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El Dépor gana, Riazor respira

La afición blanquiazul aparca a un lado la carga policial sufrida en el hotel de concentración para centrarse en apoyar al equipo y llevarlo a sumar tres puntos vitales en la lucha por la permanencia

20.03.2016 | 02:36

Los Riazor Blues llamaron y el resto de aficionados respondieron sin dudar. La Fuente de los Surfistas situada en el Paseo Marítimo coruñés fue el punto de encuentro. El objetivo no era otro que animar al Deportivo en un día clave, en el que el único resultado posible era la victoria.

En cuestión de minutos se creó un ambiente mágico. Los deportivistas -ataviados con camisetas, bufandas y pancartas- hicieron que cualquiera que pasase por esa zona se uniese a la fiesta. Hasta los conductores participaban con sus bocinazos. Desde las seis hasta las siete de la tarde, la hinchada blanquiazul repasó todo el repertorio de cánticos y encendió bengalas para dar aún más color a la imagen. Móviles arriba para fotografiar un momento único y especial que poco después se encargó de destrozar la Policía Nacional. No faltó nadie, desde niños a abuelos. Cualquiera tenía billete para este viaje. Se hizo esperar el conjunto de Víctor Sánchez del Amo e incluso se escuchó algún grito de "¡Que salgan ya!". En cuanto apareció Oriol Riera por la puerta del hotel Meliá María Pita, las voces se alzaron aún más y la afición quiso transmitir su calor al equipo, por lo que invadió la carretera obligando a los coches a detenerse. Fueron solo unos minutos. Como agradecimiento, los jugadores se detuvieron delante del autobús con los brazos en alto, aplaudiendo a sus seguidores. Algo para recordar. Víctor fue el último en ocupar su asiento, y saludó tímidamente sin desviar su camino. Hasta ese momento, parecía que este recibimiento iba a entrar en la historia del deportivismo por su emotividad y diversión. Sin embargo, otro motivo muy distinto hace que este mensaje de apoyo de la afición esté en boca de todos. Cuando el bus del Dépor se disponía a arrancar, la Policía cargó contra los aficionados sin motivo aparente. Fueron segundos de miedo e incertidumbre.

Niños pequeños corrían sin saber por qué mientras otros que defendían su escudo recibían porrazos. Como respuesta, una pequeña parte de los allí presentes lanzaron botellas de cristal contra los agentes. De repente, lo que era alegría se convirtió en frustración y rabia. "No entiendo qué paso" fue la frase más repetida. El Dépor no retrasó más su salida hacia el estadio y eso arrancó un potente aplauso, aunque el buen rollo se había roto en pedazos. La masa, con caras largas, también se dirigió hacia Riazor.

Pero ni este incomprensible incidente acabó con las ganas de animar que tenían los deportivistas, deseosos de celebrar por fin un triunfo. No hubo referencias a la carga policial durante los 90 minutos de juego. El fútbol lo acaparó todo. Sobre todo cuando Luis Alberto colocó al Dépor por delante en el marcador. Esa ventaja siempre permite que los latidos no se aceleren demasiado. Le costó 44 minutos batir a Mariño, pero cuando lo hizo, la grada enloqueció. Una tremenda ovación dejó constancia de la importancia de ese gol. También hubo aplausos cuando Lucas decidió no acompañar a Fayçal en el córner, ahí se envió un mensaje al técnico, que insiste continuamente en esa jugada ante la incomprensión del público. Para la segunda parte, Riazor pedía tranquilidad. Cuatro minutos después de empezar la segunda parte volvió el sufrimiento gracias a Rossi, que firmó el empate.

Al Deportivo no le salía nada y eso desesperaba al público, que intentaba ilusionarse con los tímidos acercamientos al área del Levante. La afición protestó, y no solo al colegiado Vicandi Garrido. También a los jugadores, incapaces de crear peligro. Los asistentes, además, repasaban los resultados del día -victorias de Sporting y Las Palmas- y sabían que eran más que necesarios los tres puntos. "Échale huevos". Otra vez cantada en el campo herculino, como hace un año. Y toda la suerte que no tuvo el Dépor en esta segunda vuelta, apareció con el gol de la victoria. Una carambola que acabó con la pelota dentro de la portería de Mariño tras un lanzamiento de Lucas que golpeó en el palo y rebotó en la espalda del portero del Levante. Locura. Víctor Sánchez sabía que tenía que agarrar la victoria como fuese y sentó a Lucas, ovacionado, y dio entrada a Álex Bergantiños en la recta final del choque.

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