17 de marzo de 2018
17.03.2018
Deportivo11Las Palmas
 

Empate a nada

Dépor y Las Palmas igualan y se condenan. El equipo coruñés fue una radiografía perfecta de sí mismo: regalos atrás, bloqueo futbolístico y emocional, fallos en ocasiones claras... La desgracia parece escrita

17.03.2018 | 16:17
Empate a nada
Empate a nada

El Dépor se está yendo a Segunda con el corazón en la boca, con las piernas bloqueadas y dándose golpes en la cabeza lamentando su mal suerte. Las Palmas tuvo un mayor punto de entereza psicológica y consiguió salir vivo de Riazor con un empate que coloca al Levante con pie y medio en Primera y a los dos equipos que contendieron, presionando el botón de bajada del ascensor. Agonía, impotencia... El equipo coruñés dispuso en la segunda parte de media docena de ocasiones y en ninguna fue capaz de certificar el triunfo. Le quedan nueve jornadas en las que vivirá un proceso más que destructivo que le irá despellejando lentamente. Riazor fue parte activa. Protestó, empujó, pitó... Nada que objetar. Es el alma que muchas veces le ha faltado a este equipo.   

Al inicio del duelo el Dépor quiso regalarle a su gente un muestrario perfecto en tan solo una jugada de por qué es muy probable que la próxima temporada juegue en Segunda. Muntari, un fijo que llegó como futbolista en paro tras 10 meses sin jugar y que actúa fuera de forma y de sitio, se quitó de encima un balón en una posición de riesgo. Halilovic aprovechó el regalo y cabalgó a su antojo por el campo, mientras la defensa se abría como las aguas del Mar Muerto ante Moisés. 0-1, minuto 3. La grada estallaba. Había tenido paciencia. Mucha. Todo el año, desde 2011, incluso en la mañana del partido, a pesar de que el triunfo del Levante le colocaba a un paso del infierno. Tragó y tragó. Y, de repente, bramó. Tenía todo el derecho a quejarse. Por esta y por todas las que se había callado. Llegaron de manera inmediata los pitos. Contra los jugadores, contra la directiva. El equipo, mientras tanto, deambulaba por el campo e intentaba ponerse en pie después del sopapo que se había llevado.

Seedorf se sentaba por séptima vez en el banquillo del Dépor (aún sin ganar) y poco tocaba. Renovaba su confianza en Albentosa, uno de los protagonistas del duelo, alineaba por fin a Emre Çolak y dejaba en el banquillo a uno de sus niños bonitos, Pedro Mosquera. Si había un plan, poco se vio. Entre la sacudida el primer gol y los nervios que flotaban sobre el ambiente, se apreciaban pocos patrones de juego. Sí que es cierto que a Las Palmas le sentaba mejor la pausa y al Dépor, el vértigo, el caos (o quizás no le era posible jugar de otra forma). Y pronto llegó el alivio en forma de gol y rescate psicológico para la grada y para los que estaban en el césped.

El equipo canario fue el mejor rehabilitador. Lo que no llegaba por fútbol propio, lo hizo por concesiones del rival. Cada saque de esquina coruñés era una película de terror rodada en el área amarilla. Albentosa aprovechó el primer regalo para hacer el empate. El 1-1 le sirvió para celebrarlo a lo grande, soltar adrenalina con su grito y señalarse la camiseta. ¿Qué reivindicaría? Riazor, si antes pitaba, ahora rugía. Por fin, disfrutaba. Quería darse el gustazo de creer. Fueron buenos minutos coruñeses, más por arreones que por fútbol. A balón parado, en jugada... No hubo manera. Con Adrián y Lucas fallones y con Andone, perdido, a falta por jugada. Un futbolista que prácticamente no existió en todo el duelo y que vio como lo mantenían sobre el césped hasta el minuto 90. Inexplicable.

La segunda parte, con la ola de Riazor presta para pillar su mejor altura, parecía el momento adecuado para que el Dépor le diese la última estocada a un Las Palmas que había perdido metros e importancia en el duelo. Nada de nada. 45 minutos como si fuesen los últimos cinco. Un correcalles en el que solo su rival  imponía algo de pausa, sobre todo, en la primera media hora. Se agarraba con fuerza a Halilovic, que probaba constantemente a Rubén desde la frontal (lo tienen calado) y que a punto estuvo de hacer el 1-2 tras un resbalón de Albentosa.

El Dépor atacaba lo que podía, con las pulsaciones fuera de órbita. Siempre bloqueado y a arreones, lamentando su mala suerte en el buen puñado de ocasiones que tuvo. No sobraban las ideas, no dejaba de empujar, ya con ideas frescas gracias a los cambios. Lucas mandó una al larguero y erró un remate franco de cabeza, Chichizola voló para sacar una de Andone que olía a 2-1 y en un disparo de Bakkali también se vislumbró la liberación. Nada. Parece escrito: al Dépor va a volver al infierno.

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