PEDRO HERNÁNDEZ | LANZAROTE
Es una mujer pequeña, menuda, de apariencia débil, pero con una fortaleza tal que es muy difícil doblegarla por muchas adversidades u obstáculos que surjan en su camino. Aminatu Haidar, nacida en El Aaiún (Sáhara Occidental) el 24 de julio de 1967, era para el gran público una desconocida hasta hace casi cuatro semanas. Pero su deportación encubierta desde Marruecos a Lanzarote, la huelga de hambre que inició por ello hace 22 días y su empeño por volver a su casa y abrazar a sus dos hijos, Hayat, de 14 años, y Mahoma, de 12, ha traspasado fronteras, haciendo emerger a la primera línea de atención mundial el nunca resuelto conflicto saharaui.
Con su doble desafío a Marruecos y a España, Haidar coloca una lupa planetaria sobre un pueblo que reivindica desde hace tres décadas su lugar en el mundo. La actitud de Haidar empezó como un quebradero de cabeza para los responsables del aeropuerto lanzaroteño de Guacimeta, que la llegaron a denunciar por alterar el orden público para luego, con la presión de partidarios y medios, dejarla dormir en el interior del recinto. Pero ha desatado un conflicto diplomático de incalculables consecuencias para los gobiernos de España y Marruecos, que se agiganta a medida que la salud de Haidar se debilita por su contumaz huelga de hambre y su más reciente desafío, la negativa incluso a ser atendida por los médicos españoles.
La oportunidad no ha sido desaprovechada por el movimiento prosaharaui: la debilidad de Haidar y su proclamada voluntad de llegar hasta la muerte, si hace falta, deviene en una gigantesca operación de imagen a favor de la causa saharaui. La languidez de Haidar en Guacimeta está teniendo más resonancia que si la lucha de su pueblo se tratara en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Aminatu Haidar reside en el aeropuerto de Lanzarote desde el pasado 14 de noviembre, cuando las autoridades marroquíes le impidieron regresar a su domicilio y la mandaron al aeródromo de la isla conejera por poner en la ficha de control policial la palabra saharaui en el espacio correspondiente a su nacionalidad, la que ella siente y por la que es activista de los derechos de su pueblo, y no la marroquí que se le reclama en el pasaporte del reino alauí.
Haidar, como dicen quienes la conocen, no da fácilmente su brazo a torcer. Licenciada en Literatura Moderna, tiene un amplio historial como defensora de los derechos humanos de los saharauis. También por su activismo para conseguir que su pueblo, agrupado en la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) logre constituir un Estado que se le niega después del proceso de descolonización iniciado en 1976, pese a que Naciones Unidas ha intentando, sin éxito, que las diferentes misiones de la Minurso acaben con el sufrimiento de un pueblo que malvive su exilio en varios campos de refugiados en pleno desierto a la espera de algún día ser reconocidos como un nuevo Estado por la comunidad internacional cuando tenga lugar el anhelado referéndum.
La joven que parecía destinada a dar clases de literatura y llevar una vida de clase media en El Aaiún, tornó su destino a principios de la década de los años 80, cuando se incorporó a la resistencia pacífica tras observar cómo el dominio marroquí en el abandonado Sáhara Español era un yugo demasiado pesado de soportar por la represión que, según los testimonios saharauis, practican las autoridades marroquíes. En ese compromiso político y personal, Aminatu participó en noviembre de 1987 en la organización de una manifestación pacífica aprovechando la visita de una comisión técnica de la ONU al Sáhara Occidental. Con este acto se pretendía informar a Naciones Unidas de los problemas del pueblo saharaui.
Pero el propósito se quedó sólo en intento, ya que las autoridades marroquíes detuvieron a más de 400 personas, entre ellas a Aminatu, que fue enviada a una cárcel secreta durante casi cuatro años, aislada del mundo exterior y sin haber sido juzgada por ningún tribunal. Fue excarcelada el 19 de junio de 1991 y desde esa fecha su actividad no ha parado. Su lucha por que los saharauis tengan su propio Estado y se respeten los derechos humanos la ha llevado a numerosos foros internacionales, a organizar acciones para denunciar el sufrimiento del pueblo saharaui, pese a que Marruecos siempre ha intentado acallar su voz. Hay quien recuerda que no sólo ha sufrido amenazas verbales, sino que su débil cuerpo ha sido golpeado con dureza. Regresó a la cárcel durante siete meses, donde inició una huelga de hambre de 52 días junto a otros 37 presos políticos, hasta que fue liberada el 17 de junio de 2005.
Su perseverancia y compromiso le han hecho merecedora de varios premios internacionales de defensa de los derechos humanos como el Premio Libertad 2006, concedido en Washington, el Silver Rose Award, recibido del Parlamento Europeo en octubre de 2007 y este año el Premio al Valor Civil, otorgado por la fundación estadounidense John Trail Fundation. Fue tras recoger este último galardón, y después de participar en Gran Canaria en unas jornadas sobre derechos humanos, cuando trató de regresar a El Aaiún sin conseguirlo. Es el desafío de la mujer del desierto.