fruto de la necesidad, se le nota atascado, preocupado. Era un duelo sin dueño, de ida y vuelta, en el que se rascaba.

El conjunto coruñés, mientras aprendía a vivir sin Lucas, no le perdía la cara. Reclamaba la pelota corría, hasta Fayçal se recreaba con más de un sombrero. Una centella. En el Espanyol Burgui galopaba por la banda, pero Caicedo decía no y no con la cabeza tras perder cada duelo directo con Sidnei. Un Espanyol cercenado, el Dépor vivía bien. Arriba Luis Alberto asumía el papel de líder. Levantaba la mano, jugaba y se hinchaba a rematar. Un poco de puntería y hubiera sido el paraíso. Pronto llegaría el infierno.

Sidnei notó al momento el chasquido en su pierna, lo sintió todo el deportivismo. Pronto se sabrá cuánto estará fuera, pero de entrada, en esos minutos iniciales, el equipo se quedó desolado. Entre que Caicedo se sentía liberado y a Arribas y el adaptado Fernando Navarro se les acumulaba el trabajo, el roto pudo ser aún mayor. Incluso Lux tuvo que hacer otro milagro (el primero del día) en una parada con rectificado incluído. Poco a poco el Dépor fue capaz de recomponerse y contener las acometidas pericas. Se permitió incluso el lujo de acabar mejor el primer acto. Creció en torno a la pelota y no estuvo lejos del 1-0. El descanso le reclamaba.

La segunda parte llevó al Dépor a convertirse en dominador. En parte, era también lo que quería el Espanyol. Prefería jugar con espacios y cerrárselos a un equipo al que le gustan los caminos despejados. Aun así, los hombres de Víctor se armaron de paciencia y empezaron a tocar, a buscar las fisuras del entramado perico. Se le veía engañosamente cómodo. Inofensivo. Un error echó por tierra todo el plan.

Una galopada por la derecha acabó en un centro pasado que el Espanyol no tardó en devolver al corazón del área. Una buena pantalla de Caicedo y un despiste de Juanfran habilitaron a Asensio. Casi la para Lux. Es humano, no pudo ser. 1-0. Seis minutos y el equipo local ya tenía el botín que tanto anhelaba.

Los siguientes veinte minutos fueron del Dépor. Movía la pelota, tenía espacios; tampoco era capaz de hacer daño. Dominio ficticio. De hecho, su mejor ocasión llegó con un cabezazo del gafado Oriol Riera en un saque de esquina. La portería se le abrió en canal, tampoco fue capaz esta vez de embocar. El catalán tenía hoy una oportunidad de las que no le sobran. No estuvo muy asistido, tampoco atinado. El Dépor sigue necesitando un 'nueve' específico.

Cuando asomaba la media hora el grupo blanquiazul empezó a decaer. Ya ni tenía el consuelo del dominio. El Espanyol cogió el testigo y lo hizo creando ocasiones claras, haciendo daño. Era su momento. El cansancio y los contratiempos empezaron a pesar. En ese momento, al Dépor lo sostuvo Lux. Tres o cuatro paradones que dan aún más lustre a su temporada, pero que de poco le sirvieron a su equipo. Ni siquiera murió matando. El tiempo dirá si fue un mal día en la oficina o hay que preocuparse. Esta situación tenía que romper.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Buscador de deportes

Información patrocinada
Enlaces recomendados: Premios Cine