MARÍA J. AIRA | A CORUÑA
Aplicar el modelo alemán basado en reducir la jornada laboral y cobrar parte del paro es sólo un "parche" para solucionar el problema del desempleo en España. Ésta es la conclusión de algunos de los expertos consultados para conocer la viabilidad y repercusión que tendría esta medida -ya señalada por los sindicatos- en el mercado de trabajo español.
"Aquí no tiene sentido porque la diferencia es que en Alemania en general, la mano de obra tiene un alto grado de formación y a las empresas no les interesa perder de su órbita a trabajadores cualificados", explica el catedrático de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña, Julio Sequeiros. Como en España la construcción y la hostelería han encabezado el crecimiento hasta ahora, la necesidad de mantener a los empleados en las empresas no existe. "La mayoría de las empresas tienen una mano de obra con una cualificación muy baja. Si tienes una cafetería pones a un camarero en la calle porque contratar a otro es la cosa más sencilla del mundo", matiza.
De esta forma, el conjunto de empresas que se beneficiaría de este sistema en el que se reduce la jornada y el Estado paga lo que el empleado perdería al trabajar menos horas, sólo es aplicable a algunos sectores: Por ejemplo en los automóviles, o en los periódicos, donde al empresario le interesa conservar a unos trabajadores con una cualificación específica".
Esta impresión de que la medida sirve como solución puntual, pero no milagrosa la comparte Andrés Faíña, también catedrático de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña. "Eso puede mitigar los problemas en determinados sectores, pero en ningún caso es una solución al desempleo", reconoce y añade que el problema real reside en el desequilibrio entre las condiciones de los trabajadores indefinidos y los temporales: "Es necesario hacer un contrato que iguale, que sea más flexible con los indefinidos para evitar que los temporales tengan contratos de pésimas condiciones".
Aunque los expertos coinciden en que el modelo germano no es la panacea para evitar despidos, tampoco rechazan que sea en cierto modo positivo. En este sentido, el decano del Colegio de Economistas de A Coruña, Roberto Pereira, va más allá y asegura que es una buena forma de promover el trabajo femenino y permitir la conciliación de la vida laboral y familiar: "Fomentar el contrato parcial es fomentar que la mujer puede trabajar, porque se evitaría en alto grado el abandono de puestos entre las mujeres".
Asegura que es una opción viable porque en este caso el Estado sólo tendría que desembolsar el 50% de la prestación, además de permitir a las mujeres combinar trabajo fuera del hogar con el cuidado de la casa porque, asegura, "acaba recayendo en ellas".
Como medida aislada puede ser beneficiosa para los trabajadores, pero la incógnita está en los efectos para el conjunto de la economía. "España debería empezar a vivir como si hubiésemos devaluado la moneda: bajos salarios, bajos impuestos, menos beneficios para las empresas... si no se hacen esos ajustes, los hará el mercado generando desempleo", concluye Sequeiros.