La pelota no se mancha

La doble pirueta de jugar sin portero

01.11.2017 | 10:03
La doble pirueta de jugar sin portero

El Dépor se plantó en Gran Canaria con la idea de ganar y, de paso, ir avanzando en el aprendizaje del libreto de Cristóbal: presión arriba, adelantar líneas, ensanchar el campo, querer la pelota... Todo en medio de apreturas clasificatorias y cuando el tramo espinoso del calendario ya tocaba a la puerta. Prueba superada. Con lo que no contaba era con que los derroteros del duelo le acabarían llevando a especializarse en otra suerte, la de vencer un partido sin portero. Ni Tyton ni Pantilimon ni Germán Lux. Uno incomprensiblemente no está (no tanto por dejarlo ir, sino más bien por quedarte con las manos vacías) y a los otros dos no se les espera. Queda Rubén, que ha pasado de patito feo hace un año a gran esperanza blanca en unas semanas. Demasiada carga para él. El problema es que el Dépor, al que no le sobra la intensidad y sí las dudas, se aboca en esta tesitura a hacer partidos casi perfectos. Una doble pirueta. Cualquier acercamiento a su meta es un sobresalto, una sensación de vértigo que se traslada del campo a la grada. Cuanto más lejos de su portería, mejor. Una receta tan simple como incómoda y exigente. Le toca enfrentarse a una metamorfosis en el alambre.

Lo que más sorprende es que el Dépor haya arriesgado el futuro de Francis y se haya vuelto a exponer a este estado de continuo sobresalto cuando ya lo padeció hace dos años. Entonces, entre las lesiones y el empecinamiento de Víctor Sánchez del Amo, sufrió para salvarse mientras un sobrepasado Manu se diluía. ¿Cuántos porteros hay hoy en Segunda que ofrecen mejor rendimiento que Tyton y Pantilimon? La memoria fue este verano corta y se acabó posponiendo hasta dejar fuera de agenda una decisión que tenía que haber sido capital. En el horizonte aparece el mes de enero, no hay que perder el tiempo.

Esta inquietud no puede tapar el paso adelante que dio el equipo. Sin excesos, sin euforias y con un rival propicio, pero un avance real. El deportivismo intenta adivinar una mejoría que vaya más allá del cortoplacismo del resultado y hay motivos para esperanzarse. Cristóbal lleva solo unos días al mando y gran parte de su éxito vendrá, no de lo que ya ha hecho, sino de su capacidad para llegar a sus jugadores a medio y largo plazo. Deben creerle, seguirle por un camino que otros ya intentaron transitar sin éxito en la historia reciente. El grupo quiso ser protagonista, no rehuyó la pelota, tuvo paciencia, hizo daño de fuera a adentro, supo rehacerse a los golpes y luego cerrar el duelo y, sobre todo, no dio un paso atrás. Firme. Esa tendencia coruñesa de recular por miedo, de hacerse un equipo largo, de confinarse al borde de su área y vivir a varios años luz de su delantero y de exponerse a rechaces, a errores y a la invisibilidad de sus porteros, pareció durante muchos minutos pasar a mejor vida. Ese es el mayor tesoro del botín de Gran Canaria. El verdadero legado que puede dejar el técnico. Ahora queda que esa mejoría vaya a más y se prolongue en el tiempo con un equipo y un modelo de juego reconocibles. Llegarán test de estrés mucho más fiables que el de este endeble Las Palmas y tampoco se puede obviar esa pegajosa debilidad defensiva que destila el equipo. Aún hay mucho por hacer, ya han empezado.

Todo este cóctel ganador a la par que imperfecto cobró sentido a partir de los dos cabezazos de Celso Borges. Cada vez que llega un nuevo entrenador hay dudas en torno a él. Algunos lo sentaron y pronto lo recuperaron. Cristóbal le dio descanso en Copa y ya saltaron las alarmas. Regresó, lo hizo como titular y logró un doblete. Al capitán no le sobrará capacidad creativa, pero su jerarquía dentro y fuera del campo, su poderío aéreo y su llegada desde segunda línea son impagables para un club como el Dépor. ¿Cuántos puntos han dado sus tantos en momentos delicados en los últimos años?

Quien no tuvo descanso pero sí reapareció cambiado en Gran Canaria fue Juanfran. Habló de nuevo en el campo, pero esta vez con su fútbol. Tino Fernández abandonó hace unos días cualquier atisbo de paternalismo y su tirón de orejas le sentó muy bien al madrileño. Su partido, sus prestaciones, sí que son una reacción madura, no su actitud en zona mixta hace algunos días. Entre el palo y la zanahoria, parece que por ahora ha funcionado lo primero. Aún debe afianzar este cambio para empezar a parecerse al del año pasado. Es otro de los objetivos: terminar de recuperarlo. A él y a Sidnei. Sin olvidarse de Florin Andone y Emre Çolak.

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