La pelota no se mancha

Un año después, kilómetro cero

05.12.2017 | 15:57
Guilherme, Çolak y Babel celebran uno de los goles ante la Real el año pasado.

Hoy hace un año el Deportivo arrolló 5-1 a la Real Sociedad en Riazor sin Lucas Pérez y con Tyton y Albentosa en el once titular. Uno llamado a ser el arreglatodo y los otros dos muy cuestionados ahora mismo. El poso de estos datos aislados es que, más allá de los nombres que es indudable que siempre suman, lo que prima en un equipo es el funcionamiento colectivo y el Dépor, un año después, sigue atascado en la casilla de salida. Muchas cosas han ocurrido, los avances han sido prácticamente nulos.

Han pasado Garitano, Mel, Ryan Babel, una rumiada salvación... Pero a grandes rasgos el conjunto blanquiazul se encuentra igual o incluso algo peor que hace doce meses. Llevaba entonces sin ganar desde octubre con aquel latigazo del holandés y los árbitros tampoco le estaban ayudando en momentos claves. Aun así, poco a poco parecía vislumbrarse un patrón de juego a partir de la pelota, que ese día se consolidó y creció durante un mes fantástico a partir del trío Carles Gil-Çolak-Babel. El ahora jugador del Besiktas, ya en forma, se marchó en enero y todo se rompió. Cuando salte este fin de semana al césped de Riazor ante el Leganés, el grupo de Cristóbal vivirá sensaciones similares. Esta vez el técnico no se jugará el puesto, sí llega el Dépor a una de las encrucijadas de la temporada. Los equipos de abajo continúan a un ritmo paupérrimo, pero empiezan a despertar y otea a su rival directo más cercano, el Levante, a cuatro puntos por encima. Es ahora o nunca. El conjunto coruñés necesita ajustarse, centrarse y sacar todo el fútbol que lleva dentro. Riazor hablará.

El Dépor fue un poco más de lo mismo en Sevilla. Enseña, mejora algo, no llega. Pequeños brotes verdes que en nada son quemados por el sol de su inconsistencia. Esa que pase lo que pase siempre va a hacer acto de presencia. Pero, en realidad, le condena lo de siempre y algo más. Sus desconexiones y jugar con porteros que no paran de regalar goles, también que sigue sin ser un equipo bien construido. Solo presiona arriba Lucas, las bandas son frágiles y las escuadras rivales llegan casi siempre en superioridad al medirse a la media blanquiazul. En ataque va a más, aunque continúa dependiendo en exceso de la inspiración del trío de arriba, más con Borges desaprovechado por la reubicación de Valverde y sin mediapunta natural. El tico tiene que llegar, no estar, así se anula. Cristóbal debe tomar una decisión. O él o Çolak o Andone junto al 7 coruñés para o tener más pegada y morder arriba, a riesgo de perder la media, o crear un circuito de ataque más reconocible y equilibrado. El turco penaliza en defensa pero los mejores momentos de fútbol del equipo en los dos últimos años han sido con él y Carles Gil, que volverá a la formación inicial el sábado por la baja de Fede Cartabia. Un Deportivo más asociativo. ¿Será su momento? ¿Será esa la fórmula con Adrián López versionando a Babel?

Lucas y Rubén

De punta a punta. Muchos nombres propios en Sevilla, pocos para bien, entre ellos Schär, que se quedó enganchado en el primer gol hispalense. A otros dos apuntan la mayoría de focos. Rubén y Lucas, primero y último del equipo. Así como la inseguridad y las manos blandas han desnudado a Tyton y Pantilimon en los últimos meses, con matices pasa lo mismo con el meta de Coristanco. Él da más certezas a los que tiene por delante cuando está bajo palos, pero dos errores de bulto ante Madrid y Sevilla le ponen en el disparadero. El mercado está a la vuelta de la esquina. El equipo necesita, entre otras cosas, un portero que dé puntos, ofrezca estabilidad a esa posición y refuerce al equipo para crecer de manera sostenible.

¿Qué le pasa a Lucas? La falta de pretemporada y una campaña casi en blanco en Londres le están pasando factura, pero hasta dónde llegan esos condicionantes. Le afecta el fallo sistémico general, sin duda. No se encuentra del todo cómodo con quien le rodea, echa de menos más ayuda en la presión arriba y jugadores más asociativos, que le surtan, que le incluyan en el circuito de su fútbol. También es verdad que no está siendo capaz de imponerse en los duelos individuales con los defensas como hace dos temporadas. Riazor se acostumbró a verlo en una versión excelsa cada fin de semana y por eso quizás ahora choca esta, algo más mundana. Aun así, es y debe seguir siendo el '9' de este equipo.

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