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Veinte minutos de espejismo

El Dépor estropeó su buen arranque por sus errores en las áreas, personalizados en Andone y Rubén, ante un Madrid que derrochó pegada para encarrilar el triunfo con dos goles en sus primeras llegadas

21.08.2017 | 10:02
Veinte minutos de espejismo
Veinte minutos de espejismo

Veinte minutos le duró la esperanza al Dépor. Veinte minutos más que dignos, dignísimos, en los que no solo plantó cara al campeón sino que dispuso de varias ocasiones claras para ponerse por delante en el marcador. Andone fue el de siempre pese a sus molestias en la ingle derecha. Las peleó y las corrió todas para ganar la espalda varias veces a la defensa. Buenos balones al espacio le sirvieron Borges, primero, y Juanfran, poco después, para dejar al rumano solo ante Keylor Navas. Dos mano a mano que abortó el portero visitante con dos grandes intervenciones. El Dépor estropeó su buen arranque por sus errores en las dos áreas, personalizados primero en Andone y luego en el meta Rubén.

El conjunto blanquiazul cumplía a rajatabla el plan de Pepe Mel. Quería a su equipo muy junto y bien arropado para dejar pocos espacios, pero sin renunciar a estirarse en ataque con verdadera intención de hacer. Durante esa fase inicial obligó al Madrid a preocuparse no solo de atacar sino también de protegerse. Bakkali, de cabeza, y Guilherme, con un disparo lejano que se marchó alto, culminaron sin éxito otras dos buenas llegadas. El balón era del Madrid. Las ocasiones, del Dépor.

El prometedor arranque se truncó de la manera más cruel, por un error grave del meta Rubén. El de Coristanco dio motivos a Mel para seguir pidiendo un portero. Modric disparó desde lejos y el meta falló en el blocaje. Dejó el balón manso a los pies de Benzema, quien involuntariamente asistió a Bale para que el galés marcara a puerta vacía (m.20). Duro golpe, multiplicado solo seis minutos después, cuando llegó el 0-2. Lo fabricó Marcelo desde la izquierda y lo remató Casemiro, sin oposición, en un despiste colectivo de la defensa coruñesa.

Todo el buen trabajo colectivo se desmoronaba en un abrir y cerrar de ojos, en dos acciones puntuales que decidieron el encuentro. Ahí estuvo la diferencia, bajo palos y en el área contraria. Dos ocasiones, dos goles. No necesita más este Madrid para definir y decidir los partidos. Es pura pegada, justo lo que más le falta al equipo coruñés. Por lo menos, el Dépor le siguió poniendo ganas, aunque sin acabar de encontrar el camino para volver a acercarse a la portería de Keylor. Abusó de los balonazos en largo para que Andone se peleara él solo contra el mundo. Un recurso útil cuando se emplea en su justa medida, pero que no puede ser nunca la principal vía para llegar al área. Lógico que no hubiera más ocasiones. Un par de cabezazos de Andone, y poco más.

El Madrid se sintió cada vez más cómodo con su ventaja de dos goles. No tuvo que apretar demasiado para conservar esa renta hasta el descanso, aunque sí cometió algunas faltas merecedoras de amarilla. Solo la vio el local Bakkali. El suizo fue, junto con Andone, el más activo en ataque. Bastante menos apareció Cartabia desde la derecha. El sistema con trivote que había planeado Mel no fue tal sino que derivó en un 4-2-3-1, con Borges haciendo de mediapunta por detrás de Andone. Ni el costarricense ni nadie logró enlazar con el rumano, una isla rodeada de defensas rivales.

Hacía falta un cambio urgente para soñar con la remontada de cara a la segunda parte. Y pudo cambiar el partido al inicio del segundo acto, porque el Madrid debió quedarse con diez por la bofetada de Sergio Ramos a Schär. Polémica acción, que el colegiado González González resolvió con una amarilla para cada uno.

El tanto de Kroos, en el 61, sentenció el encuentro y convirtió la última media hora en una tortura para el Dépor. Guilherme, con un disparo al larguero, acarició el gol del honor. Mel buscó algo de luz en ataque con la entrada de Adrián, pero el equipo coruñés siguió sin encontrar la claridad imprescindible para sorprender a un rival como el Madrid. Y eso que derrochó coraje hasta el final. Sin duda, compitió.

Ni un pero, en cuanto a actitud, se le puede poner al Deportivo. Peleó, trabajó y se vació en busca de un tanto con el que maquillar la goleada. Sin generar demasiadas ocasiones claras, pero dejando hasta la última gota de sudor sobre el césped. El partido agonizaba cuando Carvajal derribó a Bruno Gama dentro del área. Penalti infantil, que Andone lanzó fuera. El público agradeció el derroche físico de los blanquiazules despidiendo al equipo con una gran ovación. El próximo sábado, en el campo del Levante, empezará la liga del Dépor, la de verdad.

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