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LUI COSTAS | A CORUÑA
Alberto Núñez Feijóo ganó las elecciones autonómicas cuando estaban a punto de cumplirse diez años del acuerdo que permitió la fusión por absorción que dio lugar a lo que hoy es Caixanova. Una operación impulsada en 1999 por la Xunta que consiguió vencer la oposición de Caixa Ourense con un acuerdo que finalmente quedó diluido por la supremacía pontevedresa en la entidad. Hasta el alcalde socialista de Ourense recordó en las últimas semanas cómo su ciudad salió perjudicada de una operación tutelada por un presidente de la Xunta y un conselleiro de Economía que hoy asisten al nuevo proceso desde la barrera. Sólo uno de los actores de aquella unión sobrevivió al paso del tiempo en prácticamente el mismo puesto -entonces era director general, hoy presidente-: Julio Fernández Gayoso. "Ha sido difícil y complejo, pero se ha solventado con generosidad de todas las partes", dijo aquel 15 de marzo de 1999 quien hoy lidera la oposición a la fusión "paritaria, igualitaria y equilibrada" que de nuevo promueve la Xunta.
De lo que ha dicho y sobre todo de lo que ha hecho, se desprende que el ourensano Alberto Núñez Feijóo ganó las elecciones con una idea más clara de lo que no quería para Caixa Galicia y Caixanova que de lo que consideraba necesario. Su pretensión de lograr una fusión puede ser ahora mismo tan firme como la que tuvo Fraga, pero a lo largo de los últimos nueve meses no siempre pareció tenerlo tan claro.
A un mes de convertirse en el presidente de Galicia, a Alberto Núñez Feijóo le parecía "precipitado" plantear una fusión entre Caixa Galicia y Caixanova. El entonces candidato del PP estaba más preocupado por apagar el fuego declarado en su partido al descubrirse que su número uno por Ourense había defraudado a Hacienda a través de una cuenta en un paraíso fiscal. El fichaje estrella Luis Carrera Pásaro -ex director general de la Caja de Ahorros Provincial de Orense cuando Fraga impulsó la fusión por absorción que dio lugar a Caixanova- se estrelló contra su pasado y fue retirado de la lista. El hombre fuerte de Feijóo en Ourense concluyó en 2004 su relación con Caixanova enfrentado con la cúpula y su caída dio lugar a todo tipo de rumores. Si Feijóo tenía entonces diseñada la estrategia sobre las cajas, la reservó para sus más estrechos colaboradores. En público, durante una conferencia en Vigo y ante una pregunta sobre la fusión, dijo: "Sería precipitado plantearla; la prioridad ahora es garantizar la solvencia financiera para que los ciudadanos tengan seguros sus ahorros".
Tras la victoria del 1 de marzo, el relevo al frente de la Xunta fue largo y pausado y Feijóo evitó todo lo que pudo hablar sobre el futuro de las cajas. Pero tras la intervención de Caja Castilla-La Mancha a finales de marzo, el Gobierno empezó a meter prisa al necesario proceso de reestructuración financiera para ganar eficiencia. La Xunta sin embargo tenía su propio criterio. "Con la información que tenemos no vemos la oportunidad de plantear una fusión de las dos cajas gallegas, sería una precipitación hacer eso", dijo el presidente gallego a preguntas de la prensa. Alegaba Feijóo no disponer de información "oficial" que apuntase a que Caixa Galicia y Caixanova estuviesen "ante un riesgo superior" que el resto de las entidades. La calma de Feijóo satisfizo al presidente de Caixanova, Julio Fernández Gayoso, que días después dijo coincidir "plenamente" con sus planteamientos.
Núñez Feijóo se mostraba al inicio del verano más favorable a mantener las dos cajas de ahorro que a una integración de sus negocios. El Gobierno gallego anunciaba su intención de hacer uso por primera vez de la Lei de Caixas de Aforros para incrementar su control sobre las cajas y designar a un representante en las comisiones de control. "(La fusión) no está planteada", dijo la conselleira de Facenda; mientras Feijóo añadía "no sería oportuno dada la situación de tormenta financiera que atraviesa la economía". Ni el analista político más perspicaz intuiría entonces el giro que daría el Gobierno gallego tan sólo cinco meses después.
El presidente de la Xunta reconoció tres meses después de haber tomado posesión de su cargo que su postura sobre las cajas no era tanto una apuesta por la discreción como resultado de una información insuficiente. "Estas cuestiones habrá que afrontarlas y verlas a final de año -dijo Feijóo- La Xunta lo estudiará cuando tenga los datos del Banco de España". El Gobierno de Zapatero acababa de aprobar la regulación del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para inyectar fondos a la banca y daba al Ministerio de Economía la potestad de autorizar -en algunos casos- una fusión al margen de las comunidades autónomas. Algunas autonomías y el BNG advirtieron desde ese momento que el decreto invadía competencias autonómicas pero la Xunta se limitó entonces a pedir un informe jurídico sobre este posible conflicto y no emprendió la batalla en defensa de sus derechos de veto hasta dos meses después. El Ejecutivo de Feijóo se mantenía al margen, incluso de las opiniones del presidente del PP, Mariano Rajoy, contrario a las fusiones de entidades de una misma comunidad autónoma y a que los presidentes autonómicos pudiesen vetar estas operaciones.
