SELINA OTERO | A CORUÑA
"No se contempla otro escenario que el acuerdo". Con esta rotundidad arranca José Blanco, ministro de Fomento, el nuevo reto que le ha encomendado el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, al incluirlo en la comisión gubernamental para gestionar la crisis económica en España. Con esta elección, el político lucense se consolida como el cerebro del partido y del Ejecutivo en Madrid.
Respetado, temido, intuitivo y con un gran olfato político para dialogar, negociar, convencer y firmar acuerdos sin que le tiemble la mano. Fue el artífice del triunfo de Zapatero, apostando por él como candidato a la Secretaría general del PSOE desde el grupo Nueva Vía en 2000, lo que marcó el inicio de una nueva era de fortaleza para el PSOE. Desde entonces es la mano derecha del presidente, confesor y confidente, y en Madrid lo consideran el amo de Ferraz.
La carrera, el reconocimiento y el ascenso político de este negociador nato, natural de Palas de Rei (Lugo) y vinculado activamente al socialismo desde los 16 años, pueden definirse con un sólo adjetivo: fulgurante. Se ha convertido en el hombre fuerte del partido y en el hombre fuerte del presidente, al que moldea día a día con sus continuos consejos. No es casualidad que sea José Blanco el que aparece en las fotos pegado a Rodríguez Zapatero en las buenas y en las malas: levantando su brazo como símbolo de éxito en las últimas elecciones, después de currarse en primera persona la campaña, o de copiloto en situaciones complicadas y arriesgadas, como en la reciente comparecencia para presentar en público el plan de austeridad del Gobierno.
Su naturaleza de hombre político, cita aristotélica que evocan los que le conocen para definir su capacidad de liderazgo y negociador, le llevó a abandonar la carrera de Derecho para entregarse a su partido en Lugo. De secretario de organización pasó a vicesecretario general del PSOE y, de la mano de Zapatero, el cargo que ha multiplicado su visibilidad en el ámbito nacional le ha llegado con la cartera de Fomento, tomando el relevo de la polémica gestión de Magdalena Álvarez al frente del Ministerio con mayor presupuesto. El presidente destacó en el acto de investidura (abril de 2009) de su hombre de confianza "su gran capacidad de gestión". Los cronistas políticos insisten en su carisma: "Aplica toneladas de intuición, talento y demuestra una gran cintura política. Capacidad de hacer y de gestionar". Aunque todavía no ha celebrado su primer cumpleaños como titular de Fomento ya es uno de los ministros más valorados del equipo de Gobierno.
A los pocos días de aterrizar en el departamento de las infraestructuras, del AVE, los aeropuertos, los puertos o el Salvamento, Blanco se reunió con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Dicho encuentro sirvió de reconciliación entre el Gobierno y la Comunidad madrileña, al desbloquear, en una sola cita, los proyectos que llevaban cinco años paralizados. Fue un gesto inicial que sin duda sentaba un precedente en la manera de hacer política, así lo ven varios diputados socialistas en el Congreso de los Diputados. El impulso a las obras del tren de alta velocidad es otro de los logros que se le atribuyen al político gallego. El pasado mes de julio, Blanco firmó junto al presidente de la Comunitat Valenciana, Francisco Camps, una inversión de más de 4.300 millones de euros para que el AVE llegue a Valencia en 2010.
El empujón a las infraestructuras de la alta velocidad también se hizo notar en Galicia, con el compromiso de contar con el tren que unirá Santiago con Madrid en tres horas en 2015. Así lo acordaron Blanco y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, el pasado verano en el llamado Pacto del Obradoiro. "El pacto ha funcionado, es útil y se ha cumplido", aseguró el presidente gallego este mes en Madrid, en una comisión de seguimiento en la que ratificaron el cumplimiento de inversiones y plazos.
La cara más dura, con mano izquierda y firme para sacarla adelanto, quizás haya sido la rebaja de los sueldos de los controladores aéreos vía decreto. "No es tolerable que una empresa pública pague sueldos millonarios mientras el país sufre una crisis económica", argumentó públicamente. Ayer mismo anunciaba que introduciría "criterios de austeridad" en la obra pública.
"Voy a tratar de hacer infraestructuras más baratas y no viaductos que parezcan obras de arte", aseguró en su afán de equilibrar progreso y gastos. Esta semana, la prensa nacional se hizo eco de la figura de Blanco como el "hombre fuerte del Gobierno". Zapatero tira de él en los momentos más críticos. Así lo ha hecho al integrarlo en la comisión gubernamental que tratará de gestionar la crisis económica. El presidente "levantó la cabeza" y para ello necesitaba un realce: Pepe Blanco. En el hemiciclo ya no le llaman Pepiño, su nombre de guerra en la política gallega. Ahora es Don José.