JULIO PÉREZ | VIGO
Pescanova, Nueva Cerámica Campo, Coren, la planta de Leche Pascual de Lugo, la refinería de Repsol en A Coruña, la maderera Finsa, Sogama, Inditex... La inmensa mayoría de los complejos industriales asentados en Galicia se apuntaron a la moda de la cogeneración. Una fórmula de producción de electricidad muy bien vista en el sector por su elevado rendimiento y constancia. Las fábricas aprovechan sus propios procesos internos para crear simultáneamente electricidad y calor para autoabastecerse. La energía que les sobra sale al mercado con unas retribuciones muy suculentas de la Administración central, como ocurre con la eólica o la biomasa. La revisión prevista ahora para esas primas pone en jaque la rentabilidad de muchas de las 105 centrales de cogeneración operativas en Galicia, fundamentales para la seguridad del sistema eléctrico de la comunidad, por lo que la Consellería de Economía e Industria ha preparado una orden con la que pretende apoyar su continuidad.
Como todos los tipos de energía subvencionada, la cogeneración forma parte del régimen especial eléctrico. El Real Decreto que regula su producción y que entró en vigor en 2007 establece que a todas aquellas instalaciones que cumplan 15 años se les aplicará un coeficiente de corrección por antigüedad. La tarifa que le corresponda -cada trimestre se revisa en función de los precios de los combustibles que usan, gas natural, fuel y gasóleo en el caso de las plantas de la comunidad- se multiplicará por 0,83, lo que en la práctica supone un recorte del 17%. Hay centrales en Galicia que funcionan desde hace dos décadas -la de Repsol se abrió en 1991 y las de las cerámicas Rioboo en Cambre y Novo y Sierra en Valga, en 1993-, aunque seis de cada diez entraron en servicio a finales de los noventa. Están en el límite impuesto por el Gobierno central.
"La rentabilidad económica de su funcionamiento se reduce sensiblemente, lo que puede provocar la parada definitiva de gran parte de estas centrales de alto rendimiento energético", sostiene la Consellería de Industria. El departamento que dirige Javier Guerra se acoge en la orden -en trámite de participación pública- a una de las posibles opciones que la normativa nacional incorpora para poner a cero el contador de las centrales. Que lleven a cabo "mejoras sustanciales" de sus instalaciones, que se sustituyan los equipos principales -calderas, motores, turbinas hidráulicas, de vapor, eólica o de gas- para seguir mejorando su eficiencia. A efectos oficiales, la planta de cogeneración tendrá una nueva fecha de puesta en servicio, evitará el importante descenso en las primas, siempre y cuando, eso sí, el coste de las obras de mejora supere el 50% de la inversión total que acumulan las instalaciones.
Las 105 plantas de cogeneración de Galicia suman más de 619 megavatios (MW) que concentran casi el 17% de toda la energía que se compra en la comunidad dentro del régimen especial. En lo que va de año, la producción osciló entre los 117,2 gigavatios hora (GW/h) en febrero y los 156,1 que alcanzaron las plantas el pasado mes de mayo, según consta en los registros del Instituto Enerxético Galego (Inega). Su aportación anual cubre las necesidades eléctricas de todos los hogares de la provincia de Pontevedra y Ourense juntas y el equivalente a una central y media de tecnología nuclear.
Todos pueden ser productores
Con gas natural, gasóleo, fuel e incluso energías residuales, como el caso de la planta de Repsol en A Coruña, la central de mayor potencia en el parque de cogeneración gallego, más de 94 MW. El combustible, con precios volátiles y fecha de caducidad, es la única pega que se pone a las instalaciones que emplean una técnica capaz de producir calor y electricidad a través de un único proceso. Hay ya una vuelta de tuerca, la llamada trigeneración, que añade a ambas energías un sistema de absorción para producir frío y que en Galicia ya usan varias plantas, como la que tiene el hospital Povisa de Vigo, con 2,4 MW de potencia.
Al situarse muy cerca de los consumidores, las pérdidas energéticas son mínimas en la red. Los defensores de la cogeneración hablan también del aumento de la competencia entre productores. Porque estas instalaciones permiten que casi cualquier tipo de industria venda electricidad. O el impulso para la creación de nuevas empresas.
Un buen ejemplo son las cinco sociedades que Eufer, la filial de renovables de Unión Fenosa, tiene en Galicia. Tres con los propietarios de Jealsa en Boiro y Santiago de Compostela, otra con la maderera ourensana Orember y una más con Parmalat en Caldas de Rei.