El portavoz de Economía del PP, Cristóbal Montoro, cogió con el pie cambiado a Feijóo cuando hizo pública su preferencia por una integración entre Caja Madrid, Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) y Caixa Galicia. "No conozco esa propuesta", reconoció el presidente gallego, quien ya entonces acuñó una de sus frases favoritas en el discurso sobre la fusión de las cajas de ahorro: "La Xunta tendrá en cuenta el interés supremo de Galicia", dijo. La tibieza de Feijóo, que la oposición interpretó como un indicio de sometimiento ante la determinante postura del PP nacional, contrastaba con el PSdeG y el Bloque, que advertían de que la operación con Caja Madrid era intolerable.
Feijóo volvió a hacer gala de su flemática indefinición sobre el futuro de las cajas de ahorro en vísperas del día de Galicia en una entrevista en la Televisión de Galicia durante la que se mostró partidario de esperar y ver qué pasaba con las fusiones ya emprendidas entonces en Cataluña y Andalucía. "El sistema de cajas no se va a decidir hasta la primavera del año que viene", pronosticó el presidente gallego, quien insistió en enviar un mensaje de tranquilidad porque no tenía ningún compromiso "ni con los directivos de las cajas ni con ningún partido".
El presidente que ganó las elecciones con el lema Estamos preparados despertó de su sosegada reflexión sobre las cajas cuando Caja Madrid entró en escena con su propósito de absorber Caixa Galicia. El mismo día que dos periódicos de Madrid desvelaban la existencia de un informe pro-fusión de la entidad madrileña, Feijóo lanzó una advertencia clara: "Sin la autorización de la Xunta no puede haber ningún tipo de acuerdo entre las cajas gallegas y las de fuera de la comunidad". De nada valía que las entidades estuviesen haciendo entonces los deberes que les había puesto el Banco de España, que desde el verano urge a la reestructuración financiera. El organismo supervisor quiere reducir en un tercio las 45 cajas de ahorros que hay en la actualidad y que las entidades resultantes tengan más de 50.000 millones en activos -Caixa Galicia tenía en septiembre 44.927 y Caixanova 30.069-"En este asunto como en otros, tenemos que trabajar mucho y hablar menos". El presidente se daba así de plazo hasta octubre para estudiar el estado de
s cajas en profundidad.
Tal vez consciente de que debía acallar rumores o de que la oposición le estaba ganando terreno en el asunto de las cajas -El PSdeG acababa de presentar una iniciativa en el Parlamento contra las fusiones interregionales- Feijóo dio un golpe en la mesa y tras un Consello de la Xunta advirtió: "El calendario de esa decisión no nos lo van a imponer desde fuera. Es un tema lo suficientemente serio como para que Galicia responda en su momento sin atender a presiones externas". Y con la misma firmeza exigió a la oposición "pasar del rumor al rigor".
Tras las vacaciones de verano, Alberto Núñez Feijóo ya disponía de alguna información sobre las entidades de ahorros que consta en el Banco de España y aseguraba: "Las cajas gallegas están en una situación tranquila dentro de la tormenta financiera que vive el sistema financiero español". En una entrevista concedida a LA OPINIÓN, el presidente gallego se escudaba en la necesidad de preservar el sigilo sobre las intenciones gallegas y anunciaba su propósito de tener un diagnóstico "de las debilidades y fortalezas" antes de finalizar el año.
Días después de rechazar una propuesta del PSdeG que comprometía a la Xunta a votar en contra de una integración interregional, Alberto Núñez se mostró partidario de apoyar la reforma de la Lei de Caixas de Aforro para blindar las entidades de intervenciones foráneas. Por primera vez, Feijóo revelaba que la Xunta barajaba dos posibles soluciones; mantener las dos cajas o crear una gran entidad gallega. Justificaba de este modo que el Ejecutivo gallego exigiese una reforma del decreto del FROB para asegurarse que el Gobierno no invadiría las competencias de la Xunta.
La conselleira de Facenda, Marta Fernández Currrás, ha sido el brazo derecho del presidente de la Xunta en el diseño del mapa financiero gallego y en los últimos meses se ha mostrado más transparente con la prensa que Feijóo, que ha defendido que la discreción en este asunto es casi un deber. A finales de septiembre y cuando los empresarios de Pontevedra ya anunciaban movimientos "inminentes" en torno a la fusión, Fernández Currás aseguró que Caixa Galicia y Caixanova tenían capacidad suficiente para sobrevivir por separado. Con el paso de las semanas, Feijóo acabó diciendo todo lo contrario. Pero ya al día siguiente lanzaba un mensaje completamente distinto: "Galicia ya pasó de seis cajas a dos", aunque reconocía que la decisión no era "urgente".
