I. BASCOY A CORUÑA
El martes arranca la ronda final de contactos sobre el futuro de las cajas gallegas. El titular de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, se reúne con el presidente de Caixanova, Julio Fernández Gayoso, y con el director general de Caixa Galicia, José Luis Méndez, en un intento final de aproximar posturas. De todas las citas previstas (políticos, empresarios y sindicatos), la de mañana es la cita clave. Feijóo apremiará a sus interlocutores a buscar una salida consensuada.
Pondrá datos y argumentos encima de la mesa y presionará por la firma de un acuerdo que garantice que Galicia no desaparezca del mapa financiero y asegure la solvencia de las cajas o de la caja, pues Núñez Feijóo siempre alude a "dos o una caja gallega" cuando habla de futuro.
Será difícil. Gayoso tiene claro que ni a Galicia ni a su entidad le conviene la fusión con Caixa Galicia. Se perderían empleo y competividad.
Por su parte, la entidad que dirige José Luis Méndez apuesta por la fusión, pero también baraja la opción de un SIP (Sistema Institucional de Protección) con Caja Madrid y Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). El SIP, que permite a los socios mantener su naturaleza jurídica y su marca, es también la alternativa que quiere Caixanova para reforzarse en el mercado financiero español, en plena proceso de reestructuración.
Con posiciones tan encontradas, el papel de Feijóo se complica. La decisión es de las cajas, concretamente de sus asambleas generales y de sus consejos de administración, y la autorización final es del Banco España. La Xunta no puede imponer su criterio a Caixanova y a Caixa Galicia, pero tiene margen de maniobra y si no le gusta el camino que toman puede vetarlo o ponerle condiciones.
El presidente de la Xunta, que hasta ahora ha jugado a la prudencia, está dispuesto, tras entrevistarse con las cajas, la oposición, la patronal y los sindicatos, a salir a escena a mojarse, manifestando que es lo mejor para Galicia,aunque su parecer no sea compartido por Caixanova y por Caixa Galicia, e incluso por el Banco de España, que puede avalar los planes de las cajas gallegas, pese al informe negativo de la Xunta. De ahí la delicada tesitura a la que se enfrenta Feijóo, asediado por PSdeG y BNG, que ya auguran su fracaso, y presionado por los interereses divergentes de los empresarios y el temor de los empleados de las cajas a perder sus puestos de trabajo.
También para Caixanova y Caixa Galicia es un momento decisivo. Saben que no deciden sólo su futuro, pues su papel es clave en el desarrollo y económico y social de Galicia. Entran en la semana definitiva.