ALFONSO PAJUELO
La Ley de Economía Sostenible será el ahora o nunca de la paciencia. Reúne las mayores expectativas pero los recortes de presupuestos, el impasse legislativo de las energías renovables, la guerra de la I+D í y el fuera de juego de la apuesta tecnología del Estado cercenan sus importancia y proyección. Llegará al menos un mes tarde, a lo peor , advierten en Economía, sin el fondo de financiación de 20.000 millones de euros en créditos, que requiere acuerdos y aún no está definido.
No son sólo las carteras que debían sostener su peso -Industria, Medio Ambiente y Ciencia- las que recelan, incluso la Fundación Ideas no ha estirado el entusiasmo. Se lo advierte Jesús Caldera, aún secretario de Programas de la Ejecutiva Federal del PSOE: la Ley de Economía Sostenible tendrá que ser "muy valiente y comprometida" para "cambiar el modelo productivo". Si no, será aún peor. Sobre todo para contener el mapa de las rebeliones, ahora que ni los caramelos del Plan 2000E y ni los 130 millones adicionales a Ciencia gracias a las enmiendas socialistas en los PGE consuelan el enfado de Industria e Innovación y los silencios de Agricultura y Educación.
Hay grietas en Moncloa y Ferraz. El camino de ida y vuelta en el Congreso del prerregistro de las termosolares no es la única. Si Zapatero pensaba hacer de las energías renovables -decía Sebastián- el mantra de la paz mundial, se ha convertido en el cáliz de las guerras locales. La Comisión de Energía del Congreso le discute su mix a Zapatero, ha tenido que ponerle silenciador el Secretario de Estado Marín, ya votaron en junio en contra del cierre de Garoña. Y ahora sus diferencias no se lo ponen fácil a la reforma nuclear, al pacto para promover el carbón nacional, ni a la próxima ley de renovables.
Miguel Sebastián ha tenido que tragarse todos los sapos de la energía nuclear de Zapatero y ponerle la cara al intento de pacto de Estado de la energía; no le gusta que lo hayan relegado del lobby verde exterior con el que España busca liderazgo en el cambio climático, le sabe a poco que la revolución sostenible y renovable de Zapatero se vuelque en los 5.000 millones del Plan Local y quiere más sitio en la Ley Sostenible, o al menos, vía libre para poder sacar delante de una vez el Plan de Renovables y la Ley de Eficiencia Energética.
Al ministro no le sale el sudoku de las renovables, ya en los últimos cuatro años el sector absorbió inversiones por 6.000 millones, pero quiere además de las primas un marco claro. No es el único.
El grupo socialista del Congreso ha hecho cuña con Garmendia para estirar los presupuestos de I+D+i. Con Griñán en cabeza, los barones de Ferraz le han impedido a De la Vega abrir la reforma a la financiación a las televisiones autonómicas, le pelean el mapa energético y el equilibrio territorial de las renovables a Zapatero, Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha se niegan a los planes de restricción a las eólicas y las termosolares de Sebastián. Y los grandes ayuntamientos socialistas no están por la labor de aceptar la fiscalidad verde, ni la tasa al transporte vinculada al CO2 si en conjunto reduce su recaudación. Tratan ya de estirarle los números a Salgado para que mire a Francia y no establezca un modelo de compensaciones por baja contaminación, sino tasas al transporte contaminante. Nada de empañar el efecto del Fondo para el Empleo y la Sostenibilidad Local.
Rodríguez Zapatero se ensimisma, nada de mirar a los lados, lo saben Ángel Gabilondo, que aún trata de digerir los portátiles del Educa 2.0, su proyecto estrella que sólo llegará a nueve Comunidades Autónomas este curso y del que el ministro se enteró sólo dos días antes que el público, o Elena Espinosa, convertida en abanderado del cambio climático ante la UE, a la fuerza y sin ensayo -pero sin Ley de Pesca Sostenible- a la vista del desencuentro en las renovables entre Moncloa y Sebastián, López Garrido y la Fundación Ideas.
En Presidencia dejaron que Cristina Garmendia insistiera en septiembre durante dos semanas en que no habría recortes en I+D+i, aunque el tijeretazo del 3% ya lo protestaban sus secretarios y las cabezas de sus centros oficiales. Zapatero cocina todo en petit comité, lo hizo con el cierre de Garoña, los planes económicos e industriales para la presidencia española de la UE. Entregó a De la Vega las riendas del sector audiovisual -por encima de Sebastián- y dejó que el Secretario de Estado y el Director General de Energía negociaran por encima de él las subvenciones del carbón. Y aún baraja los detalles de la fiscalidad verde, lo hará en las olas de IU e ICV.
Pero ya Salgado ha aprendido quien manda: tuvo que dejar de negar la mayor y repudiar los impuestos al CO2. Su Secretario de Estado de Hacienda negocia ya con la FEMP una tasa que grave a la contaminación circulatoria. Sebastián le jura aún a la industria del sector eléctrico y a la patronal Protermosolar que no sabía nada de los planes parlamentarios con CiU para acabar con el preregistro de las termosolares. Zapatero entona a solas también el calendario de la ley de Economía Sostenible: dejó que Espinosa, Garmendia y Sebastián siguieran prometiendo durante semanas acelerar las Leyes de Ciencia, Eficiencia y Renovables y Pesca, aún sabiendo que su ley paraguas ya no llegará como pronto antes de la segunda quincena de noviembre, al menos un mes después de la fecha prometida.