MATÍAS VALLÉS | PALMA DE MALLORCA
Gabriel Cañellas Fons es un doble licenciado en Derecho y Económicas por Deusto, que en su apogeo gustaba de fotografiarse a lomos de un tractor Massey Ferguson y acentuar su físico de casa de aperos. Montado en la cabalgadura metálica gobernó imparable Baleares entre los años 1983 y 1995, con el programa de un PP nacionalista, que hablaba de España lo menos posible. Aznar lo entronizó primero como modelo de la forma en que gobernaría España, para desprenderse de él cuando fue imputado por recibir sobornos -confirmados penalmente, aunque prescritos- del Túnel de Sóller. Si Mariano Rajoy titubea para amonestar a Camps o Aguirre, su predecesor en la presidencia de los populares despachó a su virrey balear fumando un puro en un bautizo, la toma de aguas del bebé que nació en la clínica donde fue ingresado Aznar tras sufrir el atentado de ETA
Patriarca y padrone, la eurodiputada Rosa Estarás proclamaba ante tres mil personas que "Gabriel Cañellas es mi padre", y los consejeros del Govern se cuadraban al paso de su líder providencial. Sin embargo, Aznar se negó a que entorpeciera su camino a La Moncloa, consumado un año después de la expulsión -inmediatamente después de que el defenestrado obtuviera su primera mayoría absoluta-, y un año antes de que Cañellas se sentara por primera vez en el banquillo. Porque la noticia es que el payés de atrezzo ha vuelto, por lo civil y por lo penal, aunque el replicaría "¿es que me he ido alguna vez?". Había gobernado desde el silencio explícito, se afianzó cuando comprendió que sus más rendidos admiradores se encontraban entre sus rivales de la izquierda.
El único líder del PP balear estimado por sus militantes fundó Cañellas Consultors al abandonar el poder, y aprovechó su carisma entre los cargos conservadores para tejer una tupida red de influencias. Una parte sustancial de los grandes proyectos urbanísticos de la última década llevan su firma. La intimidad con Eugenio Hidalgo, el alcalde popular que ya acumula dos condenas por el caso Andratx, ha llevado de nuevo al ex president a un juzgado de Instrucción. Su fundación privada Illes Balears -creada en 1988 con la misma denominación que la comunidad que presidía, y que en pocos años acumuló un patrimonio de 1.100 millo- nes- fue generosamente regada con subvenciones del municipio costero, ahora en cuestión.
La Justicia vuelve a ensombrecer un momento radiante en la historia del cañellismo, cuando incluso había entonado un extenso mea culpa en torno a la corrupción de su partido. Fieramente humano, a Cañellas le producía vértigo que la vida siguiera sin su magisterio, por lo que pilotó el postcañellismo digitando a sus dos sucesores al frente del Govern, el fugaz Cristòfol Soler y el dilatado Jaume Matas, "el mayor error de mi vida". Tras las sucesivas crisis del PP balear -con un índice de corrupción sin parangón ni en las filas del mismo partido en otras comunidades-, el eterno president tutela al farmacéutico José Ramón Bauzá, el mirlo blanco que ensaya sus movimientos en la presidencia repasando los vídeos de Alberto Núñez Feijóo. La imputación ha chamuscado el padrinazgo, en un entorno conservador levantisco y tan distanciado de Génova como Valencia o Madrid.
El porte rural de Cañellas ocupa los antípodas de los Agag/Correa. Vuela en turista, algo que su sucesor Jaume Matas no aceptaría ni en sus peores momentos. La confusión entre lo público y lo privado, hasta hacerlos indistinguibles, no degeneraba durante sus mandatos en ostentación ni despilfarro, por lo que Baleares era la comunidad menos endeudada. Una finca o possessió mallorquina a corta distancia de Palma de Mallorca completa la coartada de su estampa de payés, a medio camino entre el retiro provisional de Elba y el definitivo de Santa Elena. Por fuerza ha de recibir con estupefacción su encausamiento, porque quedan para la posteridad las cartas en las que un tal Gabriel Cañellas -ciudadano privado y presidente incidental- solicita subvenciones para su fundación privada a una tal Maria Antónia Munar -a la sazón consejera de Cultura y socia de Govern, que ella atiende solícita y afirmativamente. Los políticos presuntamente corruptos no han entendido que la monumental crisis ha modificado las reglas del juego.
En una carambola inimaginable hace una década, Cañellas, Matas y Munar se hallan hoy imputados simultáneamente, por escándalos de corrupción tan diversos como recibir oscuras subvenciones, regalar terrenos públicos a un poderoso constructor o pagar en abundancia con billetes de 500 euros cuando se cobra la nómina por vía bancaria.
El trío citado acumula treinta años en las presidencias de Baleares y Mallorca, que durante el cañellismo acuñó el apodo de "Sicilia sin muertos". En una comunidad donde un político sin su preceptiva imputación se envuelve de un aura sospechosa, los tres líderes más representativos serán tratados con cortesía. La única razón para esposarlos sería evitar que se agredieran mutuamente.