La entrada en escena del Sistemas Integral de Protección que Caja Navarra y Cajacanarias pactaron este otoño conmocionó el panorama financiero que de repente descubría una tercera vía para las fusiones conflictivas. El presidente gallego se mostró favorable a estudiar esta fórmula de alianza entre las cajas gallegas y otras de fuera siempre y cuando garantizase la galleguidad de las entidades y permitiese acudir a las ayudas del FROB. Feijóo mostraba su desconocimiento sobre la fórmula, al calificarlo de "sistema novedoso"
La Xunta avanzaba en sus estudios pero estaba cada vez más cerca del final de año que Feijóo se había marcado como límite para hacer pública su decisión y exponerla en el Parlamento. Por eso pretendía que el Banco de España respaldase su decisión, pero el organismo supervisor advirtió de que siempre, en todas las fusiones, opina cuando hay una decisión firme de las cajas de ahorros. "Las dos cajas necesitan una inyección económica, necesitan reforzarse", decían desde el Gobierno autonómico.
Once días después de que los empresarios vigueses hiciesen pública su determinación de hacer frente a la Xunta si planteaba una fusión de las dos cajas gallegas, la conselleira de Facenda volvía a hacer gala de su sinceridad con la prensa en una entrevista en la que aseguraba que el Gobierno autonómico ya tenía definida una solución para las cajas de ahorros gallegas y que ésta pasaba por una sola entidad, fuerte y solvente. De nada sirvieron las matizaciones y el comunicado que la Xunta envió a los medios de comunicación para asegurar que la decisión todavía no era definitiva y que cuando lo fuese, Feijóo la haría pública, primero a las cajas de ahorros, luego ante la oposición y finalmente ante el resto de los gallegos. El grupo de presión vigués intensificó su campaña en contra de la fusión.
Feijóo insistió en su mensaje de ecuanimidad, incluso ante el presidente de Caixanova que al día siguiente del comentario de Currás, argumentó su oposición a la fusión con datos sobre el impacto en el empleo y la financiación de la actividad industrial. "Cuando tengamos la propuesta, la concretaremos y daremos nuestra opinión", dijo horas después de su encuentro con Gayoso.
Tal vez jugaba al despiste el presidente de la Xunta cuando tras hacerse públicos los contactos entre Caixanova y otras entidades foráneas, dijo que la Xunta estudiaba todavía la posibilidad de que Caixa Galicia y Caixanova pactasen liderar un Sistema Institucional de Protección con cajas de fuera. "La Xunta tutela, no decide", añadió Feijóo.
La Xunta ya sabía hace un mes que no tenía fácil lograr un acuerdo de fusión y por eso instó a los directivos de las cajas a presentar una propuesta conjunta y que lo hiciesen pensando "no en un futuro cortoplacista sino en un futuro a largo plazo". "Una cosa es opinar y otra hacer balances a corto, medio y largo plazo. Eso tiene un poco más de dificultad y nadie lo está haciendo", aseguró.
Alberto Núñez intensificó sus advertencias a medida que fue agotando plazos y reuniones sin que los directivos de Caixa Galicia y Caixanova llegasen a un acuerdo. "Los directivos de las cajas tienen una enorme responsabilidad pero no olvidemos que no son los propietarios de las cajas, que son del conjunto del pueblo de Galicia", dijo el presidente de la Xunta cuatro días antes de reunir al presidente de Caixanova, Julio Fernández Gayoso, y al director general de Caixa Galicia, José Luis Méndez, para que le explicaran su punto de vista y si habían elaborado una propuesta conjunta.
"Las tres fuerzas políticas coincidimos en que Galicia debe mantenerse en el mapa financiero español". Con estas palabras anunció Feijóo el acuerdo que hace una semanas alcanzó con la oposición para mantener la galleguidad de las cajas gallegas y que se produjo dos días después de que el PP apoyase con su voto una propuesta del BNG para reformar la Lei de Caixas de Aforro para aumentar el control político sobre las entidades. Fue en medio de la semana de contactos que precedió al pronunciamiento de la Xunta a favor de la fusión y en la que el presidente forzó a los directivos de las entidades a negociar una alianza con los informes de la Xunta como aval. El Gobierno imprimía así un ritmo frenético al proceso que en verano parecía tan poco urgente.
Feijóo no consiguió el pasado día 2 que los directivos de las cajas gallegas hicieran suyos los informes de la Xunta, a favor de una fusión, y tuvo que ofrecer una salida a Caixanova, la llamada due diligence, una auditoría en la que una entidad externa (KPMG) avale que los datos que las cajas dieron a la Xunta son los buenos y que la unión es un proyecto viable. El presidente gallego compareció ante la prensa para confirmar que sí, que la Xunta quiere que Galicia tenga una sola caja de ahorros. "La fusión es viable desde el punto de vista técnico, económico y financiero", dijo Alberto Núñez, tras asegurar que vetaría cualquier intento de alianza entre cualquiera de las dos cajas y otras entidades no gallegas. El nuevo estudio que Feijóo justificó en la necesidad de "entrar en las cuestiones sobre las que las cajas sólo rinden cuentas ante el Banco de España".
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