ALFONSO PAJUELO
Desde el estallido, a mediados de 2007, de la mayor crisis económica desde la Gran Depresión, las principales economías mundiales han intentado salvar del colapso del sistema financiero mediante rescates bancarios y empresariales, inyecciones de capital y políticas de estímulo basadas en un feroz aumento del gasto público.
Esta esquilma, feroz y desesperada, de las arcas estatales al modo más puramente keynesiano ha ido acompañada de un simultáneo descenso de los ingresos, lo cual ha provocado que el déficit haya aumentado de un modo brutal en el grueso de las economías mundiales.
En España, la situación es especialmente virulenta. En los primeros meses del año, la brecha entre ingresos y gastos del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero llegó a 38,6 millones de euros (3,64% del PIB), frente a 4,6 millones el año pasado en el final del primer semestre. La velocísima escalada del déficit se debe tanto al desplome de la recaudación como al aumento del gasto.
La caída de los ingresos vía impositiva ha retrocedido un 23% respecto al primer semestre de 2009, hasta los 65.721 millones, frente a los 85.413 millones ingresados en el año anterior.
Los impuestos directos disminuyeron un 19%, colocando la recaudación en los 36.591 millones. Los impuestos indirectos sufrieron un descenso mayor, del 27%, y fijaron los ingresos en 29.130 millones.
No menos grave, contrariamente a las previsiones de Silvio Berlusconi, es la situación en Italia. El déficit público ascendió al 9,3% del PIB en el primer trimestre de 2009, frente al 5,7% del año anterior. Un aumento de más del 60% en un año ¿La causa? En los cinco primeros meses del año, los ingresos han caído un 3,2% o 4,8 millones de euros mientras que los gastos, en el mismo período, aumentaron un 5%.
En Gran Bretaña, el déficit mensual público ascendió el pasado mes de junio a 22 millones de euros, frente a los 9 millones de hace un año. Gordon Brown ha presentado a finales de abril un presupuesto de crisis que fija en casi 200 millones de euros el nivel de déficit previsto para el año fiscal 2009-2010 (computado de abril a marzo). Una cantidad que representa nada menos que el 12, 4% del PIB inglés.
Por su parte, en Alemania, el déficit podría alcanzar un nivel de 47,6 millones de euros, casi el triple de lo registrado a finales de 2008 y mucho más de lo esperado hace unos meses. El déficit podría alcanzar durante este año el 4,4% del PIB y más del 6% en 2010.
Tampoco Francia se libra de la brecha financiera. El Banco de Francia informó de que el déficit de la balanza de pagos aumentó en 600 millones de euros en el pasado mes de junio respecto a mayo y se situó en 3.500 millones de euros. En el mes anterior, el déficit había sido de 2.300 millones de euros. El saldo de intercambio de bienes aumentó en 1.200 millones de euros en junio, hasta los 3.500 millones, y se colocó en el nivel de abril, mientras que cayeron los de servicios (-300 millones de euros) e ingresos (-200 millones de euros).
Y no sólo Europa muerde el polvo financiero. Según el Fondo Monetario Internacional, entre los países más afectados, destaca el caso de Japón, cuyo déficit público el 10% del PIB hasta 2011, para luego caer al 7,6% en 2014. Mientras, su nivel de deuda pública podría ascender al 240% del PIB nipón en 2014.
Los analistas coinciden en afirmar que los aumentos récord del gasto público necesitarán, tarde o temprano, ser sufragados mediante aumento de impuestos para los ciudadanos.
Además, el FMI advierte de que el riesgo de elevada inflación hace prever un aumento de los tipos de interés.
Para acabar de agravar la situación, el creciente coste de los sistemas de Seguridad Social (pensiones y sanidad públicas) amenaza con poner en riesgo la solvencia de las cuentas públicas en los países desarrollados, en caso de que no se aborden reformas de calado.
Ante tal panorama, no son pocos los reputados economistas que temen que la crisis origine una nueva década perdida como la que tuvo lugar en Japón en los años 90. Otros, como el Nobel de Economía de 2008 Paul Krugman, abogan por nuevos estímulos -más gasto público todavía- para evitar la crisis al estilo nipón de forma que aumentando el gasto publico se aumente el empleo el cual a su vez vuelva a crear empleo hasta volver a alcanzar otro punto de equilibrio.