La pelota no se mancha

Con Lucas nunca hubo medida

30.08.2016 | 11:58
Con Lucas nunca hubo medida

Con Lucas nunca hubo medida y menos la va a haber ahora. Y no es sólo la pasión e identificación que generaba; ni siquiera era esa voracidad casi ansiosa con la que jugaba, con la que se llevaba por delante a sus rivales y a la historia; tampoco cómo ha encajado cada uno su marcha. Es que con él se han perdido las referencias de los últimos tiempos en Riazor. Era capaz de hacer tanto con tan poco en un terreno de juego. Golear, presionar, asistir, inyectar sangre en un equipo, dinamita en un partido... Todo ese volcán Lucas, esa erupción de la calle, se asumió como normal y por desgracia no lo es, y menos para un equipo con las aspiraciones del Dépor. Mejor le irá a este proyecto si desde ya tira al mar la vara de medir que ahora supone el 7 en su ausencia. De momento, nada volverá a ser igual y seguro que irá a peor. Ley de vida en las reconstrucciones. El Dépor, su fútbol, incluso su psicología como grupo, serán forzosamente diferentes sin él, este equipo debe levantarse de nuevo.

Ojalá que la capacidad de acierto de la secretaría técnica sea más que superior en la búsqueda de un recambio, pero sustituirlo no va a ser una cuestión de permutar una pieza por otra. La única fórmula para el Dépor es tener, al menos, 20 millones en el bolsillo y no es el caso. Ni Andone ni el que venga van a ser Lucas. Ni será justo medir sus prestaciones en base a los parámetros del coruñés. Ya en Sevilla se apreció que el zurdo escondía gran parte de las deficiencias del Dépor en las dos últimas temporadas. Era capaz de atacar prácticamente solo, de hacer salvable esos desiertos entre líneas, de hacer comestible ese indigesto juego directo del que a veces abusa este equipo, de inventarse goles de la nada como ante el Atlético, el Athletic o el Las Palmas... Este proyecto necesita un buen sustituto y que los que le rodeaban sean desde hoy mismo mejores jugadores. Un poco más de todos, sobre todo, de la segunda línea. El paraguas de Lucas se ha cerrado, toca salir a la intemperie.

De entrada el Dépor parte con cuatro puntos y ese alivio moral y futbolístico que supone la permanencia de Sidnei. Al equipo se le nota en fase beta y por construir y moldearse en ataque, pero muestra algunos detalles a los que asirse con fuerza. Salvo por ciertos sudores en el balón parado, el grupo se ha mostrado rocoso, sin fisuras. Rubén Castro, Sanabria y Kike García parecieron maniatados. Hay mucho camino por andar y no se deben obviar las señales, pero algunos de los primeros pasos son firmes.

Duele y se entiende

Mientras el equipo se va rearmando, el deportivismo asume la marcha de Lucas. Todavía duele y lo hará un tiempo. Hay mil puntualizaciones pero la primera y obvia realidad es que se ha ido porque ha querido. Ni más ni menos. El Dépor no pretendía venderlo. A veces entre tanto matiz se pierde lo básico. Más de un seguidor no lo entenderá nunca y menos por el momento elegido para hacerlo. Otros muchos empatizan con él, ya sea porque se visualizan en la misma situación tomando idéntica decisión o simplemente por agradecimiento a estos dos años. A cualquiera le tiemblan las piernas ante esa suma de dinero y, sobre todo, le pica el orgullo ante la posibilidad de probarse con y ante los mejores. Lícito. El Arsenal colma todas sus aspiraciones, no así el Everton, el Zenit... Incluso su marcha a Londres hace más entendible la decisión. El camino que debe transitar el Dépor, y que en parte ya ha hecho con los noes de Mosquera y Sidnei al Valencia, es hacer dudar a los jugadores, tener mejor capacidad de respuesta en el mercado, convertirse cada día en un club más atractivo...

En contra de Lucas puede jugar que cuando fichó por el Dépor transmitió que no necesitaba nada más en esta vida, que cumplir aquel sueño de niño era todo lo que deseaba. Nunca fue de mensajes medidos, él es pasional. Dos años después el prisma es diferente, quizás más ajustado a la realidad. Pudo ser eterno en A Coruña y no quiso o, al menos, pospuso esa posibilidad. Además del dinero que deja en caja, al de Monelos nunca se le podrá negar que recuperó el orgullo futbolístico de esta tierra y que seguro que muchos niños ahora juegan en los parques de A Coruña queriendo ser Lucas y aspirando a llegar a Riazor. Ese legado intangible es impagable.

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