ALFONSO PAJUELO
Puede que haya sido algo así. Miguel Blesa, provisto de redecilla para sujetarse el tupé, se retuerce de risa en su despacho de la torre torcida al observar la que ha liado con su idea agosteña de que se puede crear la "caja transversal". A saber, Caja Madrid, Caixa Galicia y CAM ¡casi nada!
La suya es una risa torcida, de esas que asemeja un rictus si se observa con detenimiento. Deriva a la izquierda, el lado de la ensoñación, el mismo que cuando la mirada se desplaza hacia él y hacia arriba, la mediana de un ángulo recto -vaya, otra vez la transversal-, revela mentira. Pero no es que Blesa mienta, ni siquiera, es que cara de cera, que decían por Génova, ha tenido una ocurrencia y ha sabido filtrarla a modo, al completo, y ha colocado lo que pretendía y algo más, hasta que el banco de España cuenta con La Caixa y Caja Madrid para liderar los grandes procesos de fusión ¡Tururú! (onomatopeya del sonido que se produce al soplar una trompetilla de feria de esas que utilizan las comparsas gaditanas para acompañar sus coplillas). O ¡tararí que te vi! que diría el castizo.
Pero la calentura de Blesa ha puesto de los nervios al personal cajero y se ha liado la marimorena, tanto que ahora tenemos claro que los políticos quieren las fusiones de cajas para aumentar su control y lo demás poco importa. Zapatero vendió el veto a las comunidades en las fusiones por un plato de financiación y ahora pasa lo que pasa, o sea, que sacar una fusión del ámbito de cada una de las comunidades va a ser casi un milagro.
Blesa se ha puesto a enredar y ha utilizado una idea de laboratorio de fórmulas magistrales portátil, mero estudio teórico producido tras almuerzo, copa y partida de mus (no sé si es muy acertado este juego de envite porque no visualizo claramente a Blesa de musolari, quizá sea más de bridge). El caso es que el presidente de Caja Madrid se limitó a decir que encajaría muy bien una fusión entre Caja Madrid, Caixa Galicia y CAM. No más. Reforzaba la idea con el hecho de que las tres comunidades autónomas afectadas están gobernadas por el PP. Añadía que Caja Madrid, junto a La Caixa, son los líderes del proceso general, y así lo ve el Banco de España, que, a su vez, no ve mal lo de la "caja transversal".
Para sorpresa de muchos, lo tomaron en serio y hasta se lo creyeron. Supongo que ni él mismo esperaba tanto. En Galicia y Valencia se han puesto a la defensiva y ha dejado claro que no habrá fusión que valga sin permiso del gobierno que corresponda, mucho menos si la operación es intercomunitaria. Blesa ha conseguido igualar la situación que él padece en Madrid con la del resto de las CCAA: todo es política y los políticos han visto una nueva oportunidad para reforzar el control de las cajas reduciendo su número. Aunque lo de Madrid sea un esperpento, en el fondo no desmerece de lo que ahora está claro que ocurre en otras comunidades.
Y mientras todos andan a la gresca y vigilando de cerca su rebaño financiero, Blesa ha conseguido colocar un par de ideas peregrinas que nadie ha discutido. De repente, Caja Madrid ha pasado a liderar junto con La Caixa el proceso general. Blesa pretende estar donde no está y ser lo que no es.
La Caixa no lidera nada porque juega en otra división en solitario. Y esa división no es la misma que la de Caja Madrid. Tampoco es la segunda división, sino la tercera, la de aquellas cajas que proceden de autonomías uniprovinciales. Asfixiadas por un ámbito territorial limitado y forzadas a seguir como están, esperan a que suene la flauta o que el Banco de España intervenga alguna y se la coloque a una de ellas. Por el momento, esas son todas las posibilidades. La flauta no es otra que el pífano de Génova y que ponga a un hamelín a recolectar por comunidades afines o alguna otra uniprovincial. Y lo tiene difícil porque esos reinos de taifas son muy suyos y no quieren perderse en medio del poderío de otra caja más grande.
Pero, además, hay otro problema. Blesa no es un presidente consolidado, más bien está en entredicho y con futuro incierto. Su única posibilidad es hacer una fusión antes de su relevo. Pero Caja Madrid no está en ninguna lista porque es una entidad sometida a una profunda crisis política y de gestión. No hay más que ver el empeño que está poniendo estas dos últimas semanas en destacar lo buena e importante que es la caja en comparación con las demás. Aun así, ¿quién se atrevería a negociar con él una fusión en las actuales circunstancias? Ni el Banco de España osaría meterse por en medio colocándole otra caja porque no está claro si tendría que negociar con Esperanza Aguirre en lugar de con Blesa, lo que crearía una anormalidad inadmisible.
Sabíamos que Caja Madrid se quedaba fuera del mapa de las cajas en España. Y así sigue. Pero Blesa se ha sacado de la manga lo de la "caja transversal", tan transversal que se ha atravesado. Pero eso da igual porque los medios y los políticos llevamos seis días hablando del asunto poniéndole como protagonista. Y no lo es. Porque Caja Madrid no lidera nada, no está en el mapa de fusiones, no está en condiciones de afrontar un proceso y nadie se le acercará. Sus problemas la han convertido en una entidad maldita a los efectos de lo que nos ocupa. Houston, tenemos un problema.
Moratinos no ha dejado tampoco esta vez que le aguaran el paseillo venezolano las tierras expropiadas a ciudadanos españoles, por más que los inversores agrícolas y ganaderos le han puesto entre la espada de Chávez y la pared de las reclamaciones económicas y el acuerdo bilateral de protección recíproca de inversiones de 1997. Ya hace un año les dio largas. Ahora no hay liquidez, no al menos para ellos. Al menos 110 ciudadanos de origen español están afectados por las ocupaciones de tierras en Venezuela con el argumento de que se trata de bienes de utilidad pública o interés social. En el 90% de los casos las propiedades afectadas son explotaciones agrícolas y ganaderas, aunque también hay urbanizaciones y locales comerciales. Los afectados en Venezuela siguen esperando que Moratinos les indique si los respaldarán en el caso de una demanda contra el Estado venezolano ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) del Banco Mundial.
Ni palabra de los 2.500 millones de euros de resarcimiento monetario por las propiedades afectadas. A la vista de que la Procuraduría General de la República Venezolana les ha advertido a los ciudadanos españoles que la Tesorería nacional no tiene recursos para cancelar esos compromisos, los afectados le han propuesto al Ejecutivo español que España otorgue un crédito a Venezuela para despejar el impasse. De los 200 afectados, aún están pendientes de solución 88 expedientes de fincas rurales y 22 de suelo urbano e industrial, apenas 12 menos que hace un año.
El ministro Moratinos sólo se trajo de Caracas a Madrid la promesa de seguir estudiando los casos con otro nuevo anuncio de "comisión bilateral", nada diferente a la Comisión Mixta que los Gobiernos de España y Venezuela crearon a finales de 2007 entre el Consulado General de España en Caracas y el Instituto Nacional de Tierras -al calor de la visita de la entonces secretaria de Estado para Iberoamérica, Trinidad Jiménez- con el mismo fin. Nada que no hubieran diagnosticado ya los informes remitidos a finales de 2008 por el Gobierno venezolano: "los casos están en proceso de solución". Caracas ya considera un trato "preferente" considerar aparte a los ciudadanos españoles y "permitirles entrar a negociar eventuales indemnizaciones por la confiscación de sus terrenos". Pura verborrea.