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SUSANA ARIZAGA | A CORUÑA -El PP está urgiendo que haya un fallo sobre la constitucionalidad o no del Estatuto de Cataluña. Usted se ha mostrado partidario de no poner tiempos límite para que el Tribunal Constitucional dicte sentencias.
-Una cosa es que no se puedan poner tiempos límite para las sentencias y otra cosa es que yo, como el resto de los españoles, lamente que se esté retrasando tanto esta sentencia. Pero sí es verdad que, si se está retrasando, no es por falta de laboriosidad ni por falta de talento de los miembros del Tribunal, sino porque se trata de un asunto difícil. Y desgraciadamente está tardando. Esperemos que ya no se alargue mucho más.
-¿Bajo su punto de vista el Estatut es constitucional?
-No sabría si es constitucional, plenamente constitucional o en parte constitucional hasta que lo diga el Tribunal, que es el que tiene la última palabra. Hasta entonces simplemente no tengo criterio. El juzgar sobre normas que tienen un gran contenido político o una gran trascendencia política conlleva inevitablemente a que ese juicio se haga desde las perspectivas ideológicas de cada cual, y que los distintos partidos políticos tengan una visión, una interpretación diferente de las normas, lo que provoca el litigio. Lamento mucho que el Tribunal Constitucional se encuentre en la situación actual, en el centro del debate político.
-¿Quizás está habiendo demasiada presión política sobre un órgano que se presume independiente y al que se debe dejar trabajar?
-Claro, es un órgano independiente, jurisdiccional, lo que ocurre es que como en nuestro sistema, que es poco común, las minorías parlamentarias tienen la posibilidad de interponer un recurso directo ante el Constitucional, eso provoca que inevitablemente el debate político parlamentario se traslade en sus propios términos a este Tribunal.
-¿Y eso es malo?
-Eso es malo.
-Usted fue uno de los redactores de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, ¿cómo se puede corregir?
-El sistema que se instaló en España es básicamente el alemán, en ese país existe el mismo tipo de recursos, lo que ocurre es que depende todo del uso que se haga de esa posibilidad. En Alemania ha sido mucho más circunspecto, mucho más parsimonioso que en España. Aquí, desde el primer momento no; ahora se ha acudido quizás con un exceso de ligereza al Tribunal Constitucional.
-¿Quizás sea reflejo de ese espíritu poco dialogante y respetuoso de los españoles?
-No, no creo que sea eso. Mire usted, la cultura jurídica y política de una sociedad es el resultado de un proceso de años y nosotros en 1978 carecíamos de experiencia, lo que sabíamos de derecho constitucional lo sabíamos por los libros y no teníamos una experiencia directa para apreciar qué instituciones nos convenían plenamente y cuáles no, tomamos lo que mejor nos parecía del extranjero. La Constitución alemana sirvió en muchos casos de modelo a la española.
-Parece que todavía falta para que el espíritu democrático cale entre los españoles...
-Estás empeñada en hacerme decir una cosa que yo no digo. No. Una cosa es el espíritu democrático, que yo creo que está presente en España; y otra la cultura democrática, que es algo diferente y sobre lo que se podría discutir. Eso no es cuestión de espíritu, sino de cultura.
-O sea, que de lo que aún carece la sociedad española es de cultura democrática.
-Yo creo que nuestra cultura democrática todavía es insuficiente.
-Hace poco ha dicho que si esa sentencia no existe todavía no es por desidia del Tribunal Constitucional, sino porque, como decía antes, es un asunto ...
-Muy polémico en términos políticos, muy difícil, entonces es lógico que la discusión se haya alargado mucho, lo que no quiere decir que ésto no sea lamentable.
-Usted ha dicho que al Tribunal Constitucional se le confiere un carácter de tercera cámara y que eso no es positivo.
-Eso es malo, claro. Me ratifico en lo dicho. No debe tener ese carácter. Eso no quiere decir que sus decisiones no tengan que tener una trascendencia política, que en cualquier sitio las tienen. Pero piense usted, por ejemplo, en el modelo de la Corte Suprema de Estados Unidos, que es el tribunal más importante de los que controla la constitucionalidad de las leyes, y no conoce nunca de recursos directos. Son siempre recursos contra la decisión de un juez que una parte en litigio considera anticonstitucional. Pero nunca un órgano, es distinto.
-¿Cree que la Constitución española es inamovible?
-No, debería reformarse. Dejo de lado el tema de la organización territorial del poder, que es muy difícil; y hay artículos que reformar, piensa en la preferencia del varón sobre la hembra en la sucesión a la corona; en el voto de los inmigrantes en las elecciones municipales que está sujeto a una condición de reciprocidad que carece de sentido en los momentos actuales.
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