Golpe a un ingenuo e inofensivo Dépor

Los errores individuales en los goles y la inocencia arriba estropean el plan de un equipo coruñés que arrancó de manera meritoria. Laure vio la roja que el colegiado debió mostrar antes a un reincidente Luis Suárez. Preocupa Sidnei

15.10.2016 | 19:28

Se acabó el sueño del Camp Nou. Esta goleada se perderá en el tiempo. La salvación de Lucas y Salomão, el empate 'koruño', no. El problema es que el Dépor vive del presente y ese le coloca con un 4-0, sin Sidnei ni Laure y con la sensación de que vuelve a tropezar en algunas piedras recurrentes y en otras que parecían ya olvidadas en el camino. El plan no le concedía muchas opciones en ataque y volvió a evidenciar su inocencia en los últimos metros. Pudo hacer daño, no lo logró y le acabó tumbando la combinación culé. Inevitable. Los golpes fueron pocos y certeros en el primer acto con una guardia que el Dépor descuidó en errores individuales. Imperdonable. Ahora debe preocuparse de no pagar psicológicamente esta tarde y de rehacerse moral y futbolísticamente. La Primera División no esperara por él.  

El Dépor salió al césped consciente de los condicionantes del duelo, pero con la intención de acercar al Barcelona al precipicio. Hacerle la tarde incómoda, áspera y que su acierto y la diosa fortuna acabasen haciéndole aumentar su botín de las dos últimas temporadas. Y al principio pareció funcionar todo. El equipo mezclaba su presión y acumulaba jugadores por el centro con la entrada de Guilherme para regalarle las bandas a los culés. A su rival le tiraba el traje de este partido, pero tuvo paciencia: tocaba y tocaba, buscando las costuras del entramado deportivista en el lado contrario. Y a duras penas lo conseguía. En una de las pocas veces que encontró una rendija, Neymar se topó con el palo y Luis Suárez con Lux. La suerte de momento era blanquiazul.

Y el mayor pecado del Dépor en la incontestable victoria del Barcelona empezó en él. De manera tímida estaba dando los pasos adecuados defensiva y ofensivamente. Pero, de repente, un error individual (el primero de varios) lo echó todo abajo. Fernando Navarro se entretuvo y aparcó su experiencia en la salida de balón para hacerle un regalo a Rafinha. Una pared, un disparo y balón a la red. El duelo se empinaba aún más. Hasta entonces el equipo coruñés se había mostrado, no combinaba mal, seguía disparando en ataque con balas de fogueo. Ahí también empezó a distanciarse del duelo, perdiéndolo en las áreas.

El primer debe defensivo fue con la pelota jugada y el segundo, a balón parado. La posición de Piqué y Rafinha es más que dudosa, las facilidades que tuvieron para asomarse al área no presagiaban nada bueno. Al Dépor se le multiplicaban los problemas, ya sin Sidnei en el campo.

La efectividad del Barcelona era total y el equipo coruñés, aunque se estiraba en ataque, se iba desmoronando. Intentó cerrar la primera parte con un 2-0, le fue imposible. La trituradora Luis Suárez se puso en marcha después de que el árbitro le perdonase la roja por una agresión a Arribas. El uruguayo, con una eterna patente de corso, se impuso a Albentosa y pudo hacer el cuarto en un balón al palo o en una falta desde la frontal. No llegó, el daño ya estaba hecho.

La perspectiva no era muy halagüena para el Dépor en el segundo acto y pronto el Barcelona demostró que tampoco se iba a relajar. La voracidad de Luis Suárez se quedaba en el banquillo y salía Paco Alcácer a resolver sus dudas. El valenciano sigue sumido en una crisis que agrandó Lux con dos manos más efectistas que efectivas. El que no tiene esos problemas es Messi. Dos minutos, una pared y balón la red. Arribas intentó dejarle sin hueco, tampoco necesita excesivo espacio.

Ese tanto terminó de desactivar cualquier atisbo lejano de remontada del Deportivo. Babel había entrado un minuto antes del gol del argentino. El equipo coruñés intentó desde ese momento buscar el gol de la honra, minimizar riesgos y contener a un Barcelona, motivado en ese tramo con la idea de cobrarse las deudas de los dos últimos empates. Neymar quería su gol, no lo tuvo, Alcácer tampoco. Y eso que tuvieron ocasiones, más después de la roja a Laure, justa, pero una acción menor si se le compara con el puñetazo del uruguayo. El equipo coruñés lo pasó mal, aguantó gracias a su guardameta y a la suerte. Pero una goleada siempre duele y más si aún no son visibles todos los peajes que tendrá que pagar por esta tarde del Camp Nou. Hay que ser fuertes y mirar al frente. Otra prueba de fuego para este grupo.

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